jueves, 21 de abril de 2011

INVIERNO Y POLITICA: COLUMNA DE OPINIÓN EN EL ESPECTADOR

http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-264540-invierno-y-politica

Opinión |20 Abr 2011 - 11:11 pm

Rodolfo Arango

Invierno y política

Por: Rodolfo Arango

EL MONSTRUO DEL INVIERNO RUGE Y arrasa las precarias viviendas de las gentes pobres sumiéndolas en la miseria.


El presidente Santos se apresura a llamar a la ola invernal en ciernes “la mayor tragedia natural de la historia del país”. Su capacidad poética lo llevó a afirmar en su reciente visita a Manizales que las montañas de Colombia “se están derritiendo”, para luego sostener que la situación “rebasa la capacidad del Estado”.
Una forma común de eludir la responsabilidad por la forma de gobernar es atribuir a la naturaleza los efectos de las actuaciones u omisiones políticas. El presidente Santos no es nuevo en el escenario. En 2001 lideró la reforma constitucional para frenar las transferencias y la descentralización, con el consecuente debilitamiento de la educación pública en las regiones, todo basado en razones de orden fiscal. La misma terapia que ahora pretende aplicar a nivel nacional. La visión fiscalista primó sobre el fortalecimiento del papel de los entes territoriales en el saneamiento ambiental y en la erradicación de la pobreza. El centralismo paternalista del entonces ministro de Hacienda desperdició la oportunidad de educar en la responsabilidad a las autoridades locales y regionales por el manejo de los crecientes recursos de las transferencias, como lo había concebido la Constitución de 1991.
El filósofo del derecho Ernesto Garzón Valdés, víctima de la dictadura argentina radicado en Alemania, llama la atención en su libro Calamidades, sobre la tendencia de atribuir a la naturaleza las consecuencias de la corrupción, las equivocaciones políticas y el desgobierno. Advierte que es común tildar de “tragedias” o “catástrofes” a fenómenos que con una acertada intervención previa del poder público habrían podido ser evitados.
Tantos años de olvido del campo; de sustracción de recursos a la educación pública rural; de carta blanca a los ganaderos y madereros para arrasar las selvas; de destrucción de las cuencas hidrográficas por colonos; de fumigaciones; de falta de planeación y desarrollo sostenible en un ambiente geográfico, geológico e hidrográfico complejo y desafiante como el colombiano. ¡Y los responsables políticos se lavan las manos con golpes de pecho y rezos a la virgen María!
No es gratuito que el presidente Santos tenga como embajador en Perú a Jorge Visbal Martelo, ganadero investigado por vínculos con paramilitares. Gran parte de los ganaderos y los mineros, los paramilitares, la guerrilla y los narcotraficantes, junto con políticos oportunistas y ambiciosos, son los responsables de la devastación de los bosques, de las cuencas de los ríos y de la exclusión social que lleva a los pobres a asentarte en las zonas más amenazadas por las crecientes sin cauce o en las faldas de las montañas deforestadas. La dirigencia política insiste en atribuir a hechos naturales las calamidades del invierno. Su pensamiento religioso es funcional a la evasión de la responsabilidad por un modelo de desarrollo extractivo y de explotación intensiva de la tierra y del subsuelo, en un contexto de autoridades de inspección y vigilancia venales o inexistentes.
Qué diferentes serían las cosas para Colombia si tuviéramos gobiernos verdes. ¡Pero verdaderamente verdes! Gobiernos que tuvieran al frente de sus carteras de Educación y Medio Ambiente no a personas inexpertas y ambiciosas sino a académicas y científicas, con títulos indiscutibles, impecable recorrido público y amplia experiencia en su campo como Guillermo Páramo, José Fernando Isaza, Ernesto Guhl o Manuel Rodríguez. Si así fueran las cosas tal vez no tendríamos que rezar tanto por las desgracias “naturales” que se avecinan para el país en las próximas décadas y quizás generaciones.

domingo, 10 de abril de 2011

CRÍMENES ECONÓMICOS CONTRA LA HUMANIDAD, ARTÍCULO EN EL PAÍS DE ESPAÑA

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Columna en El País-Madrid
LOURDES BENERÍA / CARMEN SARASÚA 29/03/2011
29 de marzo de 2011

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil".

Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.

Solo Islandia persiguió penalmente a los responsables de la crisis y dejó que sus bancos se hundieran

Los Gobiernos protegen a quienes han provocado la crisis

Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo.

Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo.

A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este.

Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.

En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella.

La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable.

Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.

En un artículo publicado en Businessweek el 20 de marzo de 2009 con el título "Wall Street's economic crimes against humanity", Shoshana Zuboff, antigua profesora de la Harvard Business School, sostenía que el que los responsables de la crisis nieguen las consecuencias de sus acciones demuestra "la banalidad del mal" y el "narcisismo institucionalizado" en nuestras sociedades.

Es una muestra de la falta de responsabilidad y de la "distancia emocional" con que han acumulado sumas millonarias quienes ahora niegan cualquier relación con el daño provocado.

Culpar solo al sistema no es aceptable, argumentaba Zuboff, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis solo a las ideas, y no a quienes los cometieron.

Culpar a los mercados es efectivamente quedarse en la superficie del problema. Hay responsables, y son personas e instituciones concretas: son quienes defendieron la liberalización sin control de los mercados financieros; los ejecutivos y empresas que se beneficiaron de los excesos del mercado durante el boom financiero; quienes permitieron sus prácticas y quienes les permiten ahora salir indemnes y robustecidos, con más dinero público, a cambio de nada.

Empresas como Lehman Brothers o Goldman Sachs, bancos que permitieron la proliferación de créditos basura, auditoras que supuestamente garantizaban las cuentas de las empresas, y gente como Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal norteamericana durante los Gobiernos de Bush y Clinton, opositor a ultranza a la regulación de los mercados financieros.

face="Arial" size="5"La Comisión del Congreso norteamericano sobre los orígenes de la crisis ha sido esclarecedora en este sentido. Creada por el presidente Obama en 2009 para investigar las acciones ilegales o criminales de la industria financiera, ha entrevistado a más de 700 expertos.

Su informe, hecho público el pasado enero, concluye que la crisis se hubiera podido evitar. Señala fallos en los sistemas de regulación y supervisión financiera del Gobierno y de las empresas, en las prácticas contables y auditoras y en la transparencia en los negocios.

face="Arial" size="5"La Comisión investigó el papel directo de algunos gigantes de Wall Street en el desastre financiero, por ejemplo en el mercado de subprimes, y el de las agencias encargadas del ranking de bonos. Es importante entender los distintos grados de responsabilidad de cada actor de este drama, pero no es admisible la sensación de impunidad sin "responsables".

En cuanto a las víctimas de los crímenes económicos, en España un 20% de desempleo desde hace más de dos años significa un enorme coste económico y humano. Miles de familias sufren las consecuencias de haber creído que pagarían hipotecas con sueldos mileuristas: 90.000 ejecuciones hipotecarias en 2009 y 180.000 en 2010.

En EE UU, la tasa de paro es la mitad de la española, pero supone unos 26 millones de parados, lo cual implica un tremendo aumento de la pobreza en uno de los países más ricos del mundo. Según la Comisión sobre la Crisis Financiera, más de cuatro millones de familias han perdido sus casas, y cuatro millones y medio están en procesos de desahucio.

Once billones de dólares de "riqueza familiar" han "desaparecido" al desvalorizarse sus patrimonios, incluyendo casas, pensiones y ahorros.

Otra consecuencia de la crisis es su efecto sobre los precios de alimentos y otras materias primas básicas, sectores hacia los que los especuladores están desviando sus capitales. El resultado es la inflación de sus precios y el aumento aún mayor de la pobreza.

En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.

Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas.

No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado.

Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.

De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos.

Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política.

Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.

sábado, 9 de abril de 2011

"La neurótica seguridad presidencial norteamericana": Leonardo Boff, en El País de Costa Rica

 http://elpais.cr/articulos.php?id=44155

La neurótica seguridad presidencial norteamericana

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 09/04/2011
Muchos de nosotros hemos conocido lo que significó la ideología de la seguridad nacional bajo las dictaduras militares en América Latina. La seguridad del Estado era el valor primero. En realidad se trataba de la seguridad del capital para que éste continuase con sus negocios y con su lógica de acumulación, más que propiamente de la seguridad del Estado. Esta ideología, en el fondo, partía del supuesto de que todo ciudadano es un subversivo real o potencial. Por eso, debía ser vigilado y eventualmente preso, interrogado y, si se resistía, torturado, a veces hasta la muerte. De este modo, se rompían los lazos de confianza sin los cuales la sociedad pierde su sentido. Se vivía bajo un pesado manto de desconfianza y de miedo.
Digo todo esto a propósito del aparato de seguridad que rodeó la visita del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a Brasil. Ahí funcionó en pleno la ideología de la seguridad, no nacional, sino presidencial. No se tuvo confianza en la capacidad de los organismos brasileros para garantizar la seguridad del presidente. Le acompañó todo el aparato de seguridad estadounidense. Vinieron inmensos helicópteros de tamaño tan monstruoso que había pocos lugares donde podían aterrizar, limusinas blindadas, soldados revestidos con tantos aparatos tecnológicos que más parecían máquinas de matar que personas humanas. Tiradores especiales colocados en los tejados y en lugares estratégicos junto con el personal de inteligencia. Cada rincón por donde pasaría la «corte imperial», las calles vecinas, casas y comercios fueron vigilados y revisados. Por razones de seguridad, fue cancelado el discurso que iba a dar al público en el centro de Río, en Cinelandia. Las personas invitadas a oír su discurso en el Teatro Nacional tuvieron que pasar antes por una minuciosa revisión.
¿Qué revela semejante escenario? Que estamos en un mundo enfermo e inhumano. Antes se tenía miedo de las fuerzas de la naturaleza, ante las cuales no teníamos mucha defensa, de demonios amenazadores o de dioses vengativos. Hoy tenemos miedo de nosotros mismos, de las armas de destrucción masiva, de las guerras de grandísima destrucción que algunos países centrales llevan a cabo. Tenemos miedo de los asaltos en la calle. Tenemos miedo de subir a los montes donde viven las comunidades pobres. Tenemos miedo hasta de los niños de la calle que nos pueden amenazar.
¿De qué no tenemos miedo?
Ya los clásicos enseñaban que las leyes, la organización del Estado y el orden público existen fundamentalmente para liberarnos del miedo y poder convivir pacíficamente.
Formalizando el pensamiento podemos, en primer lugar, decir que el miedo pertenece a nuestra existencia. Hay cuatro miedos fundamentales: el miedo a que nos quiten la individualidad y nos hagan dependientes o un mero número; el miedo a que nos corten las relaciones y nos castiguen a la soledad y al aislamiento; el miedo ante cambios que pueden afectar la profesión, la salud, y al límite, la propia vida; el miedo ante realidades inevitables y definitivas como la muerte. La forma como nos enfrentamos a estos miedos existenciales marca nuestro proceso de individuación. Si lo hacemos con valor, superando dificultades, crecemos. Si huimos y tratamos de evitarlos, acabamos debilitados y hasta avergonzados.
A pesar de toda nuestra ciencia que nos crea la ilusión de omnipotencia, volvemos a tener miedo de la Tierra y de sus fuerzas. ¿Quién controla el choque de las placas tectónicas? ¿Quién detiene un terremoto y frena un tsunami? No somos nada ante tales energías incontrolables, agravadas por el calentamiento global.
El miedo, pues, forma parte de nuestra condición humana. Se transforma en patología y neurosis cuando se busca evitarlo de tal forma que trastorna toda una realidad social y hace del espacio una especie de campo de batalla, tal como fue montado por las fuerzas de seguridad estadounidenses. Si un presidente visita un país y a su pueblo, debe asumir los riesgos que forman parte de la vida. En caso contrario, las autoridades de ambos lados mejor harían reuniéndose en un barco en alta mar, a salvo de miedos y peligros. Las estrategias de seguridad solamente revelan en qué mundo vivimos: el ser humano tiene miedo de los otros seres humanos. Somos rehenes del miedo y, por eso, sin libertad y sin alegría de vivir y de recibir a un visitante.
(*) Teólogo

martes, 22 de marzo de 2011

SOBRE TWITTER Y LA SUPERFICIALIDAD EN LA ARGUMENTACIÓN POLÍTICA, ARTÍCULO EN SEMANA

http://www.semana.com/noticias-opinion/twitter-fin-argumentacion-politica/153700.aspx

 

Twitter, el fin de la argumentación política

Por Juan Diego Restrepo E. *
Es un nuevo espacio comunicativo a través del cual se expresan los candidatos y le “hablan” a sus simpatizantes. He leído varios y en verdad poco aportan. 
 
Martes 22 Marzo 2011
 

La argumentación política ha caído en el terreno de la superficialidad gracias a Twitter. Así lo demuestran los mensajes que fluyen constantemente de ese nuevo dispositivo, a través del cual gobernantes y políticos simulan tener una “comunicación” fluida con sus gobernados y adeptos.

¿Cómo es posible que el Presidente de Colombia recurra a este dispositivo para “explicarle” a través de 140 caracteres a sus copartidarios del Partido de la U qué quería decir cuando expresó que el Partido Liberal era “su partido”? Lo que revela este episodio es la debilidad del sistema partidista colombiano y la frivolidad con la que se afronta.
¿Se imaginan al presidente Barack Obama diciéndole al Partido Republicano que “es su partido” y luego explicándoles a los demócratas y los estadounidenses a través de Twitter lo que quiso decir? Políticamente, el asunto no es tan insustancial como parece.

El uso político de este mecanismo de remisión de mensajes cortos raya, con frecuencia, en el ridículo. Ejemplo de ello lo representa Germán Vargas Lleras, quien, ante la eventualidad de los posibles efectos en las costas del Pacífico colombiano del tsunami ocurrido en Japón, envió el 11 de marzo pasado “un trino” a los pobladores de esa región del país: “A los amigos de la costa pacífica. Estar alerta por Tsunami. Llega 7 pm. Altura de la ola se estima en no más de 50 cms.”.

¿Puede alguien establecer cuántos pobladores de las costas del Pacífico colombiano recibieron el mensaje del Ministro del Interior y Justicia? ¿Puede precisar cuántos ciudadanos de las costas de Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó, considerada una de las más pobres del país, tienen acceso a este dispositivo? ¿Y aquellos que lo tienen, siguen al funcionario y recepcionan sus mensajes?

Asimismo, es importante referenciar la asidua proliferación de “mensajes” enviados por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez. En este caso, no sólo aplica la completa ausencia de argumentación, sino el uso camorrista de la herramienta contra todos sus contradictores. Es más un espacio de bronca virtual que le garantiza una constante exposición en unos medios de información ávidos de noticias sensacionalistas.

Algunas campañas políticas que trabajan para las elecciones locales y regionales de octubre próximo, también están recurriendo al Twitter para “narrar” su trabajo. Es un nuevo espacio comunicativo a través del cual se expresan los candidatos y le “hablan” a sus simpatizantes. He leído varios y en verdad poco aportan. Más parece una práctica esnobista, para estar a tono con la supuesta realidad tecnológica. Ya imagino la gran cantidad de noticias políticas que se desprenderán del Twiter en los próximos meses. Habrá mucho “trino” y poca argumentación.

El uso de estas nuevas herramientas de comunicación crea un escenario de ficción, donde se asume que todos estamos interconectados, todos recepcionamos información y todos tenemos los dispositivos electrónicos para estar en red. No obstante, la realidad demuestra lo contrario: ni todos estamos interconectados, ni todos recepcionamos información frenéticamente, ni todos poseemos los dispositivos para articularlos a la red. Las razones son varias: unos por desinterés, otros por desconocimiento y la mayoría por insuperable limitación económica.

Quienes se sumergen en esa ficción virtual se olvidan que vivimos en un país de mayorías pobres, donde el consumo tecnológico no es prioritario o una posibilidad entre millones de colombianos que carecen de los más elementales derechos, como acceso a la alimentación, el trabajo, la salud, la educación y la vivienda. ¿A ellos les “hablan” los gobernantes y políticos a través de Twitter?

Los debates políticos que genera el uso de Twitter hacen parte de las discusiones sobre el desarrollo de las nuevas herramientas de la comunicación que de tanto en tanto se dan en el mundo. Lo que hoy se plantea sobre Twitter y sus efectos en los destinatarios de los mensajes, evoca las controversias sobre la televisión y su relación con la política durante la segunda mitad del siglo XX.

Diversos teóricos centraron sus estudios y debates en la influencia de este medio audiovisual sobre la política y los receptores. Al reflexionar sobre el tema, el filósofo francés Pierre Bordieau dijo que “la pantalla televisiva se convirtió hoy en una especie de espejo de Narciso, un lugar de exhibición narcisista”, en el cual los políticos ocupaban un lugar central. Pero no todos, pues en determinadas ocasiones su visualización estaba más relacionada con el concepto de “buen registro”, es decir, en el de la apariencia física ideal, que con el de la capacidad argumentativa.

Hoy el debate regresa, pero esta vez sobre Twitter. Al igual que la televisión, elimina la disposición argumentativa del político y dada la condición de virtualidad elimina la apariencia física como factor mediatizador, pero centra su atención en dos aspectos centrales: la importancia del emisor para la agenda de los medios de información y la cantidad de seguidores que tenga su cuenta. De hecho, en los espacios informativos se difunden con frecuencia notas periodísticas alusivas a este dispositivo y su relación con los “famosos”. Twitter es el nuevo termómetro de Narciso.

La escritora australiana Germaine Greer escribió que “en la era de la información, la invisibilidad es sinónimo de muerte”. Muchos gobernantes y políticos así lo creen y encontraron en Twitter un dispositivo ideal para sus fines, por eso se dedican a “trinar” varias veces al día, con mensajes andinos y fútiles. El hecho es estar ahí, aparecer, mostrarse, día a día, sin descanso. Narciso no ya en la pantalla de un televisor, sino en la de un Blackberry.


(*) Periodista y docente universitario

lunes, 21 de marzo de 2011

De la justicia, en El Colombiano

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/D/de_la_justicia/de_la_justicia.asp?CodSeccion=219

 

De la justicia

Jorge Giraldo Ramírez | Medellín | Publicado el 21 de marzo de 2011
Siendo joven para morir -y más joven aún para ser filósofo- el pensador Chaïm Perelman (1912-1984) escribió un pequeño ensayo titulado " De la justicia ".

Fue publicado en formato de libro y la edición española más reciente fue hecha en México hace casi 50 años y ocupa apenas 80 páginas.

Perelman -quien nació en Polonia y se hizo después ciudadano belga- afirma que la justicia es una noción que tiene mucho prestigio y que se trata de un término que entraña fuertes emociones. Sin embargo, para él, la justicia también es una noción confusa. De hecho, su trabajo se despliega analizando seis maneras distintas de entender la justicia. Por supuesto, allí hay un problema terrible. Cuando se habla de justicia se percuten en la sociedad y las personas sentimientos y reacciones muy profundas, que suelen tornarse problemáticas, ya que al hablar de justicia muchas veces entendemos cosas distintas.

Esta antigua dificultad de la noción de justicia se ha querido subsanar modernamente con el predominio de la llamada "justicia formal", es decir, en la observación rigurosa de la regla y la igualdad de tratamiento a las personas semejantes. Pero Perelman cree que esta solución es apenas parcial porque normalmente las reglas están vinculadas con un sistema de valores, y los sistemas de valores tienen principios injustificados y algunos elementos arbitrarios.

En virtud de estas conclusiones, Perelman llega a la conclusión de que es inevitable que existan elementos de arbitrariedad en todo sistema judicial o, para decirlo en sus propias palabras, que "no hay justicia perfecta y necesaria". Por lo tanto, la famosa máxima de "hágase justicia, aunque perezca el mundo" es inmoral. Si no hay justicia perfecta, si siempre hay elementos arbitrarios e injustificados en los sistemas legales, no puede llegarse a una conclusión tan radical.

De esta manera, Perelman se opone a una concepción del mundo basada exclusivamente en el valor de la justicia y su operacionalización a través del sistema legal y de los tribunales. Un reino sólo justo sería curiosamente un reino lleno de arbitrariedades y de medidas insostenibles racional o argumentativamente. Da a entender que el " pereat mundus, fiat justitia " sería un lema que hoy llamaríamos fundamentalista, por más que el divino Kant lo haya recogido en su " Paz perpetua ".

Llegados a este punto, parecemos en un callejón sin salida. Perelman propone una solución: es necesario que el sistema legal se impregne "con valores más inmediatos y más espontáneos". La página y media de su maravillosa conclusión en este ensayo termina con esta frase: "Todo sistema de justicia debería no perder de vista su propia imperfección y concluir que una justicia imperfecta, sin caridad no es justicia".

El ensayo está datado el 1 de agosto de 1944. Perelman era judío, ya se tenían noticias del genocidio nazi y se escuchaban las voces de la venganza en forma de tribunales y organización de cacerías para los responsables. Pero Chaïm Perelman -el fundador de la nueva retórica y autor de la ya clásica " Teoría de la argumentación "- estaba llamando a tener consideraciones de caridad, a no olvidar los valores sin los cuales cualquier sistema legal puede ser simplemente un instrumento de enriquecimiento, de venganza o de instrumentalización política.

domingo, 27 de febrero de 2011

MEDIO PAN Y UN LIBRO: FEDERICO GARCÍA LORCA


http://red-latina-sin-fronteras.lacoctelera.net/post/2010/09/14/federico-garcia-lorca-medio-pan-y-libro

Federico García Lorca: Medio pan y un libro...

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre', piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor', y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!' Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura'. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

domingo, 6 de febrero de 2011

LAS "LOCURAS" DE CHÁVEZ, SEGÚN José Steinsleger EN LA JORNADA, DE MÉXICO

http://www.jornada.unam.mx/2010/12/22/index.php?section=opinion&article=021a1pol


"Ah... ¡Qué Chávez!
José Steinsleger
A 12 años del inicio de la revolución bolivariana, dibujemos algunas palomitas que dan cuenta de la "preocupante orientación estatista" de ésta. Aclaración pertinente: los datos que siguen a continuación no provienen de Wikileaks.

Economía y finanzas

1. Liberación del país del Fondo Monetario Internacional. 2. Aumento de las reservas internacionales. 3. Disminución de la deuda pública de 47.5 a 25 puntos (2003-2006). 4. Eliminación del impuesto al débito bancario. 5. Creación de tres grandes bancos: del Tesoro, de Desarrollo y del Sur.

Petróleo

6. Recuperación de la industria petrolera. 7. Recuperación de la OPEP como organización defensora de los precios del petróleo, y creación de Petrosur. 8. Liberación de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) de la comisión de valores de Estados Unidos, pagando la deuda correspondiente (26 mil millones de dólares). 9. Aumento de las reservas con la recuperación de la franja del Orinoco.

Agricultura y producción

10. Rescate de tierras para la agricultura y entrega de tierra a campesinos. 11. Diversificación de la producción. Creación de fábricas como la de tractores, bicicletas y automóviles, así como cemento en asociación con Irán.

Salud

12. Creación de un nuevo Servicio Nacional de Salud (Misión Barrio Adentro). 13. Dotación de hospitales con incubadoras y equipos sofisticados. 14. Construcción del Cardiológico infantil. 15. Millares de personas que han recuperado la vista (Misión Milagro). 16. Disminución de la mortalidad infantil en 27 por ciento. 17. Aumento en la esperanza de vida a 73.18 años. 18. Construcción de la primera Clínica Popular Indígena en Apure, y extensa red de 10 ambulatorios para los indígenas.

Mujer

19. Creación de Inamujer. 20. Creación del programa Simoncito (atención a los niños desde antes de nacer). 21. Extensión del periodo de lactancia materna que obliga a los empleadores a darle más semanas a las madres trabajadoras. 22. Apoyo a 200 mil madres con dificultades económicas (Misión Madres del Barrio).

Educación

23. Universidad Bolivariana en todos los estados (más de 800 técnicos superiores graduados), y Universidad del Deporte, en Cojedes. 24. Apertura de estudios de bachillerato para miles de personas. Más de 200 mil bachilleres graduados (Misión Ribas). 25. Alfabetización de más de millón y medio de personas, por lo cual la UNESCO declaró al país libre de analfabetismo. 26. Recuperación de más de 10 mil planteles educativos. 27. Creación de 58 mil 236 nuevas escuelas. 28. Creación de 255 escuelas técnicas donde estudian 203 mil alumnos. La meta es llegar a 500 escuelas técnicas para 500 mil alumnos. 29. Edición de más de 50 millones de libros de distribución gratuita para elevar el nivel cultural del pueblo. 30. Dotación a las bibliotecas públicas del país. 31. Recuperación de más de 100 mil planteles educativos. 32. Creación de más de 6 mil escuelas bolivarianas y 75 mil bibliotecas de aula. 33. Pago de todos los pasivos de los maestros y aumento sustancial de sueldo. 34. Eliminación de cobro de matrículas en los colegios del Estado.

Pobreza, trabajo y vivienda

35. Disminución de la pobreza crítica de 80 a 30 por ciento (1998-2007). 36. Atención a cientos de personas y niños de calle (Misión Negra Hipólita). 37. Red de Casas de Alimentación para personas en necesidad. 38. Declaración de inamovilidad laboral, para impedir despidos. 39. Programa de sustitución de ranchos por viviendas. 40. Con prestaciones, el salario mínimo del trabajador venezolano asciende a 638 dólares mensuales (8 mil pesos mexicanos).

Servicios

41. Aumento del número de personas que hoy tienen agua potable y electricidad. 42. Creación de los Distritos Sociales de PDVSA para asistir a cientos de comunidades en el país. 43. Plan nacional de gasificación (gas directo para todas las comunidades).

Comunicación

44. Creación de Telesur y la Agencia Bolivariana de Noticias (ABN). 45. Aprobación de la ley de responsabilidad social en radio y televisión. 46. Puesta en órbita del satélite Simón Bolívar, para el desarrollo de telemedicina, teleducación y la independencia de información.

Medio ambiente

47. Aumento de 6 mil 700 aves de la población de flamencos del Caribe, especie amenazada de extinción. 48. Siembra de 20 millones de árboles desde 2006 (Misión Árbol).

Seguridad

49. Aumento del número de afiliados al Seguro Social, y de las pensiones a los ancianos. 50. Pago de todas las deudas con profesores, médicos y jubilados. 51. Jubilación a maestros de las escuelas católicas Fe y Alegría, que en 50 años no habían recibido jubilación y aguinaldos. 52. Construcción de ciudades penitenciarias a fin de resolver la problemática de las cárceles.

Fuerzas armadas

53. Independización de las Fuerzas Armadas de la influencia de la Escuela de las Américas. 54. Salida de técnicos yanquis que realizaban espionaje en los cuarteles y diversificación de mercados para abastecerse de armas.

Integración

55. Ingreso al Mercosur. 56. Creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) como alternativa del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Política

57. Elevación de la autoestima de los venezolanos. 58. Establecimiento de la soberanía del país. 59. Enaltecimiento de la historia de luchas populares y nacionales. 60. Democracia efectiva".
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* José Steinsleger es escritor y periodista. Miembro fundador de la
Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP, 1976), de la Agencia
Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (ALASEI-UNESCO,
1984) y del movimiento “En defensa de la humanidad” (México, 2003).
Desde 1996 mantiene una columna fija en el periódico mexicano La
Jornada. Autor y co-autor de algunos libros sobre la coyuntura
política de Latinoamericana.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ SOY LIBERAL?

Quiero hablar un poco sobre el sentido de la militancia liberal. sobre el sentido del ser liberal, de esta lucha desde las trincheras del Partido Liberal.

Sin temor a equivocarme, soy liberal y así lo siento, no como un concepto de militancia ciega sino por el profundo significado filosófico e histórico que entraña. La libertad como fundamento, el respeto por la diferencia, la inclusión, la búsqueda de condiciones de existencia dignas para nuestra sociedad, el anhelo sincero de un mundo mejor, más justo, más digno, más amable, la conciencia de que si profundizamos en la democracia real, tendremos un horizonte más despejado hacia la conquista de estos nobles ideales.

Democracia real, profunda, con todo lo que ello implica. Democracia que no se quede en el ejercicio electoral ni en el discurso ni en la forma. Democracia que reivindique la participación de manera tal que las comunidades organizadas a través de sus organizaciones sociales cualifiquen los liderazgos que tendrán su vocería en las corporaciones públicas y en el ejercicio del gobierno local, regional y nacional propiamente dicho.

Democracia que reivindique un ejercicio del gobierno en el que las políticas públicas trasciendan el discurso promesero y con total transparencia se asuma la solución de los problemas que afronta la realidad social que se busca intervenir, en un diálogo constante con la base social, la comunidad organizada, desde el diagnóstico, la planeación y la ejecución de las propuestas de gobierno.

Democracia real que atienda las necesidades de las comunidades y que las convierta en protagonistas de sus propias soluciones, con apoyo decidido que a su vez supere el paternalismo enfermizo que castra en las gentes sus posibilidades de desarrollo y les niega dignidad. Soy liberal porque creo en el ser humano, en sus posibilidades para que reunidos superemos los azares del presente y les entreguemos a quienes vendrán luego, un mundo más justo, más digno, más amable, y así regreso al comienzo de mi disertación.

Soy liberal porque creo que debemos fortalecer la participación desde las organizaciones sociales para que desde allí se formen individuos honestos, solidarios y sensibles ante el dolor humano. Soy liberal porque creo que el futuro tendrá que ser mejor, con un ejercicio consecuente del poder político, consecuente con nuestras sociedades y con el planeta mismo.

Soy liberal para fortalecer en la democracia el respeto por los derechos humanos, derechos que parten del respeto a la Vida, se proyectan en brindar condiciones de dignidad a su ejercicio y luego relacionan nuestra frágil existencia humana con el entorno en el respeto de los derechos colectivos.

Nuevos retos, nuevos desafíos son los que alumbran hoy nuestro camino y nos muestran que en el contexto de un mundo interconectado por los adelantos asombrosos de las nuevas tecnologías, debemos recuperar el sentido de humanidad, un nuevo renacimiento. De otra manera la tarea milenaria de quienes nos precedieron en el tiempo será vana.

Por todo ello, por la rica historia construida por nuestro Partido en Colombia en momentos coyunturales para el país, soy liberal.

sábado, 16 de octubre de 2010

LA POLÍTICA POR CONVICCIÓN O POLITIQUERÍA POR CONVENIENCIA

Me quedé pensando con cierta preocupación sobre los honorarios que el Partido Verde terminó pagándole al entonces candidato a la vicepresidencia por dicha organización, Sergio Fajardo Valderrama. El nombre es ese: honorarios y de hecho la gente del PV no ha buscado palabras distintas para presentarlos. Incluso, pareciera que en aras de mantener la coherencia con el discurso (o de tirar el "aventón" que les permitiera recuperar parte de la "inversión" hecha en campaña), se hubiesen entregado los contratos suscritos con el candidato a la vicepresidencia para que fuesen reconocidos y cubiertos con los dineros de la reposición legal, con el resultado fallido que todos ya conocemos.


Frente a lo planteado, hay un debate que se abre y que señala desde algunas columnas de prensa que se hizo lo correcto, que es un paso que busca garantizar la independencia de los candidatos en procesos electorales frente a la financiación por parte de grupos económicos y en general evitar desde las campañas prácticas corruptas que luego se materializan en el eventual ejercicio del poder. Esa podría ser una explicación válida, pero, con seguridad, no es seria, ni tampoco honesta, así no sea ilegal.
Frente a los principios de la ética, ante la decisión de actuar bien o actuar mal, no hay términos medios. El hombre siempre está ante ese dilema que dirige su accionar a lo largo de la vida, de acuerdo con sus convicciones. Se obra finalmente, en uno u otro sentido, porque al tomarse la decisión, el individuo cree en lo que hace. Son sus principios, su criterio, su visión del mundo, su formación, elementos que alumbran la decisión tomada. Si el ejercicio mental previo sobre conveniencias e inconveniencias en una toma de decisión específica se hace con el sólido criterio de toda una vida signada por la praxis ética, con toda seguridad el resultado de ese accionar será bueno para quien así actúa y su reflejo e incidencia en la sociedad será también benéfico y así lo sentirán y valorarán los demás asociados.


Muchos ciudadanos vieron con esperanza la conformación de una "llave" a la Presidencia de la República en la que se reunían las convicciones y principios de dos hombres que han predicado en su ejercicio de la vida pública la transparencia como guía de sus acciones. Que los recursos públicos son sagrados, que no puede haber atajos, que se debe proscribir el "todo vale" de la función pública, que los votos no se compran, ni tampoco los apoyos, que yo vine porque quise y no porque me pagaron... fueron frases surgidas de una forma de hacer política que si bien en su enfoque de aplicación filosófica se mostró endeble, desde la intención como tal parecía que se avalaba en el ejercicio honesto de la política. Que desde el punto de vista ideológico los dueños de esta praxis se muestren indecisos, en cómodos lugares intermedios, no puede ser elemento para descalificar sus buenas intenciones.
Ahora, vamos al punto concreto. ¿Si la política se hace por convicción cómo puede sostenerse sobre la base de un contrato? Se supone que un individuo se matricula en un partido político, en un movimiento, en una organización, porque cree en ese partido, en ese movimiento, en esa organización. Considera que la realidad social de su país, de su departamento, de su municipio, puede ser intervenida con éxito a través de la materialización de las ideas que propugna el partido en el que se cree. Asume ese ciudadano que sus convicciones encajan casi a la perfección con los lineamientos filosóficos e ideológicos que defiende el partido. Entonces, ingresa, se hace miembro, participa activamente con el entusiasmo del que está convencido de lo justo de su causa. Sus ideas enriquecen las propuestas, la manera de hacer la política y la forma de llegarles a los demás ciudadanos. El Partido o movimiento recibe un significativo aporte del ciudadano que llega, mientras ese ciudadano siente que con su presencia enriquece y fortalece la opción política en la que cree y en relación con la cual está convencido se puede hacer algo para mejorar un poco o mucho la sociedad a la que pertenece.


Es la política por convicción: creo en unas ideas y trabajo por ellas. Ese ejercicio es placentero porque el discurso surge como emanación de principios íntimos que están en armonía con principios y valores universales. Cuando se defienden ideas por convicción, no hay que hacer esfuerzo alguno, surgen las palabras con toda la fuerza del que habla sincera y honestamente porque cree en lo que dice, no en actitud ciega y enfermiza, sino con la convicción informada, llena de argumentos, frente a la situación social que enfrenta, para intervenirla, para dirigir acciones que serán solución efectiva a problemáticas de muchos años. Es, así descrito, un científico de la política.


Bajo ese presupuesto, un ciudadano común y corriente hubiese pensado que Fajardo no necesitaba firmar ningún contrato, sino que bastaba con su adhesión sincera y honesta a unas ideas proclamadas por los Verdes en las que uno supone, Fajardo cree y por eso aceptó ser fórmula vicepresidencial para salir a la plaza pública a lo largo y ancho del país, a defenderlas con la convicción que surge espontánea cuando se abraza una causa en la que se tiene confianza plena.
Así mismo, con ese mismo entusiasmo, imagina uno que Fajardo llegó pleno de ideas que iban a enriquecer la propuesta programática del Partido Verde. De hecho se dice que los titubeos para definir la adhesión estuvieron en ese plano, en el de las ideas y programas de la colectividad recién llegada al escenario político del país.
Por todo ello la ciudadanía, en un momento inicial de entusiasmo, comulgó decidida con la visión que ofrecían los Verdes. En un primer momento la propuesta se hizo novedosa y encontró eco principalmente en columnas de prensa para extenderse a través de internet a millones de jóvenes en el país que colmaron plazas, calles y cualquier espacio en el que convocaran Mockus y Fajardo.


Entonces no se entiende ahora que Fajardo debiese recibir honorarios por militar en un Partido en el que se supone cree, en el que se afirmaría que está por convicción y porque comulga con su ideario. Y que su aporte para enriquecer el programa se entregó con entusiasmo, desprevenidamente y sin ponerle precio. Pero resulta que también las ideas que llegaron con el ex-alcalde de Medellín fueron objeto de un contrato y se les puso un valor específico. Como quien contrata un asesor, un experto, para que haga un estudio o ayude a delinear un Plan de Desarrollo de una entidad territorial, o siente las bases del Plan de Ordenamiento Territorial de un municipio cualquiera de Colombia.


En este caso se suponía que había convicción y comunión de ideas. Pero la política devino en un contrato que ligó al partido con el estilizado nuevo militante. Nada fue gratis, ni la convicción, ni el entusiasmo, ni el aporte programático. Todo se cobró y a un precio que no resulta despreciable (por lo menos desde la perspectiva de mi bolsillo).


Porque también se supone que el Partido buscó fuentes de financiación y que tuvo aportes de otros ciudadanos que al sentir que comulgaban con su causa decidieron apoyarlo económicamente. Ahí deben estar las cuentas que reportan esa situación. Fruto de ese proceso debió surgir la estabilidad económica de los Verdes para salir a recorrer el país y dar a conocer su propuesta. No se entiende entonces que un nuevo militante, que al ostentar la dignidad de candidato a la vicepresidencia carga una responsabilidad especial que sólo supera aquel que aspira a la Presidencia, deba recibir honorarios por pertenecer, por militar, por creer, por proclamar ideas, por afirmar en la plaza pública, por la convicción ante los principios. El contrato queda para el asesor externo, el experto en publicidad o en mercadeo, pero no para ese militante especial que llegó a enriquecer las ideas y la propuesta en la que se supone creía.


No será esta la forma de derrotar las deficiencias que tiene nuestro sistema electoral. Se sentaría un nefasto precedente que la militancia cualificada tenga precio y que contar con un candidato "estrella" se tenga que pagar a un alto precio sustentado en un contrato o en cualquier forma de compromiso.
Hemos de trabajar todos por la financiación estatal de las campañas, a fin de que se garanticen la transparencia y la participación política. Pero sentar reglas de participación que obligue a los partidos o movimientos a suscribir y efectivamente pagar contratos o acuerdos con sus candidatos, prácticamente arrasará con nuestra pobre democracia. ¿Cuál organización podría pagar mejor los servicios del candidato que está en la espuma de los porcentajes de las encuestas? ¿Cómo se mide dicho criterio para establecer las reglas que le den forma a un valor "justo"? Sería el acabose.


Así no se predica la transparencia y así tampoco se podrá transformar nunca para bien este país. Y si este actuar no deviene ilegal, sí genera reatos de conciencia. Es entonces cuando la ética y los principios, la visión del mundo, la percepción de la sociedad que se sueña, la formación de tantos años, todo eso reunido alumbra el accionar del individuo y le recuerda que ante la sospecha de un actuar indebido es preciso detenerse a tiempo. Porque traicionar las convicciones es arrasar con uno mismo

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA INJUSTICIA GLOBALIZADA: JOSÉ SARAMAGO EN ARGENPRESS

jueves 12 de agosto de 2010

La injusticia globalizada

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjeY7DK_eXmUUBWYZnp3xImsnZfNgYVMk1DFpr4uZyAHHFUuc6zg1Fv0HHh8xB9rq7iGReYNYFwUeQKnw68PMtqsfe9VRH14g8vJpO5IXHte209miQo6Sp-OEDpMNsmYlU2zCA2VJPIIbg/s288/kkkk.jpg

José Saramago

Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.

Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral.

Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. ‘El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana’, fue la respuesta del campesino. ‘Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?’, replicaron los vecinos, y el campesino respondió: ‘Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia , porque la Justicia está muerta’.

¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia.

Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia , y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido… No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia , volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días.

Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo.

Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando.

Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia : justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo.

Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano. Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor aún, como simple caso policial.

Otras y distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine , diré entonces que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica.

¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegara la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es.

Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia.

Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas.

¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro.

Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y todos juntos.

No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo. No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.

martes, 17 de agosto de 2010

SOBRE APOLIAR DÍAZ CALLEJAS, EN EL HERALDO

Apolinar Díaz: un luchador infatigable


Por Roberto González A.

El pasado 12 de agosto pasado falleció en Bogotá el reconocido pensador costeño Apolinar Díaz-Callejas. Para quienes conocen la historia política del país en el siglo XX, resulta oportuno recordar el importante papel que jugó en ella este líder liberal nacido en Palmitos (Sucre) hace ochenta y nueve años, quien realizaría su carrera de abogado en la Universidad de Cartagena. Así por ejemplo, siendo un joven abogado, participó en la junta revolucionaria que se tomó el poder en Barrancabermeja, a raíz de los sucesos del 9 de abril de 1948. De Gaitán y López Pumarejo sería admirador de sus ideas y luchas.
Díaz-Callejas hizo parte del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, en calidad de gobernador de Sucre y viceministro de Agricultura, periodo en el cual éste encabezaría una importante reforma agraria, tal vez el último intento serio de redistribución de tierras en el país. Sobre este tema escribió un importante libro editado por la Universidad de Cartagena.

A comienzos de los años setenta Apolinar Díaz - Callejas fue senador y presidió el Comité de Solidaridad Colombiano con los exiliados chilenos y extranjeros que llegaron al país huyendo de las persecuciones políticas de la naciente dictadura de Augusto Pinochet. Por estas y otras acciones en solidaridad con la democracia en Chile le fue conferida la Medalla Bernardo O´ Higgins.

Como escribiera recientemente el profesor Guillermo Segovia Mora, Apolinar Díaz - Callejas fue, junto con Diego Montaña Cuéllar, Gerardo Molina, Orlando Fals Borda, Jorge Regueros entre otros, intelectuales y activistas que nos heredaron “su compromiso con las luchas sociales, políticas e ideológicas que se han dado en el país en busca del cambio social”. Fue además, un gran activista del proceso
Contadora, en el cual los países de la región, incluyendo a Colombia, lideraron a comienzos de los años ochenta, una salida concertada a la crisis centroamericana. De este tema publicó el libro Contadora
Desafío al Imperio. Fue columnista de opinión de El Mundo de Medellín, El Tiempo y El Heraldo.

Tuve la fortuna de conocer a este intelectual, miembro de la Academia Colombiana de Historia, Fundador del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos en Colombia, Miembro de la Comisión Andina de Juristas y realizar con su coautoría, el libro Colombia y Cuba, del Distanciamiento a la colaboración (Ediciones Uninorte, 1998). Esta fue una muy grata experiencia pues encontré a un humanista incansable, con una amplia comprensión de la historia social del país y gran vitalidad, a quien hasta ese momento sólo me había aproximado a través de sus libros. Invitado a una conferencia en Barranquilla, en el año 2000, este se deleitaba de su estancia en el Hotel El Prado y de regresar a la ciudad en donde realizó su bachillerato en La Escuela Normal.

Recordamos entonces hoy a Apolinar Díaz-Callejas, por su talante, ideales y principios, y su batalla de vida en procura de construir un país más equitativo y justo.

rogonzal61@yahoo.com