lunes, 20 de junio de 2011

"AUGE Y CAÍDA DEL LIBERALISMO": ALPHER ROJAS, EN EL TIEMPO DE BOGOTÁ

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-9581184.html

Auge y caída del liberalismo

    Al cumplirse 20 años de vigencia de la Constitución Política de Colombia, calificados analistas tanto en la discusión académica como desde los estudios empíricos de casos han coincidido en atribuirle al modelo neoliberal -importado por César Gaviria- no solo la crisis sistémica del país y el conflicto social, sino la derechización de la cultura política y el consiguiente marchitamiento de la democracia, que estimuló la emergencia de la derecha primitiva con Álvaro Uribe Vélez, junto con la creencia de que la única forma de gestionar los asuntos públicos es mediante hombres de negocios con métodos de la empresa privada.

    La Asamblea Nacional Constituyente de 1991 (ANC) fue un proceso en el que Gaviria forzó a los socialdemócratas a incluir el Consenso de Washington (la política económica de Ronald Reagan y Margaret Thatcher) a cambio de la adopción de un paisaje institucional en el que cupiera simbólicamente un menú  de garantías sociales que no financió, razón por la cual los sujetos de esos derechos han tenido que recurrir a las vías judiciales -la tutela- para hacerlos efectivos. Finalmente, esa reforma fue el resultado de una negociación entre defensores de la primacía de la política (Partido Liberal, AD-M19, indígenas y negritudes) y la derecha  (Partido Conservador y sectores religiosos), cuyos proyectos contaban con la inspiración ideológica del gobierno. 

    La motivación que inspiró la participación de la sociedad colombiana en la convocatoria de la ANC -cuyo resultado nunca fue contabilizado, de acuerdo con la investigación del constitucionalista Óscar Alarcón- era la idea de que en ese escenario se llegaría a un pacto de paz que pondría fin al conflicto armado. Pero, el mismo día de elecciones, para que no quedara duda de sus lógicas de dominación, Gaviria lanzó un ataque militar contra Casa Verde, nicho tradicional del secretariado de las Farc, circunstancia que enviaba un mensaje negativo frente a la esperanza nacional de una salida negociada, y para la juventud, trabajadores y campesinos contestatarios en el sentido de que, en adelante, la represión sería el tono de la política social, al tiempo que desplegaba señales de atracción a las transnacionales y de favorecimiento a las élites corporativas, que así tuvieron la libertad de imponer su agenda desde el sistema financiero para ampliar mucho más la brecha social. 

    Una muestra del desastre promovido por el gobierno "del revolcón"  es el colapsado sistema de salud con la Ley 100 y las correspondientes a los sectores laboral y de educación, bienes públicos convertidos en mercancías, cuya "mano invisible"  no solo produjo -en 20 años- más muertes, marginalidad y miseria que el conflicto interno armado en 60 años, sino que generó la anarquía del sistema político. Es bueno recordar este pasaje ahora que la Corte Penal Internacional ha anunciado su interés en ocuparse de los delitos económicos como reatos de lesa humanidad, en los que están incursos los mandatarios de la época neoliberal del hemisferio. 

    Así, el liberalismo, que desde la república liberal y el gobierno de López Pumarejo construyera su histórica legitimidad política como defensor de las libertades civiles y los  derechos humanos y sociales, confundió  su destino y adoptó las teorías neoclásicas del libre mercado y, a partir de allí, la decadencia del partido fue evidente. Las clases medias y populares, tanto como los intelectuales progresistas, los trabajadores y la juventud, decidieron no participar más en sus procesos, puesto que su proyecto devino dinástico y pobremente desarrollado en términos de cultura política. 

    Ante tal desastre, los intelectuales de la izquierda democrática decidimos reanimar al partido, buscar el retorno de la política y devolverles a las bases sociales las  emociones perdidas; con el respaldo de Alfonso López Michelsen, Horacio Serpa Uribe, Hernando Agudelo Villa y Eduardo Sarmiento Palacio, convocamos la Asamblea Constituyente Liberal del 2000, que determinó  el giro hacia el socialismo. Publicamos la revista 'Nueva Página' y creamos en el IPL la cátedra Darío Echandía, dictada por docentes e investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, con seminarios de historia de las ideas políticas y de política comparada, con una masiva participación de jóvenes y profesionales. Fue tan exitoso ese trabajo, que el periodista e historiador Leopoldo Villar Borda comentó: "Hay más instituto que Partido". Nos alentaban dos eventos importantes: los ecos del movimiento Poder Popular que, pese a su fuerte poder burocrático, no alcanzó a sobrevivir, y el Foro Ideológico del año 2000, cuya entusiasta concurrencia marcó el norte de un partido en plena modernización. Buscábamos superar la política caudillista de incentivos individuales para atraer las tendencias progresistas y los movimientos sociales. Sin embargo, Gaviria, tras un clandestino pacto de cúpulas, que puso el partido en sus manos (www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1693778), regresó e impuso el "pensamiento único". Contra ese asalto, la sufrida senadora Piedad Córdoba y quienes la acompañábamos creamos el movimiento Poder Ciudadano, que finalmente no logró concretar su proyecto opositor, pero abrió el camino de las alianzas progresistas que en adelante les daría dura batalla al neoliberalismo y al clientelismo y contribuiría a elegir al alcalde Lucho Garzón en Bogotá.

    El modelo de capitalismo salvaje, veinte años después, mostraría el descrédito de sus diseñadores internacionales, no así el de sus auspiciadores locales, que hoy -contra toda lógica política- orientan al país. Una mirada  al bloque en el poder advierte que en él están los mismos que prohijaron la apertura económica. Es un mismo grupo social el que está  en la presidencia de la república, en la alcaldía de Bogotá, en la dirección del liberalismo, del Polo, de Cambio Radical y de 'la U', cargos en donde están reproduciendo las políticas de los años 90. 

    La reinvención del liberalismo  será posible solo si rechaza tajantemente el neoliberalismo y se decide por el socialismo para construir un proyecto de democracia en profundidad, que sustituya el orden injusto que hoy nos rige presentando soluciones innovadoras para los problemas urbanos y la desigualdad. 

Nosotros, en La Izquierda, con Oskar Lafontaine, entendemos por democracia un orden social en el que priman los intereses de la mayoría; definimos la democracia a partir de sus resultados, no de su forma.

* Analista político e Investigador social

"SOSTENIBILIDAD: ¿ADJETIVO O SUSTANTIVO?": LEONARDO BOFF EN EL PAÍS, COSTA RICA

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=47367

Sostenibilidad: ¿adjetivo o sustantivo?

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 11/06/2011
Hoy en día es de buen tono hablar de sostenibilidad. Sirve como etiqueta de garantía de que la empresa, al producir, está respetando el medio ambiente. Detrás de esta palabra se esconden algunas verdades, pero también muchos engaños. Por lo general es usada como adjetivo y no como sustantivo.

Me explico: como adjetivo se añade a cualquier cosa sin cambiar la naturaleza de la cosa; por ejemplo, puedo disminuir la polución química de una fábrica colocando filtros mejores en sus chimeneas que vomitan gases, pero la manera de relacionarse la empresa con la naturaleza de dónde saca los materiales para la producción, no cambia; continúa devastando. Su preocupación no es el medio ambiente sino el lucro y la competencia que tiene estar garantizada. Por lo tanto, la sostenibilidad es solamente de acomodación y no de cambio; es adjetiva, no sustantiva.

La sostenibilidad como sustantivo exige un cambio de relación con la naturaleza, la vida y la Tierra. El primer cambio comienza con otra visión de la realidad. La Tierra está viva y nosotros somos su porción consciente e inteligente. No estamos fuera y encima de ella como quien domina, sino dentro como quien cuida, aprovechando sus bienes, pero respetando sus límites. Hay interacción entre el ser humano y la naturaleza. Si contamino el aire, acabo enfermando y refuerzo el efecto invernadero, de donde se deriva el calentamiento global. Si recupero el bosque ciliar del río, preservo las aguas, aumento su volumen y mejoro mi calidad de vida, la de los pájaros y la de los insectos que polinizan los árboles frutales y las flores del jardín.

La sostenibilidad como sustantivo sucede cuando nos hacemos responsables de proteger la vitalidad y la integridad de los ecosistemas. Debido a la abusiva explotación de sus bienes y servicios, estamos llegando a los límites de la Tierra. Ella no consigue reponer un 30% de lo que le ha sido extraído y robado. La Tierra se está quedando cada vez más pobre, de selvas, de aguas, de suelos fértiles, de aire limpio y de biodiversidad. Y lo que es más grave, más empobrecida de gente con solidaridad, con compasión, con respeto, con cuidado y con amor hacia los diferentes. ¿Cuando va a parar esto?

La sostenibilidad como sustantivo se alcanzará el día en que cambiemos nuestra manera de habitar la Tierra, nuestra Gran Madre, de producir, de distribuir, de consumir y de tratar los residuos. Nuestro sistema de vida se está muriendo, sin capacidad de resolver los problemas que ha creado. Peor, él nos está matando, y amenazando todo el sistema de vida.

Tenemos que reinventar un nuevo modo de estar en el mundo con los otros, con la naturaleza, con la Tierra y con la Última Realidad. Aprender a ser más con menos y a satisfacer nuestras necesidades con sentido de solidaridad con los millones de personas que pasan hambre y con el futuro de nuestros hijos y nietos. O cambiamos o vamos al encuentro de previsibles tragedias ecológicas y de seres humanos.

Cuando los que controlan las finanzas y los destinos de los pueblos se reúnen, nunca es para discutir el futuro de la vida humana y la conservación de la Tierra. Ellos se juntan para tratar de dinero, de cómo salvar el sistema financiero y especulativo, cómo garantizar las tasas de interés y los beneficios de los bancos. Si hablan de calentamiento global y de cambios climáticos es casi siempre con esta óptica: ¿cuánto puedo perder con estos fenómenos? O si no, ¿cómo puedo ganar comprando o vendiendo bonus de carbono (compro de otros países permiso para seguir contaminando)? La sostenibilidad de la que hablan no es ni adjetiva, ni sustantiva. Es pura retórica. Olvidan que la Tierra puede vivir sin nosotros, como vivió miles de millones de años. Nosotros no podemos vivir sin ella.

No seamos ilusos: las empresas, en su gran mayoría, sólo asumen la responsabilidad socioambiental en la medida en que no se perjudiquen sus ganancias y su competición no sea amenazada. Por lo tanto, nada de cambio de rumbo, de relación diferente con la naturaleza, nada de valores éticos y espirituales. Como ha dicho muy bien el ecólogo social uruguayo E. Gudynas: «la tarea no es pensar en desarrollo alternativo sino en alternativas de desarrollo».

Hemos llegado a un punto en el que no tenemos otra salida sino hacer una revolución paradigmática; si no, seremos víctimas de la lógica férrea del Capital que puede llevarnos a un fenomenal impasse de nuestra civilización.

(*) Teólogo

martes, 31 de mayo de 2011

"LA CONSULTA A LA MAQUINARIA SIN MORAL Y SIN VOTOS", PALOMA VALENCIA LASERNA EN EL ESPECTADOR


Opinión |30 Mayo 2011 - 10:52 pm

Paloma Valencia Laserna

La consulta a la maquinaria sin moral y sin votos

Por: Paloma Valencia Laserna

El ejercicio de las consultas populares dejó lecciones que no deben pasar desapercibidas, pues señalan graves problemas de la ley de reforma política y requieren acciones.


La democracia vive una crisis evidente: las protestas en el medio oriente, las de la puerta del sol en España, los crecientes índices de abstención en todas partes así lo demuestran. Colombia no es la excepción. El ejercicio del poder del pueblo a través de la representación parece cada vez más insuficiente. Las grandes mayorías se quedan al margen de las decisiones. Se trata de una mezcla de cosas: la transfiguración de la política en un negocio donde gente  inescrupulosa invierte dinero que luego recuperan con creces, pues se apropian del erario en complicidad con contratistas. Estados fallidos, incapaces de resolver las necesidades de la sociedad, y que aún en la solución de los problemas rutinarios fracasan… y lo más grave; la perdida del valor simbólico del voto.
La democracia moderna se cimenta en la convicción de que el voto le da a los ciudadanos un plano de igualdad, donde desaparecen todas las distinciones y todas las voces son oídas y tienen el mismo valor. Las mayoritarias triunfan, pero las minorías adquieren representación según su magnitud. El voto debería ser apreciado y bien pensado. Debería ser un momento cúspide de libertad, donde se celebra un proceso histórico que aboga por la igualdad. Pero las mayoría de los votantes lo utilizan con la misma gratuidad con la que lo obtuvieron; es una herencia poco valorada que se vende por un mercado, un billete y a veces por una promesa.
Una consulta para la selección de los candidatos tendría sentido si todo el potencial electoral tomara parte. Elegir un candidato no es elegir un Alcalde, se trata de dar los lineamientos sobre cómo será el debate, pues son los candidatos quienes determinan la naturaleza y desarrollo de las campañas. Votar por los buenos candidatos, derrotar las maquinarias, sería más sencillo en las consultas, pero los colombianos son indiferentes al proceso. Como son pocos los electores libres que participan, sólo las maquinarias funcionan. Esta consulta costó 80 mil millones y sirvió tan solo para mostrar el tamaño del engranaje clientelita conservador, y reafirmar a los gamonales en las regiones.
Las consultas tampoco tienen efectos reales; si quienes –con esfuerzo- atraen a los ciudadanos que protestan contra las directivas son derrotados, se diluyen, no obtienen ninguna representación. El partido además los obliga a  aceptar la imposición de la maquinaria. Antes de la reforma política era posible mantener listas disidentes que competían en las elecciones para los cargos públicos –donde concurren más electores- y ahí en el ejercicio democrático se puede derrotar lo establecido. La idea de la reforma era fortalecer los partidos y procurar una representación ideológica y no personalista. Lo cierto es que nos quedamos sin lo uno y sin lo otro, con la supresión de la disidencia sólo queda una directiva incrustada e inamovible.
Es evidente que semejante cantidad de dinero hubiera sido mejor invertido en otras cosas, pues este ejercicio no aportó nada a la democracia pero sí mucho a los protervos encaramados en maquinarias sin moral.
Se evidenció también el desprestigio del Partido Conservador. La votación casi nula en el país muestra de que los escándalos de corrupción de las directivas han hecho mella en el buen nombre de la colectividad. Los bienes de mafiosos, las notarias, la inmoralidad rampante hacen daño; la directiva involucrada debió renunciar, todavía tiene que hacerlo, como quedó claro.

"LOS JÓVENES Y EL CAMBIO", ÁLVARO LÓPEZ EN EL MUNDO DE MEDELLÍN

POSIHÜEICA
Los jóvenes y el cambio
Autor: Alvaro T. López
30 de Mayo de 2011



Cuando las sociedades adoptan su propio ordenamiento, se parte de la concepción ética de los ciudadanos que conforman el poder legislativo, y en general la de las élites reinantes...

Cuando las sociedades adoptan su propio ordenamiento, se parte de la concepción ética de los ciudadanos que conforman el poder legislativo, y en general la de las élites reinantes, para entronizarla como la norma universal que supera y se impone a la individualidad de los habitantes de un estado.  Esto es lo ideal, cuando la suma de los ciudadanos escoge de entre sus hombres y mujeres a los mejores, a los más preparados, a los que más conocen a su pueblo, a los que pueden preservarlos de la destrucción de las instituciones y la decadencia. Pero ¿qué pasa cuando la sal se corrompe? ¿Qué hacer cuando la dirigencia política, parece que en un gran porcentaje, se compromete en casos de corrupción y mal gobierno?

Puede ser un problema de difícil solución, si se tiene en cuenta que se trata de la desviación funcional de los precisamente expertos en el tema, que se aseguran por múltiples medios y mecanismos de que su enorme poder no sea menguado por nada ni por nadie.

Los partidos han sido reemplazados por movimientos emergentes, candidaturas avaladas por firmas que se recogen en la calle sin mayores dificultades, líderes de barriada que ayudan en la compra de conciencias, y por el comercio de avales. Los mismos corruptos de siempre engatusan a los muchachos que ilusionados se acercan a la política, con hipócritas mensajes de decencia y transparencia. Los cargos del estado reemplazaron las ideologías, para volverse fundamento político del grupo dominante.
Ya no hay regiones, ni actividades, ni partidos, exentos del escándalo de la corrupción. Los jueces probos y honestos, que son muchos, se quedaron solos pues la cúpula de la Justicia se dedica a perseguir enemigos personales y a amañar las pruebas. La Ingeniería ha quedado por el suelo, por cuenta de unos pocos que se favorecen de las prácticas corruptas que han permeado el sistema de contratación estatal. Los organismos de control del Estado, en muchos casos se han convertido en las terrorías de la oposición, sirviendo a los que conceden puestos y prebendas, y amedrentando, desalentando y escarmentando a los ciudadanos cumplidores de sus deberes, que creen firmemente en la acción del aparato para defender sus honra, vida y bienes.

Solo nos queda la esperanza de la revolucionaria mirada de la gente joven, que se decida por la construcción de una patria nueva, desoyendo a los malos que no asumen la política como la vocación de servicio que debe ser, sino como una actividad que empodera y enriquece, que se usa para fines propios y torvos. Les entregamos un país con muchos problemas, al borde de la liquidación, pero la educación y la experiencia ajena les deben servir a los que vienen, para tomar la decisión de construir su propio hábitat. Los nuevos, por edad, por actividad, tienen la obligación de hacer el cambio, y hay que comenzar por pedir cuentas y desechar a los malos. Los mayores podremos irnos en paz, cuando sepamos a los hijos y a los nietos tomando la bandera de la decencia y el orden. Hay que derrotar la maldad y la concupiscencia de las riquezas mal habidas.

"De todo un poco", escribe Pedro Juan González Carvajal en El Mundo

De cara al porvenir
De todo un poco

Autor: Pedro Juan González Carvajal
30 de Mayo de 2011



Recordemos a Artigas cuando dice: “Con libertad, ni ofendo ni temo”, y a Pitágoras cuando sentencia: “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.

Ahora que estamos en los preliminares de las contiendas electorales subnacionales, es importante reconocer que existen dos temas que por su magnitud exigen respuestas concretas por parte de los aspirantes: La primera, establecer propuestas viables y definir estrategias para enfrentar la corrupción que se apoderó del país y cómo establecer mecanismos de gobierno transparentes, no solo en la teoría, si no en la práctica, para evitar que el flagelo continúe dentro de sus administraciones. En ese orden de ideas, hay que reconocer que los cuatro grandes rubros presupuestales que se manejan a nivel planetario, sin que Colombia sea la excepción, son: Defensa, Infraestructura, Salud y Educación. Digamos que en lo regional y lo local, en un país centralizado como Colombia, el tema de la Seguridad está concentrado por el Gobierno Central, pero que los otros rubros, aún cuando están relacionados con temas de transferencias y regalías, son del resorte de Alcaldes y Gobernadores, y por lo tanto su responsabilidad es directa tanto para labores de mantenimiento y aseguramiento de cobertura, como de crecimiento y ampliación, debiendo estar signados por una innegociable eficiencia en su manejo, lo cual redunda en la reclamada transparencia de hoy en día. A partir del nombramiento de profesionales idóneos y pulcros en la cabeza de estos asuntos, ¿Será que necesitamos desde los poderes ejecutivos locales, implementar instancias de Auditoría y Control dedicadas exclusivamente a cada uno de estos rubros?  No por seguir haciendo más de lo mismo, obtendremos resultados distintos, ni por acuñar eslóganes ni lemas de campaña que suenen apropiados. El otro asunto es el invierno inclemente que nos azota y nos seguirá afectando, y que está haciendo y que hará que todas las propuestas de gobierno en un momento determinado, tengan que ser modificadas para concentrarse en labores de prevención y atención de desastres y en actividades de reconstrucción.

Un segundo asunto tiene que ver con la necesidad de que “todas las fuerzas vivas del país”, hagan sus aportes, desde el conocimiento, sobre el proyecto de Ley que pretende reformar la Educación Superior, y no sólo desde su particular interés o desde su ignorancia y desinformación, con el fin de que nos equivoquemos lo menos posible en un tema  estructurante para el futuro del país. ¿Será que con una actualización de la actual Ley, incorporamos  lo que hoy se presenta como necesario? ¿Definitivamente necesitamos una Ley nueva que oriente esta actividad? El tema de la financiación de la Educación Superior está en el ojo del huracán y es la objetividad y la responsabilidad con los altos intereses de la nación, lo que nos permitirá optar por el camino menos malo. Hace algunos años, dejamos acabar el Instituto de Fomento Industrial IFI, que tanto bien le trajo a algunas propuestas de generación de riqueza a todo el país. ¿No será posible crear un IFI para la financiación de la necesaria investigación que requerimos, así como para potenciar los pocos o muchos emprendimientos que pasen de la etapa de incubación a la de empollamiento?

Un tercer asunto tiene que ver con el hecho de que la ONU ha declarado el 2011 como el año Internacional de los  afrodescendientes. Nada más pertinente en un mundo que se vanagloria en términos retóricos de respetar la igualdad y ejercer la tolerancia, lo cual no es evidente, por el cúmulo de acciones contrarias que se evidencian en la realidad. A nuestros hermanos afrodescendientes y con ellos a todas las comunidades étnicas, culturales,  sexuales y las demás de todo tipo, nuestra voz de respeto y de tolerancia con la diversidad.

Recordemos a Artigas cuando dice: “Con libertad, ni ofendo ni temo”, y a Pitágoras cuando sentencia: “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.

domingo, 22 de mayo de 2011

SOBRE LA PROFESIÓN DE ABOGADO, JORGE ARANGO MEJÍA EN EL MUNDO DE MEDELLÍN

http://www.elmundo.com/portal/resultados/detalles/?idx=177871

La Profesión De Abogado
Autor: Jorge Arango Mejía
21 de Mayo de 2011



Hay una obligación sagrada para los abogados: el secreto profesional. Y es tanta su importancia que, según un sabio anónimo, “si los abogados dijeran cuanto saben, el mundo se acabaría.”

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Sobre la profesión de abogado hay conceptos erróneos, tanto entre los legos como entre los dedicados a ella. A manera de ejemplo, pueden citarse algunos: que su finalidad es permitir el quebranto de las leyes o su interpretación en contra de sus finalidades; que solamente busca encubrir las faltas o hacer imposible su sanción; que la única finalidad de quienes la practican es el enriquecimiento; que su objetivo no es la justicia sino la defensa  de los intereses del cliente; que en ella todos los medios son válidos si permiten alcanzar el fin. Es fácil demostrar la equivocación en que incurren los que así piensan.

El abogado es un colaborador del juez, cuya misión es la correcta aplicación de la ley. No es un adversario, pues la tarea de los dos, rectamente entendida, es la misma: lograr que se haga justicia. Por eso, no puede el abogado tratar de confundir al juez. Debe limitarse a exponer con claridad los hechos y decir, sencillamente, cómo ellos encajan en la norma de la cual surge el derecho. Los escritos farragosos crean dudas y hacen difícil el camino hacia una decisión acertada y justa. Cuando de redactar una demanda se trata, o cuando se analizan las pruebas, conviene seguir el consejo de don Quijote al criado de maese Pedro: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala.”

Al cliente hay que defenderlo sin apartarse de la ley y guiándose siempre por la buena fe. No hay ningún interés particular cuya importancia autorice salirse de esos límites.

Es lógico, es natural, considerar el ejercicio de la profesión como una fuente de ingresos para una vida decorosa. Pero el que la tenga como una vía hacia el enriquecimiento fácil, hará bien en buscar otra ocupación.  Un viejo principio enseña que “lo que sirve para determinar el valor de un abogado no es el número de asuntos que defiende, sino el de los que rechaza.”

Según otra frase llena de sabiduría, “la profesión de abogado perdería su grandeza si los clientes no fueran ingratos.” Sólo al que está convencido de ejercer la más noble de las profesiones, le basta con haber conseguido el triunfo de la ley, y  no le importa que el cliente al que sirvió con desinterés y eficacia, no le agradezca. Por desgracia hay quienes creen (especialmente cuando el abogado no les  cobra por su trabajo) que fueron ellos quienes le hicieron un favor, al confiarle un asunto de tanta importancia. Razón tuvo el que dijo: “El cliente se incomoda a menudo con el abogado que le cobra honorarios, y se malquista siempre con el que lo defiende gratis.” Menos mal que la conducta de esos malagradecidos trae consigo una enseñanza: no esperar nunca gratitud, planta que pocos cultivan.

Otro mal hábito que se ha generalizado es el de atender los litigios en los medios de comunicación y no en los juzgados. Al cliente se le defiende en el proceso, con la presentación de las pruebas de los hechos que le favorecen y con  el análisis de las normas jurídicas en que se basan sus pretensiones.

Y peor aún es la costumbre de los jueces y magistrados que no se contentan con dirigir el proceso y adoptar las decisiones previstas en éste, sino que salen a explicarlas y a ampliarlas en la prensa, como si tales decisiones no tuvieran que ser completas, contener los hechos, las normas aplicables y la resolución. Hace falta una ley que prohíba expresamente a los que administran justicia, dar declaraciones sobre los negocios a su cargo o entrar en controversias públicas sobre sus fallos.

Hay una obligación sagrada para los abogados: el secreto profesional. Y es tanta su importancia que, según un sabio anónimo, “si los abogados dijeran cuanto saben, el mundo se acabaría.”

Mucho más podría escribirse sobre este tema, a sabiendas de que, en medio de la corrupción imperante, es lo mismo que predicar en el desierto. Hay que conservar la esperanza de que en este campo, como en todos los demás, la sociedad progresará.

sábado, 21 de mayo de 2011

UNA REFLEXIÓN HISTÓRICA: LA CARTA DEL JEFE SEATTLE

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, promete crear una “reservación” para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855:

"El gran jefe de Washington manda palabras: Él desea comprar nuestra tierra. También manda palabras de amistad y bienaventuranza. Esto es muy amable de su parte, ya que nosotros sabemos que él tiene poca necesidad de nuestra amistad. Pero nosotros tenemos en cuenta su oferta, porque nosotros sabemos que si no lo hacemos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestra tierra. Lo que el jefe Seathl dice es que el Gran Jefe en Washington puede contar con las palabras del Jefe Seathl, como pueden nuestros hermanos blancos contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas. Ellas no se ocultan.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea es extraña para nosotros. Hasta ahora nosotros no somos dueños de la frescura del aire ni del resplandor del agua. ¿Cómo nos lo pueden ustedes comprar? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo. Cada porción de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada bosque, cada claro y zumbador insecto es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente.

Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él un pedazo de tierra es igual a otro, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemigo, y cuando la ha conquistado, sigue adelante. Deja las tumbas de sus padres, los derechos de nacimiento de sus hijos son olvidados. Su apetito devorará la tierra y sólo dejará atrás un desierto. La vista de sus ciudades duele en los ojos del hombre. Pero talvez es porque el hombre pielroja es un salvaje y no entiende.

No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades de los hombres blancos. Ningún lugar para escuchar las hojas de la primavera o el susurro de las alas de los insectos. Pero talvez es porque yo soy un salvaje y no entiendo. El ruido sólo parece insultar los oídos. Y ¿qué queda de la vida si el hombre no puede escuchar el hermoso grito del pájaro nocturno o los argumentos de las ranas alrededor de un lago en la noche? El indio prefiere el suave sonido del viento horadando la superficie de un lago, el olor del viento lavado por una lluvia del mediodía o la fragancia de los pinos. El aire es valioso para el hombre pielroja. Porque todas las cosas comparten la misma respiración: las bestias, los árboles, el hombre. El hombre blanco parece que no notara el aire que respira. Como un hombre que muere por muchos días, es indiferente ante la hediondez.

Si decido aceptar, pondré una condición. El hombre blanco deberá tratar las bestias de esta tierra como hermanos. Yo soy un salvaje y no entiendo otro camino. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco que pasaba en el tren y los mataba. Yo soy un salvaje y no entiendo cómo, el caballo de hierro que fuma, puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué es el hombre sin las bestias? Si todas las bestias desaparecieran, el hombre blanco moriría de una gran soledad en el espíritu, porque cualquier cosa que les pase a las bestias también le pasa al hombre. Todas las cosas están relacionadas. Todo lo que hiere a la tierra herirá también a los hijos de la tierra.

Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros han sentido la vergüenza. Y después de la derrota convierten sus días en tristeza y contaminan su cuerpo con comidas dulces y bebidas fuertes. De poca importancia será el lugar en donde pasemos nuestros días -quedan muy pocos-. Unas pocas horas más, unos pocos inviernos, y ninguno de los hijos de las grandes tribus que una vez existieron sobre esta tierra, o que anduvieron en pequeñas bandas en los bosques, quedará para lamentarse ante las tumbas de una gente que fue otrora poderosa y tan llena de esperanzas como ustedes. Una cosa nosotros sabemos, que el hombre blanco puede descubrir algún día. Nuestro Dios es el mismo Dios. Usted puede pensar ahora que es dueño de Él, así como usted desea hacerse dueño de nuestra tierra. Y Su compasión es igual para el hombre blanco y el hombre pielroja. Esta tierra es preciosa para Él y hacerle daño a la Tierra es amontonar desprecio en torno a su Creador.

Los blancos también pasarán, talvez más rápido que otras tribus. Continúe contaminando su cama y alguna noche terminará asfixiándose en su propio desperdicio. Cuando los búfalos sean todos masacrados, los caballos salvajes todos amansados, y los rincones secretos de los bosques inundados por el aroma de muchos hombres, y la vista de la montaña repleta de esposas habladoras, ¿en dónde estará el matorral? Desaparecido. ¿En dónde estará el águila? Desaparecida. Y ¿qué es decir adiós a los prados y a la caza, al fin de la vida y al comienzo de la subsistencia? Nosotros talvez entenderíamos si supiéramos qué es lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas les transmite a sus niños en las noches largas de invierno, qué visiones le queman la mente para que puedan desear el mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros. Y porque tales sueños están escondidos, nosotros iremos por nuestro propio camino. Si nosotros aceptamos será para aceptar la reservación que se nos ha prometido. Allí talvez podremos vivir como deseamos los pocos días que nos quedan. Cuando el último pielroja haya desaparecido en la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas tierras aún albergarán aún albergarán el espíritu de mi gente porque ellos aman la tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre.

Si nosotros les vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla como nosotros la hemos cuidado. Retengan en sus mentes el recuerdo de la tierra, tal como está cuando ustedes la tomen, y con todas sus fuerzas, con todo su poderío, y con todos sus corazones, consérvenla para sus hijos y ámenla así como Dios nos ama a todos. Una cosa sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes. Esta tierra preciosa para Él. Aún el hombre blanco no puede quedar excluido de un destino común".

martes, 10 de mayo de 2011

DUELO ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE: LEONARDO BOFF EN EL PAÍS DE COSTA RICA

Duelo entre la vida y la muerte

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 30/04/2011
En uno de los más bellos himnos de la liturgia cristiana de Pascua, que nos viene del siglo XIII, se canta que «la vida y la muerte trabaron un duelo; el Señor de la vida fue muerto, pero ahora reina vivo» Este es el sentido cristiano de la Pascua: la inversión de los términos del combate. Lo que parecía derrota era en verdad una estrategia para vencer al vencedor, es decir, a la muerte. Por eso la hierba no creció sobre la sepultura de Jesús. Resucitado, garantiza la supremacía de la vida.

El mensaje viene del campo religioso que se inscribe en lo más profundo del ser humano, pero su significado no se restringe a él. Adquiere una relevancia universal, especialmente en los días actuales, en que se traba física y realmente un duelo entre la vida y la muerte. Este duelo se realiza en todos los frentes y tiene como campo de batalla el planeta entero, envolviendo a toda la comunidad de vida y a toda la humanidad.

Ocurre esto porque, tardíamente, nos estamos dando cuenta de que el estilo de vida que escogimos en los últimos siglos implica una verdadera guerra total contra la Tierra. En el afán de buscar riqueza, y aumentar el consumo indiscriminado (el 63% del PIB norteamericano está constituido por el consumo, que se ha transformado en una cultura consumista real) todos los recursos y servicios posibles de la Madre Tierra están siendo saqueados.

En los últimos tiempos ha crecido la conciencia colectiva de que se está entablando un verdadero duelo entre los mecanismos naturales de la vida y los mecanismos artificiales de muerte desencadenados por nuestro sistema de vivir, producir, consumir y tratar los residuos. Las primeras víctimas de esta guerra total somos los propios seres humanos. Gran parte vive con insuficientes medios de vida, favelizados y súper explotados en su fuerza de trabajo. Lo que ahí se esconde de sufrimiento, frustración y humillación es indecible. Vivimos tiempos de nueva barbarie, denunciada por varios pensadores mundiales, como recientemente Tsvetan Todorov en su libro El miedo a los bárbaros (2008). Estas realidades que verdaderamente cuentan porque nos hacen humanos o crueles, no entran en los cálculos de los beneficios de ninguna empresa y no son consideradas en el PIB de los países, con excepción de Bután que estableció el Índice de Felicidad Interna de su pueblo. Las otras víctimas son todos los ecosistemas, la biodiversidad y el planeta Tierra como un todo.

Recientemente, el premio Nobel de economía Paul Krugmann revelaba que 400 familias norteamericanas detentan ellas solas una renta mayor que la del 46% de la población trabajadora estadounidense. Esta riqueza no cae del cielo. Se hace por medio de estrategias de acumulación que incluyen trampas, súper especulación financiera y puro y simple robo, fruto del trabajo de millones de personas.

Para el sistema vigente, y debemos decirlo con todas las letras, la acumulación ilimitada de ganancias es considerada como inteligencia, la rapiña de recursos públicos y naturales como destreza, el fraude como habilidad, la corrupción como sagacidad y la explotación desenfrenada como sabiduría gerencial. Es el triunfo de la muerte. ¿Será posible que en ese duelo lleve la mejor parte?

Lo que podemos decir con toda seguridad es que en esa guerra no tenemos ninguna posibilidad de ganar a la Tierra. Ella existió sin nosotros y puede continuar sin nosotros. Nosotros sí la necesitamos a ella. El sistema dentro del cual vivimos es de una espantosa irracionalidad, propia de seres realmente dementes.

Analistas de la huella ecológica global de la Tierra nos advierten de que, debido a la conjunción de las muchas crisis existentes, podremos conocer en un futuro no muy lejano tragedias ecológico-humanitarias de extrema gravedad.

En este contexto sombrío cabe actualizar y escuchar el mensaje de Pascua. Posiblemente no escaparemos a un doloroso viernes santo, pero después vendrá la resurrección. La Tierra y la Humanidad todavía vivirán.

(*) Teólogo

lunes, 2 de mayo de 2011

"EL AMBIENTE FRENTE AL ABUSO DEL DERECHO", José Gregorio Hernández en El Universal

 

http://www.eluniversal.com.co/columna/el-ambiente-frente-al-abuso-del-derecho

El ambiente frente al abuso del derecho


JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO


Emmanuel Kant concebía el Derecho como el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos. Es decir, dentro de un concepto de equilibrio y razonabilidad, la libertad y los derechos individuales no son absolutos; terminan donde principian la libertad y los derechos de los demás, de tal modo que el uso desmedido de las propias libertades y derechos, que lesiona la libertad y los derechos de otros, es ilegítimo y no está amparado por el ordenamiento jurídico.
En el Derecho moderno impera el criterio según el cual todas las personas deben tener garantizados por un Estado Social y Democrático todos los derechos esenciales, que les corresponden en razón de la dignidad humana. De allí se derivan a la vez valores jurídicos como la igualdad, la tolerancia y el pluralismo, hoy incorporados explícitamente en la Constitución colombiana de 1991.
Ese mismo Derecho moderno rechaza la concepción absoluta de los derechos individuales. Al individuo éstos sólo le son reconocidos como tales en la medida en que no colidan con los derechos de los otros, ni con los de la colectividad, ni con el orden jurídico.
De modo que los derechos del individuo son eminentemente relativos y su ejercicio se encuentra supeditado al cumplimiento de las obligaciones, deberes y cargas que el sistema jurídico consagra en cabeza de quien los invoca.
En consecuencia, como lo dice el artículo 95 de nuestra Carta Política, “el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades”. Y toda persona está obligada -dice la norma- a “respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios”.
Hace muchos años, el jurista Zacharías, para mostrar en qué consiste el abuso del derecho, traía el ejemplo de un abogado que cantaba para molestar a su vecino.
Josserand y Planiol, entre otros doctrinantes, desarrollaron el concepto del abuso del derecho, y códigos civiles de vieja data, como el español, declaran que la ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Y entre nosotros, los derechos subjetivos se protegen mientras su ejercicio no sea contra derecho ajeno.
El abuso del derecho, por su misma definición, no es el derecho sino que corresponde a lo que excede el derecho. Como decía Planiol, si hay abuso, no hay derecho. En otros términos, quien abusa de su derecho pisa terrenos distintos a los de su derecho; afecta los derechos sociales u otros derechos individuales, y por tanto carece de la protección propia del sistema jurídico, de la cual escapan los actos abusivos.
Conviene refrescar estos conceptos a propósito de los empresarios particulares que, abusando de su libertad de empresa y de sus derechos, han contaminado el ambiente, talado los bosques, envenenado los ríos, acabado con las especies animales, robado terreno público en aras de sus egoístas intereses, enturbiando el ambiente de las ciudades y los campos, con todo lo cual -como se recordaba el Viernes Santo, día de la tierra- han hecho todo lo posible por destruir el planeta.

*Abogado

sábado, 23 de abril de 2011

EL DEBATE KEYNES VS. HAYEK, ESCRIBE SANDRA RUSSO EN PÁGINA 12, ARGENTINA

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-166815-2011-04-23.html


Keynes vs. Hayek


 Por Sandra Russo
A propósito de la reunión en Buenos Aires de la Sociedad de Mont Pelerin, me puse a releer algunos párrafos de su fundador, el Premio Nobel de Economía 1974, Friedrich Hayek. Descubrí a la Sociedad de Mont Pelerin cuando estaba escribiendo Jallalla, mi libro sobre Milagro Sala. Paradojas. Buscando contexto para hablar de una organización social de excluidos que surgió en los ’90 en la provincia más pobre de un país salvajemente neoliberal, me topé con Hayek. Fue a través del libro Jujuy bajo el fuego neoliberal, editado en 2010 por la Universidad de Jujuy y compilado por el historiador Marcelo Lagos, que accedí al pensamiento de la Sociedad de Mont Pelerin. Era un acierto de ese libro incluir un capítulo introductorio sobre los postulados de ese economista austríaco, era necesario pasar por Hayek para entender la pobreza jujeña.

Se ha señalado en estos días que cuando Mario Vargas Llosa habla de la libertad, se refiere a la libertad de mercado, aunque hable de las libertades individuales, que son mucho más defendibles ante audiencias masivas. Después de todo, también la palabra “liberal” tiene sus yeites: en algún sentido, liberales somos todos los que no somos conservadores. El liberalismo inspiró a Whitman en su Canto a mí mismo. Pero la Sociedad de Mont Pelerin no habla exactamente de poesía.

Para Hayek, el mercado era una “fuerza natural”. Habla de él hasta con cierta lírica, y no importa qué es lo que haya que sacrificarle: el mercado es un dios pagano que exige víctimas propiciatorias. Lo extremo del pensamiento de Hayek fue creer a rajatabla en la sabiduría de los movimientos intestinales del mercado, casi se diría que los confundió con una coreografía celestial. Sin insistir demasiado en la fe democrática, Hayek sí insistió en la idea de mercado como una matemática con leyes propias a cuyo ritmo las sociedades deben abandonarse: éstas son, más específicamente, “las leyes de la desigualdad”.

Hayek defiende la desigualdad. Y cree que el Estado no tiene que hacer nada para remediarla. Ese es el paradigma neoliberal por excelencia, el que nunca se explicita, pero es la consecuencia, la experiencia, la memoria las que nos lo indican como certeza. Veámoslo a Macri.

Pero Hayek era un intelectual y en consecuencia defendió su teoría sin los eufemismos que sus seguidores usan como máscaras, ya que ahora, después de la verdadera experiencia neoliberal –después de todo, Hayek trabajó sólo teoría–, si hicieran campaña diciendo la verdad, nadie los votaría. Ese es el verdadero problema de esa ideología ante las democracias populares
latinoamericanas. No los “populismos”. El pensamiento que nació al fragor histórico de los Estados nazi, comunista o fascista, necesita siempre tener enfrente un eje autoritario para erigirse en defensor de la libertad. Y, en rigor, cualquier Estado que defienda a los débiles es para ellos autoritario. El deber del buen Estado neoliberal es privatizar, no estatizar. Y su fortaleza es la impiedad.

“El rápido progreso económico parece ser en gran medida el resultado de la desigualdad, y resultaría imposible sin ella. El progreso a tan rápido índice no puede proseguir a base de un frente unificado sino que ha de tener lugar en forma de escalón, con algunos más adelantados que otros”, escribió Hayek.

Si el Estado interviene para remediar la desigualdad, a eso lo llama “usar la fuerza”, y eso “destruye la libertad”. Y no hay peor enemigo del mercado que la organización social de cualquier tipo. La gente no tiene por qué andar organizándose, y los políticos no sirven para mucho: Hayek decidió que sus seguidores serían intelectuales, economistas, escritores.

Una breve digresión: la prueba y efecto del Pensamiento Unico, y el dispositivo de transmisión de poder que puso en marcha Hayek, es el caso de Aznar y Rodríguez Zapatero, o los partidos a los que representan, el PP y el PSOE. Aznar forma parte de la Sociedad de Mont Pelerin. Zapatero no, pero aplica las recetas neoliberales y España parece tener un gobierno socialista, pero qué importa.

Vargas Llosa ahora votará por Humala, que parece de izquierda, pero qué importa: la apuesta siempre será neutralizar a la política, infiltrarse en la realidad como “una fuerza natural” contra la que no se puede hacer nada. Hayek concibió un orden económico defendido por economistas e intelectuales para prescindir de la política. Ese es el espíritu de la Sociedad de Mont Pelerin, el nombre de la estación suiza en la que mantuvieron la primera reunión, en 1944. Entre los presentes estaba el joven Milton Fridman, a su vez Premio Nobel 1976, y quien se cargaría luego todos los dudosos laureles de la aplicación del neoliberalismo.

Aunque en su época existían realmente los enigmas de los regímenes totalitarios, Hayek demostró desde un principio que el suyo era un pensamiento tan radical que no podía virar el eje: pronto se convirtió en el principal detractor de las ideas de otro economista que buscaba respuesta para la Gran Depresión y cuyas ideas fueron las elegidas para dar vuelta la página histórica con el New Deal y luego con el Plan Marshall. El gran duelo económico y político de los años ’30 lo mantuvieron Friedrich Hayek y John Maynard Keynes.

Se me ocurrió googlear Hayek vs. Keynes, y lo que saltó fue un rap. Increíble. Lo produjo John Papola, un creativo ex MTV y Nickelodeon que ahora trabaja en Spike TV. Es un rap educativo, y con una letra que hace constar sus fuentes bibliográficas.

El estribillo es:
(Juntos) Hemos discutido al revés y al derecho por más de un siglo.
(Keynes) Yo quiero dirigir los mercados.
(Hayek) Yo quiero liberarlos.
(Juntos) Hay un ciclo de auge y contracción y buenas razones para temerlo.
(Hayek) Culpa a los bajos intereses.
(Keynes) No... Es el espíritu animal.
En 1974, Hayek compartió el Nobel de Economía con el sueco Gunar Myldar, un inspirador de Keynes. En los ’70, cuando el neoliberalismo ya era aplicado en varios países en democracia y en dictaduras, Myldar renunció a él, y pidió que se anulase el Nobel de Economía. En la ocasión, acusó a Hayek de “carecer por completo de conocimientos epistemológicos”.

En el fondo de esa objeción está el reproche por el fanatismo acrítico a las leyes del mercado, la sobreestimación de la economía y el desprecio por la política, especialmente por aquella que se piense como herramienta igualadora. Hayek no negó el “espíritu animal” del mercado, su salvajismo, la inercia en la que el grande se come al chico. Pero lo avaló, argumentando por ejemplo que muchas veces los países crecen gracias al desempleo, y que en consecuencia el Estado no debe hacer nada para evitarlo. Lo enmascaró con su idea de la libertad, de un modo que hoy suena brutal y pueril: “Cada hombre es libre de morirse de hambre”, aseguró.

El debate Keynes Vs. Hayek no está saldado. Lo demuestra la Sociedad de Mont Pelerin en Buenos Aires, y Vargas Llosa hablando de la libertad. Es bueno saber de qué habla Vargas Llosa cuando habla de libertad.

"las montañas de todos", columna de opinión, Mauricio García Villegas en El Espectador


Opinión |22 Abr 2011 - 10:00 pm

Mauricio García Villegas

Las montañas de todos

Por: Mauricio García Villegas

MONIQUE PERRIAUX ES UNA AMIGA francesa que conozco desde hace más de veinte años. Nació y vive en Grenoble, pero pasó seis años de su vida en Colombia (entre 1998 y 2006) de los cuales guarda muchos recuerdos y un hijo adoptado que se llama Sebastián. La semana pasada me encontré con Monique y estuvimos caminando por las montañas y hablando de la vida, de los amigos y de Colombia.


A mí me encanta Colombia —me dice Monique— sobre todo me gusta la gente, la manera dulce y amable como los colombianos tratan a los demás. Pero hay una cosa que no soporto de tu país —agrega con cierta amargura— ¿Qué cosa? —le pregunto yo— convencido de que me iba a hablar de la violencia tan cruda durante esos años en los que ella vivió en Colombia. ¡Que las montañas no sean de todos! —me responde—, eso es lo que me molesta.

En Grenoble —me dice Monique— las montañas (los Alpes) son públicas y la principal diversión de la gente durante los fines de semana es salir a caminar por ellas. Durante el invierto la gente hace esquí y en el resto del año, acampa, se baña en los ríos, observa los pájaros o trepa por los barrancos. Las montañas están llenas de senderos bien demarcados y trazados en mapas que se venden en las oficinas de turismo. Eso no sólo ocurre en Grenoble, sino en toda Francia y en toda Europa.

Ustedes en Colombia —me dice— tienen las montañas de los Andes, que son tan hermosas como los Alpes; sin embargo, como son propiedad privada, sólo se pueden ver de lejos; están todas cercadas con alambre de púas y hay que pedir permiso para pasar; no hay senderos abiertos, y los caminos reales de la Colonia están tapados o abandonados. ¿Cómo es posible —me dice Monique— que los Cerros de Bogotá o las montañas que rodean a Medellín o a Cali no sean grandes parques públicos a los que todo el mundo puede ir?

Pero Monique —le digo yo— Colombia es un país pobre y el Estado no tiene plata suficiente para expropiar grandes terrenos que puedan servir luego como parques. Falso, mi querido amigo —me responde ella— no es un problema de plata para comprar tierra, sino de voluntad política para hacer una reforma agraria. En tu país creen eso, es comunismo, pero todos los Estados de Europa hicieron reformas de ese tipo hace por lo menos un siglo y las hicieron con una visión liberal y capitalista. Más aún —agrega— estoy convencida de que la cosa es al revés de como tú lo dices: no es que Colombia no tenga reforma agraria por ser pobre, sino que es pobre porque no tiene reforma agraria.

A los ricos de tu país no les conviene del todo el desarrollo; y no les conviene porque no les interesa renunciar a los beneficios que obtienen de la sociedad tradicional en la que viven. Por eso buscan la mejor combinación posible entre una sociedad feudal y una sociedad capitalista. Mejor dicho, tratan de vivir en un país con el capitalismo suficiente para ganar dinero y disfrutar de los beneficios del consumo y con el feudalismo suficiente para seguir con los privilegios propios del hacendado que dispone de tierra y servidumbre a su antojo. Por eso los ricos de tu país que se dicen liberales (son pocos, en realidad) a lo sumo son liberales de lunes a viernes, cuando están en Bogotá o en Medellín, pero los fines de semana, cuando van a sus fincas, se comportan como los viejos hidalgos y señores de las haciendas.

Pero bueno Monique, hablemos de otra cosa, cuéntame de Sebastián —le digo yo— tratando de esquivar las ideas que me pasaban por la mente y que me perturban el paisaje.

jueves, 21 de abril de 2011

LA PERSISTENCIA HISTÓRICA DEL PATRIARCADO: BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS EN PÁGINA DOCE

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-166480-2011-04-18.html



EL MUNDO › OPINION

La persistencia histórica del patriarcado

 Por Boaventura de Sousa Santos *
No hay naturaleza humana asexuada; hay hombres y mujeres y, para algunos, otros sexos. Hablar de naturaleza humana sin hablar de la diferencia sexual es ocultar que la “mitad” de la humanidad integrada por las mujeres vale menos que la de los hombres. Bajo formas cambiantes según tiempo y lugar, las mujeres han sido consideradas seres cuya humanidad es problemática (más peligrosa o menos capaz) en comparación con la de los hombres. A la dominación sexual que este prejuicio genera la llamamos patriarcado y al sentido común que lo alimenta y reproduce, cultura patriarcal. La persistencia histórica de esta cultura es tan fuerte que, incluso en las regiones del mundo en las que ha sido oficialmente superada por la consagración constitucional de la igualdad sexual, las prácticas cotidianas de las instituciones y las relaciones sociales continúan reproduciendo el prejuicio y la desigualdad. Ser feminista hoy significa reconocer que esta discriminación existe y que es injusta, y desear activamente que sea erradicada. En las actuales condiciones históricas, hablar de naturaleza humana como si fuese sexualmente indiferente, sea en el plano filosófico o en el político, es pactar con el patriarcado.
La cultura patriarcal viene de lejos y atraviesa tanto a la cultura occidental como a las culturas africanas, indígenas e islámicas. Para Aristóteles, la mujer es un hombre mutilado y, para Santo Tomás de Aquino, siendo el hombre el elemento activo de la procreación, el nacimiento de una mujer es una señal de debilidad del procreador. A veces anclada en textos sagrados (la Biblia y el Corán), esta cultura ha estado siempre al servicio de la economía política dominante que, en los tiempos modernos, han sido el capitalismo y el colonialismo. En Tres Guineas (1938), en respuesta a un pedido de apoyo financiero para la guerra, Virginia Woolf se niega y, recordando la marginación de las mujeres en la nación, afirma provocativamente: “Como mujer, no tengo país. Como mujer, no quiero tener país. Como mujer, mi país es el mundo entero”. Durante la dictadura en Portugal, las Nuevas cartas portuguesas, publicadas en 1972 por Maria Isabel Barreno, Maria Teresa Horta y Maria Velho da Costa, denunciaban al patriarcado como parte de la estructura fascista que sostenía la guerra colonial en Africa. “Angola es nuestra” era el correlato de “las mujeres son nuestras” (de nosotros, los hombres), y con el sexo de ellas se defendía la honra de ellos. El libro fue incautado de inmediato porque justamente fue percibido como un libelo contra la guerra colonial, y sus autoras no fueron juzgadas sólo porque entretanto estalló la Revolución de los Claveles, el 25 de abril de 1974.
La violencia que la opresión sexual implica se produce bajo dos formas, hardcore y softcore. La versión hardcore es el catálogo de la vergüenza y el horror del mundo. En Portugal, en 2010 murieron 43 mujeres víctimas de la violencia doméstica. En Ciudad Juárez (México), en los últimos años fueron asesinadas 427 mujeres, todas jóvenes y pobres, trabajadoras de las fábricas del capitalismo salvaje, las maquiladoras, un crimen organizado conocido como femicidio. En varios países de Africa se sigue practicando la mutilación genital. En Arabia Saudita, hasta hace poco las mujeres ni siquiera tenían partida de nacimiento. En Irán, la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre en un accidente de tránsito; en un tribunal judicial, el testimonio de un hombre vale tanto como el de dos mujeres; en caso de adulterio la mujer puede ser lapidada hasta morir, una práctica que, por otro lado, está prohibida en la mayoría de los países de cultura islámica.
La versión softcore es insidiosa y silenciosa, se produce en el seno de las familias, las instituciones y las comunidades, no porque las mujeres sean inferiores sino, por el contrario, porque son consideradas superiores en su espíritu de abnegación y en su disponibilidad para ayudar en tiempos difíciles. Como es una disposición natural, no hace falta siquiera preguntarles si aceptan los encargos ni bajo qué condiciones. En Portugal, por ejemplo, los actuales recortes del gasto social del Estado victimizan en particular a las mujeres. Las mujeres son las principales proveedoras de cuidado a las personas dependientes (niños, ancianos, enfermos, personas con discapacidad). Si con la clausura de hospitales psiquiátricos y la ausencia de soluciones alternativas los enfermos mentales son devueltos a sus familias, el cuidado queda a cargo de las mujeres. La imposibilidad de conciliar el trabajo remunerado con el trabajo doméstico hace que Portugal tenga una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo. Cuidar de los vivos se torna incompatible con desear más personas vivas. Y esto es apenas una expresión extrema de algo que está pasando un poco por todas partes.
Pero la cultura patriarcal tiene, en ciertos contextos, otra dimensión particularmente perversa: la de crear en la opinión pública la idea de que las mujeres son oprimidas y, como tales, víctimas indefensas y silenciosas. Este estereotipo hace posible ignorar o desvalorizar las luchas de resistencia y la capacidad de innovación política de las mujeres.
Es así como se ignora el papel fundamental de las mujeres en la revolución de Egipto o en la lucha contra el saqueo de tierras en la India; la acción política de las mujeres que lideran municipios en tantas pequeñas ciudades africanas y su lucha contra el machismo de los líderes partidarios que bloquean el acceso femenino al poder político nacional; la lucha incesante y plena de riesgos por la punición de los criminales llevada a cabo por las madres de las jóvenes asesinadas en Ciudad Juárez; las conquistas de las mujeres indígenas e islámicas en su lucha por la igualdad y el respeto de la diferencia, transformando desde adentro las culturas a las que pertenecen; las prácticas innovadoras en defensa de la agricultura familiar y las semillas tradicionales de las mujeres de Kenia y de tantos otros países de Africa; la presencia de mujeres en los movimientos antimineros (recordemos la muerte de Betty Cariño Trujillo en Oaxaca) y en todos los que pelean por el reconocimiento de la naturaleza como “bienes comunes”, tal como ocurre en estos días en la Argentina; la palabra de las mujeres palestinas que, cuando son interrogadas por autoconvencidas feministas europeas sobre el uso de anticonceptivos, responden: “En Palestina, tener hijos es luchar contra la limpieza étnica que Israel impone a nuestro pueblo”.
* Doctor en Sociología del Derecho; profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.). Traducción: Javier Lorca.

INVIERNO Y POLITICA: COLUMNA DE OPINIÓN EN EL ESPECTADOR

http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-264540-invierno-y-politica

Opinión |20 Abr 2011 - 11:11 pm

Rodolfo Arango

Invierno y política

Por: Rodolfo Arango

EL MONSTRUO DEL INVIERNO RUGE Y arrasa las precarias viviendas de las gentes pobres sumiéndolas en la miseria.


El presidente Santos se apresura a llamar a la ola invernal en ciernes “la mayor tragedia natural de la historia del país”. Su capacidad poética lo llevó a afirmar en su reciente visita a Manizales que las montañas de Colombia “se están derritiendo”, para luego sostener que la situación “rebasa la capacidad del Estado”.
Una forma común de eludir la responsabilidad por la forma de gobernar es atribuir a la naturaleza los efectos de las actuaciones u omisiones políticas. El presidente Santos no es nuevo en el escenario. En 2001 lideró la reforma constitucional para frenar las transferencias y la descentralización, con el consecuente debilitamiento de la educación pública en las regiones, todo basado en razones de orden fiscal. La misma terapia que ahora pretende aplicar a nivel nacional. La visión fiscalista primó sobre el fortalecimiento del papel de los entes territoriales en el saneamiento ambiental y en la erradicación de la pobreza. El centralismo paternalista del entonces ministro de Hacienda desperdició la oportunidad de educar en la responsabilidad a las autoridades locales y regionales por el manejo de los crecientes recursos de las transferencias, como lo había concebido la Constitución de 1991.
El filósofo del derecho Ernesto Garzón Valdés, víctima de la dictadura argentina radicado en Alemania, llama la atención en su libro Calamidades, sobre la tendencia de atribuir a la naturaleza las consecuencias de la corrupción, las equivocaciones políticas y el desgobierno. Advierte que es común tildar de “tragedias” o “catástrofes” a fenómenos que con una acertada intervención previa del poder público habrían podido ser evitados.
Tantos años de olvido del campo; de sustracción de recursos a la educación pública rural; de carta blanca a los ganaderos y madereros para arrasar las selvas; de destrucción de las cuencas hidrográficas por colonos; de fumigaciones; de falta de planeación y desarrollo sostenible en un ambiente geográfico, geológico e hidrográfico complejo y desafiante como el colombiano. ¡Y los responsables políticos se lavan las manos con golpes de pecho y rezos a la virgen María!
No es gratuito que el presidente Santos tenga como embajador en Perú a Jorge Visbal Martelo, ganadero investigado por vínculos con paramilitares. Gran parte de los ganaderos y los mineros, los paramilitares, la guerrilla y los narcotraficantes, junto con políticos oportunistas y ambiciosos, son los responsables de la devastación de los bosques, de las cuencas de los ríos y de la exclusión social que lleva a los pobres a asentarte en las zonas más amenazadas por las crecientes sin cauce o en las faldas de las montañas deforestadas. La dirigencia política insiste en atribuir a hechos naturales las calamidades del invierno. Su pensamiento religioso es funcional a la evasión de la responsabilidad por un modelo de desarrollo extractivo y de explotación intensiva de la tierra y del subsuelo, en un contexto de autoridades de inspección y vigilancia venales o inexistentes.
Qué diferentes serían las cosas para Colombia si tuviéramos gobiernos verdes. ¡Pero verdaderamente verdes! Gobiernos que tuvieran al frente de sus carteras de Educación y Medio Ambiente no a personas inexpertas y ambiciosas sino a académicas y científicas, con títulos indiscutibles, impecable recorrido público y amplia experiencia en su campo como Guillermo Páramo, José Fernando Isaza, Ernesto Guhl o Manuel Rodríguez. Si así fueran las cosas tal vez no tendríamos que rezar tanto por las desgracias “naturales” que se avecinan para el país en las próximas décadas y quizás generaciones.

domingo, 10 de abril de 2011

CRÍMENES ECONÓMICOS CONTRA LA HUMANIDAD, ARTÍCULO EN EL PAÍS DE ESPAÑA

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Columna en El País-Madrid
LOURDES BENERÍA / CARMEN SARASÚA 29/03/2011
29 de marzo de 2011

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil".

Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.

Solo Islandia persiguió penalmente a los responsables de la crisis y dejó que sus bancos se hundieran

Los Gobiernos protegen a quienes han provocado la crisis

Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo.

Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo.

A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este.

Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.

En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella.

La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable.

Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.

En un artículo publicado en Businessweek el 20 de marzo de 2009 con el título "Wall Street's economic crimes against humanity", Shoshana Zuboff, antigua profesora de la Harvard Business School, sostenía que el que los responsables de la crisis nieguen las consecuencias de sus acciones demuestra "la banalidad del mal" y el "narcisismo institucionalizado" en nuestras sociedades.

Es una muestra de la falta de responsabilidad y de la "distancia emocional" con que han acumulado sumas millonarias quienes ahora niegan cualquier relación con el daño provocado.

Culpar solo al sistema no es aceptable, argumentaba Zuboff, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis solo a las ideas, y no a quienes los cometieron.

Culpar a los mercados es efectivamente quedarse en la superficie del problema. Hay responsables, y son personas e instituciones concretas: son quienes defendieron la liberalización sin control de los mercados financieros; los ejecutivos y empresas que se beneficiaron de los excesos del mercado durante el boom financiero; quienes permitieron sus prácticas y quienes les permiten ahora salir indemnes y robustecidos, con más dinero público, a cambio de nada.

Empresas como Lehman Brothers o Goldman Sachs, bancos que permitieron la proliferación de créditos basura, auditoras que supuestamente garantizaban las cuentas de las empresas, y gente como Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal norteamericana durante los Gobiernos de Bush y Clinton, opositor a ultranza a la regulación de los mercados financieros.

face="Arial" size="5"La Comisión del Congreso norteamericano sobre los orígenes de la crisis ha sido esclarecedora en este sentido. Creada por el presidente Obama en 2009 para investigar las acciones ilegales o criminales de la industria financiera, ha entrevistado a más de 700 expertos.

Su informe, hecho público el pasado enero, concluye que la crisis se hubiera podido evitar. Señala fallos en los sistemas de regulación y supervisión financiera del Gobierno y de las empresas, en las prácticas contables y auditoras y en la transparencia en los negocios.

face="Arial" size="5"La Comisión investigó el papel directo de algunos gigantes de Wall Street en el desastre financiero, por ejemplo en el mercado de subprimes, y el de las agencias encargadas del ranking de bonos. Es importante entender los distintos grados de responsabilidad de cada actor de este drama, pero no es admisible la sensación de impunidad sin "responsables".

En cuanto a las víctimas de los crímenes económicos, en España un 20% de desempleo desde hace más de dos años significa un enorme coste económico y humano. Miles de familias sufren las consecuencias de haber creído que pagarían hipotecas con sueldos mileuristas: 90.000 ejecuciones hipotecarias en 2009 y 180.000 en 2010.

En EE UU, la tasa de paro es la mitad de la española, pero supone unos 26 millones de parados, lo cual implica un tremendo aumento de la pobreza en uno de los países más ricos del mundo. Según la Comisión sobre la Crisis Financiera, más de cuatro millones de familias han perdido sus casas, y cuatro millones y medio están en procesos de desahucio.

Once billones de dólares de "riqueza familiar" han "desaparecido" al desvalorizarse sus patrimonios, incluyendo casas, pensiones y ahorros.

Otra consecuencia de la crisis es su efecto sobre los precios de alimentos y otras materias primas básicas, sectores hacia los que los especuladores están desviando sus capitales. El resultado es la inflación de sus precios y el aumento aún mayor de la pobreza.

En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.

Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas.

No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado.

Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.

De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos.

Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política.

Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.

sábado, 9 de abril de 2011

"La neurótica seguridad presidencial norteamericana": Leonardo Boff, en El País de Costa Rica

 http://elpais.cr/articulos.php?id=44155

La neurótica seguridad presidencial norteamericana

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 09/04/2011
Muchos de nosotros hemos conocido lo que significó la ideología de la seguridad nacional bajo las dictaduras militares en América Latina. La seguridad del Estado era el valor primero. En realidad se trataba de la seguridad del capital para que éste continuase con sus negocios y con su lógica de acumulación, más que propiamente de la seguridad del Estado. Esta ideología, en el fondo, partía del supuesto de que todo ciudadano es un subversivo real o potencial. Por eso, debía ser vigilado y eventualmente preso, interrogado y, si se resistía, torturado, a veces hasta la muerte. De este modo, se rompían los lazos de confianza sin los cuales la sociedad pierde su sentido. Se vivía bajo un pesado manto de desconfianza y de miedo.
Digo todo esto a propósito del aparato de seguridad que rodeó la visita del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a Brasil. Ahí funcionó en pleno la ideología de la seguridad, no nacional, sino presidencial. No se tuvo confianza en la capacidad de los organismos brasileros para garantizar la seguridad del presidente. Le acompañó todo el aparato de seguridad estadounidense. Vinieron inmensos helicópteros de tamaño tan monstruoso que había pocos lugares donde podían aterrizar, limusinas blindadas, soldados revestidos con tantos aparatos tecnológicos que más parecían máquinas de matar que personas humanas. Tiradores especiales colocados en los tejados y en lugares estratégicos junto con el personal de inteligencia. Cada rincón por donde pasaría la «corte imperial», las calles vecinas, casas y comercios fueron vigilados y revisados. Por razones de seguridad, fue cancelado el discurso que iba a dar al público en el centro de Río, en Cinelandia. Las personas invitadas a oír su discurso en el Teatro Nacional tuvieron que pasar antes por una minuciosa revisión.
¿Qué revela semejante escenario? Que estamos en un mundo enfermo e inhumano. Antes se tenía miedo de las fuerzas de la naturaleza, ante las cuales no teníamos mucha defensa, de demonios amenazadores o de dioses vengativos. Hoy tenemos miedo de nosotros mismos, de las armas de destrucción masiva, de las guerras de grandísima destrucción que algunos países centrales llevan a cabo. Tenemos miedo de los asaltos en la calle. Tenemos miedo de subir a los montes donde viven las comunidades pobres. Tenemos miedo hasta de los niños de la calle que nos pueden amenazar.
¿De qué no tenemos miedo?
Ya los clásicos enseñaban que las leyes, la organización del Estado y el orden público existen fundamentalmente para liberarnos del miedo y poder convivir pacíficamente.
Formalizando el pensamiento podemos, en primer lugar, decir que el miedo pertenece a nuestra existencia. Hay cuatro miedos fundamentales: el miedo a que nos quiten la individualidad y nos hagan dependientes o un mero número; el miedo a que nos corten las relaciones y nos castiguen a la soledad y al aislamiento; el miedo ante cambios que pueden afectar la profesión, la salud, y al límite, la propia vida; el miedo ante realidades inevitables y definitivas como la muerte. La forma como nos enfrentamos a estos miedos existenciales marca nuestro proceso de individuación. Si lo hacemos con valor, superando dificultades, crecemos. Si huimos y tratamos de evitarlos, acabamos debilitados y hasta avergonzados.
A pesar de toda nuestra ciencia que nos crea la ilusión de omnipotencia, volvemos a tener miedo de la Tierra y de sus fuerzas. ¿Quién controla el choque de las placas tectónicas? ¿Quién detiene un terremoto y frena un tsunami? No somos nada ante tales energías incontrolables, agravadas por el calentamiento global.
El miedo, pues, forma parte de nuestra condición humana. Se transforma en patología y neurosis cuando se busca evitarlo de tal forma que trastorna toda una realidad social y hace del espacio una especie de campo de batalla, tal como fue montado por las fuerzas de seguridad estadounidenses. Si un presidente visita un país y a su pueblo, debe asumir los riesgos que forman parte de la vida. En caso contrario, las autoridades de ambos lados mejor harían reuniéndose en un barco en alta mar, a salvo de miedos y peligros. Las estrategias de seguridad solamente revelan en qué mundo vivimos: el ser humano tiene miedo de los otros seres humanos. Somos rehenes del miedo y, por eso, sin libertad y sin alegría de vivir y de recibir a un visitante.
(*) Teólogo