viernes, 18 de noviembre de 2011

El XYZ de la Reforma a la Ley 30 de 1992 (Ley de Educación Superior). Por: Leopoldo Múnera

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El XYZ de la Reforma a la Ley 30 de 1992 (Ley de Educación Superior) PDF Imprimir E-mail
Lunes, 24 de Octubre de 2011 07:22
Por: Leopoldo Múnera
1. ¿Para qué y por qué una reforma a la educación superior?
La reforma está dirigida a reestructurar el mercado laboral en función de las nuevas formas de acumulación del capital y de la inserción acrítica y subordinada en la economía global.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la baja cobertura en la educación superior colombiana fue compatible con un tipo de desarrollo que no exigía una mano de obra especialmente cualificada. No obstante, los cambios en el proceso productivo, determinados por el post-fordismo y la globalización, exigen en la actualidad la formación de operadores competentes para hacer funcionar la nueva máquina social y productiva del capital en el país. De lo contrario, la competitividad en el mercado global y la capacidad de consumo de los nuevos bienes y servicios continuará siendo muy limitada.
Con este horizonte económico, se pretende que el mercado laboral del futuro esté conformado por una pequeña élite de profesionales con alta formación académica para los cargos directivos y los servicios especializados, un grupo un poco más amplio de profesionales con una formación intermedia y funcional a la máquina productiva, lo operadores calificados, y una gran masa de técnicos y tecnólogos con conocimientos básicos y flexibles, que ejecuten diferentes tipos de tareas cambiantes, sin reflexionar sobre ellas, o que puedan ser los empresarios de su propia pobreza.
Por consiguiente, la reforma a la Ley 30 de 1992 no implica una ruptura del modelo práctico para la educación superior seguido hasta el momento por Colombia, caracterizado por una reducida inversión pública y una educación superior de mediana o baja calidad y pertinencia, sino la profundización y reorientación del mismo, de acuerdo con la nueva fase de acumulación del capital.
Si la propuesta gubernamental es aprobada en el Congreso de la República, seguirán proliferando las instituciones privadas de “garaje” o “condominio” y las instituciones públicas con una pobre financiación estatal, fundamentalmente en las ciudades intermedias o en las capitales de los departamentos con menor presupuesto, al tiempo que se reforzará la mutación de la educación para el trabajo, como la del Sena, en una educación técnica y tecnológica con baja inversión por estudiante y ajena al desarrollo de capacidades críticas o innovadoras.
En términos generales, la educación de las elites se concentrará en unas pocas universidades privadas de alto costo y en algunas estatales con tendencias a asimilarse a aquellas, la de los cuadros medios en el resto de las universidades públicas sumidas en diferentes procesos de privatización o reconvertidas en mixtas y la de la mayoría de la población en la educación técnica y tecnológica de baja calidad, poca creatividad y salarios precarios. De esta forma piensa el Gobierno Santos insertar el país en el mercado global y enganchar la educación superior a las locomotoras del desarrollo.
2. Sin embargo, de acuerdo con la Ministra de Educación, se va a aumentar el presupuesto para la educación superior como nunca antes en la historia colombiana.
Si nos atenemos a las cifras dadas por la Ministra de Educación, sin explicar con claridad la destinación específica de los recursos ni cómo se calcularon, en los próximos tres años se va a incrementar el presupuesto para el sector en 1,5 billones de pesos para generar 600.000 nuevos cupos en el pregrado y 45.000 en el postgrado. Para las instituciones públicas se van a destinar 420.000 millones de pesos “frescos” para generar 95.000 cupos. Además, entre 2012 y 2022 los recursos nuevos llegarán a ser 11.1 billones de pesos.
Sin duda, en términos absolutos el presupuesto va a aumentar. ¿Pero va a suceder lo mismo en términos relativos, es decir en lo que el Estado invierte por cada estudiante, suma que se ha venido reduciendo notoriamente en los últimos años?
Veamos:
De acuerdo con las cifras oficiales, el presupuesto anual por cada estudiante, sumados los de pregrado y postgrado, inscrito en una institución de educación superior, pública o privada, es de $ 4.764.164 (8,06 billones de pesos dividido por 1.691.797 estudiantes) y el de las instituciones públicas es de $4.557.635 (4,24 billones de pesos dividido por 930.307 estudiantes). Ambos son menos de la mitad del presupuesto per cápita mexicano.
En virtud de la reforma se van a destinar 1,5 billones de pesos para los tres primeros años, con el propósito de generar 645.00 cupos nuevos. Es decir, por cada estudiante nuevo se van a invertir $ 2.325.581 para el primer trienio, $ 775.194 por año. Una sexta parte de lo que se invierte en la actualidad. No hay que olvidar que el 76% de los cupos nuevos debe ser ofrecido por instituciones oficiales y que después de 2014 los cupos deberán seguir aumentando hasta llegar a un 64%. de la tasa bruta de cobertura.
A las universidades públicas, que tienen un déficit acumulado cercano a los 715.000 millones de pesos, se les asignará un poco más de la mitad del mismo, 420.000 millones de pesos, en los tres años, con el propósito de que ofrezcan 95.000 cupos nuevos: $4.421.052 por estudiante para el trienio, $1.473.684 cada año. Menos de una tercera parte.
Desde luego, estas proyecciones son meramente ilustrativas, pues los 645.000 cupos nuevos son la meta para el tercer año y para llegar a ella se debe seguir un aumento progresivo. Sin embargo, si calculamos el presupuesto per cápita necesario de acuerdo con el que actualmente existe en las instituciones públicas, los 1.5 billones de pesos solo servirían para 329.118 cupos nuevos en un año, conservando una calidad de la educación mediana y baja.
No es necesario hacer más operaciones, aunque desde luego pueden ser afinadas, para deducir que en las instituciones públicas el presupuesto por estudiante se va reducir y que, por consiguiente, si se aprueba la reforma, el presupuesto relativo de las instituciones públicas va a disminuir.
Dos datos más permiten confirmar este cálculo. Si se estima que por cada treinta estudiantes es necesario un profesor de tiempo completo, promedio muy superior al actual, se deberían contratar 21.500 docentes para atender los nuevos cupos. Si se les pagara un salario promedio bajo, comprendidos todos los gastos laborales, de $2.500.000 mensuales, solo la nómina costaría cada año $650.000 millones de pesos. En tres años superaría el presupuesto previsto en la reforma para el periodo comprendido entre 2012 y 2014. No quedarían recursos para laboratorios, proyectos de investigación, aulas, honorarios de los auxiliares de docencia, equipos informáticos, etc.
Para los subsidios de sostenimiento, matrícula y tasas de interés se prevé $915.000 millones de pesos; $472.868 por año para cada uno de los 645.00 cupos nuevos. ¿Con tan pocos recursos se podrá bajar la tasa de deserción del 45%? ¿El gobierno no está haciendo demagogia con cifras absolutas gigantescas que en términos relativos son diminutas? ¿Si se quiere ofrecer una educación superior de calidad no se debe tener en cuenta el presupuesto por estudiante en las universidades públicas y privadas de calidad que hay en Colombia, el cual fluctúa entre 10 y 22 millones por año? ¿No se deberían incrementar paulatinamente los recursos para la educación superior, como un porcentaje del presupuesto de gastos de la nación, teniendo como referencia las instituciones que el mismo gobierno ha considerado de alta calidad?
3. ¿Con este presupuesto se puede ofrecer una educación de calidad, incluso si el único criterio son las competencias laborales?
La reforma no está orientada a crear una educación superior de calidad, sino a convertir el modelo del SENA, cuya educación para el trabajo fue deformada durante el gobierno de Uribe al disfrazarla de educación técnica y tecnológica de calidad, en la principal alternativa de educción superior para la juventud colombiana, especialmente para los sectores más pobres de la población. Así no tendremos derecho ni a una educación para el trabajo pertinente, ni a una educación técnica y tecnológica de calidad
Para inflar las estadísticas de cobertura, el gobierno de Uribe en un poco más de un año, entre noviembre de 2009 y diciembre de 2010, le dio la certificación de calidad a 72 programas del SENA. Batió así todos los récords latinoamericanos y mundiales. Ese es el camino que desea seguir el gobierno actual: hacer una reforma para la educación superior que se fundamente en una educación para el trabajo travestida en educación técnica y tecnológica y en una educación superior articulada alrededor de competencias laborales acríticas que inhiben la capacidad creativa de los estudiantes.
De los 465.000 cupos nuevos para los próximos tres años, 395.000 (85%) deben ser generados por las instituciones técnicas y tecnológicas públicas, incluido el SENA. ¿De dónde van a salir los docentes especializados? ¿Dónde están los recursos para la formación de profesores que permitan la innovación que requiere el país? ¿Cuál va a ser la inversión en los laboratorios indispensables para que este tipo de educación sea de calidad? ¿La infraestructura se va a reducir a salones para jornadas triples? ¿Es esta la educación superior de calidad que no están prometiendo? ¿De esta manera vamos a superar el 13% de programas, el 8% de instituciones de alta calidad y el 13,5% de profesores con doctorado? ¿Se ha reflexionado sobre el tipo de profesional que necesita Colombia para salir de la situación de pobreza y violencia en la que está sumida o solo se está pensando en crear condiciones para la expansión de la inversión extranjera en el país? La calidad implica pensar en la pertinencia social de la educación superior y en los objetivos colectivos que se pretende alcanzar con ella mediante la formación, la investigación y la interacción con el conjunto de la sociedad.
Cualquiera que sea la manera como el gobierno entiende la calidad está engañando a los estudiantes de educación básica o media y a los padres de familia que esperan en el futuro que sus hijos puedan acceder a instituciones que les ofrezcan una educación superior que le sirva a ellos y a Colombia, y no solo a un pequeño número de inversionistas nacionales y extranjeros.
4. Pero de todas formas fueron retiradas del proyecto de reforma las instituciones con ánimo de lucro.
Las instituciones con ánimo de lucro fueron criticadas por miembros de la comunidad académica colombiana, entre ellos por rectores de universidades públicas y privadas, pues son vistas como un negocio en el que con una baja inversión se esperan sacar grandes ganancias, ofreciendo un producto, la educación, que solo puede ser de calidad cuando se asume como una inversión social destinada a generar beneficios individuales y colectivos, pero no ganancias económicas.
No obstante, el conjunto de la reforma conserva la ideología del ánimo de lucro: ampliación de mano de obra con una formación básica y flexible, baja inversión pública que no implique una mayor carga tributaria y ganancias para el capital, mediante la formación de una fuerza de trabajo de bajo costo. Los intereses del conjunto de la sociedad colombiana son totalmente olvidados.
Adicionalmente, a pesar de las declaraciones de la Ministra, la definición poco clara de las instituciones mixtas deja abierta la posibilidad de que el ánimo de lucro se cuele por ellas y de que sean la única alternativa para las instituciones públicas que por la falta de recursos estatales se encaminen hacia la quiebra. En este caso, estas últimas quedarían listas para someterse al Régimen de Insolvencia Empresarial contemplado en la ley 1116 de 2006 y consagrado en el proyecto de reforma, que curiosamente en su articulado exceptúa a la mayoría de las instituciones prestadoras de servicios públicos, por ser una norma aprobada solo para las instituciones con ánimo de lucro.
El ánimo de lucro no ha desaparecido de la reforma.
Para poder sobrevivir, las universidades públicas colombianas cada vez se parecen más a empresas productoras de mercancías: amplían la contratación de profesores ocasionales a bajo costo, sustituyen las investigaciones que sus comunidades consideran pertinentes por consultorías rentables económicamente para las instituciones y los profesores, o reducen la interacción con la sociedad a la denominada “extensión remunerada”. En consonancia con estas actividades, la dirección académica está siendo sustituida por nuevas formas de gerencia, poco compatibles con las actividades académicas, inspiradas en la simple eficacia económica. De igual manera, los profesores son obligados a comportarse como microempresarios de sus proyectos para poder realizarlos y en medio del mercado de créditos académicos, muchos estudiantes escogen sus asignaturas electivas de acuerdo con un cálculo de costo y beneficio de tipo económico y no del sentido que le desean dar a su formación. Finalmente, la tendencia a privilegiar dentro de los nuevos recursos el subsidio o el crédito a la demanda, destinado a los estudiantes individualmente considerados, sobre el subsidio a la oferta, destinado a las instituciones, crea una competencia universitaria alrededor de la financiación dominada por la reducción de costos y no por la ampliación de la calidad. La reforma va a agudizar estas características que están deformando la educación superior pública con rasgos propios de las empresas con ánimo de lucro.
5. ¿Acaso en la reforma no se define la educación superior como un derecho?
La primera propuesta de reforma elaborada por el gobierno de Juan Manuel Santos fue criticada por los rectores y las comunidades académicas por reducir la educación superior a su condición de servicio público.
En consecuencia, la Ministra de Educación decidió corregir el error en la nueva versión. La educación superior pasó a ser un derecho, un servicio y un bien público basado en el mérito y la vocación. Sin embargo, el texto de la reforma no desarrolla en ninguno de sus artículos lo referente al derecho.
De acuerdo con la caracterización contemporánea más generalizada, acogida por las Naciones Unidas, el derecho a la educación tiene cinco componentes básicos: la asequibilidad o disponibilidad, la accesibilidad, la adaptabilidad o permanencia de los estudiantes, la aceptabilidad o la calidad y el respeto por la diversidad. Ninguno es garantizado en el proyecto de ley, ni siquiera considerado en sus aspectos más elementales.
¿Cuáles y de qué tipo van a ser las instituciones encargadas de garantizar el aumento de la cobertura de tal forma que se realice el derecho mediante la oferta de diferentes alternativas de calidad? ¿Cómo se le va a garantizar a los estudiantes un acceso en condiciones de igualdad y no de segmentación y diferenciación jerarquizada? ¿Qué políticas públicas de bienestar se van a implementar para evitar la deserción? ¿Quién determina la calidad de la educación superior y mediante qué mecanismos participativos? ¿Cómo se va a garantizar la diversidad étnica y cultural definida por la Constitución Política? Ninguno de estos interrogantes puede ser respondido mediante el texto del proyecto de ley, a menos que se recurra a las virtudes mágicas y azarosas de la fórmula manida: más cobertura con menos recursos relativos.
6. ¿La reforma no estructura por primera vez un sistema de educación superior en Colombia?
El sistema que supuestamente va a organizar la nueva ley es más bien un embrollo o conjunto amorfo donde caben todas las instituciones relacionadas con la educación superior en una unidad sin diferenciaciones internas, sin funciones, sin una estructura jerárquica y sin articulaciones entre los distintos tipos de instituciones y con los otros niveles del sistema educativo en su conjunto.
En este maremágnum educativo solo sobresale la omnipresencia del Estado y de sus dependencias como reguladores absolutos de la amalgama educativa. Todas las IES (Instituciones de Educación Superior) tienen autonomía, sin que nadie se haya preguntado por el origen académico de la misma, basado en la existencia de comunidades académicas productoras de sentido social y societal, y en su fundamento constitucional, limitado a las universidades; la educación terciaria, como la ofrecida por el SENA, que ha servido para aumentar la estadísticas de cobertura y los indicadores de financiación, es rebautizada legalmente como superior; los títulos en los diferentes niveles pueden ser otorgados por todas las instituciones, sin importar los requisitos que debe reunir una comunidad académica para ofrecer programas de maestría y doctorado, siempre y cuando tenga la acreditación de alta calidad, conferida por un gobierno con la obsesión de ampliar la cobertura a toda costa; todas pueden organizarse por ciclos; y los dos organismos sistémicos, el CESU (Consejo Nacional de Educación Superior) y el SUE (Sistemas de Universidades Estatales) son, en el mejor de los casos, cuerpos consultivos sin ninguna incidencia en la adopción de decisiones.
De esta manera, la existencia de comunidades académicas compuestas por miembros con altos niveles de formación (la exigencia mínima del título de maestría para los profesores queda reservada en la propuesta de reforma para las instituciones públicas) y caracterizadas por comprender en su complejidad campos de conocimiento diversos, interactuar permanente con la sociedad y articularse alrededor de la investigación, pierde su relevancia ante cualquier tipo de institución que sea considerada por el Estado como de “alta calidad” y que en consonancia con tal calificación tenga la patente de corso para expedir todo tipo de títulos
Este embrollo no constituye un simple recurso retórico, destinado a producir una eficacia simbólica limitada dentro de la nueva norma; es decir, a generar reconocimiento dentro de algunos sectores de las directivas universitarias o de la comunidad académica que con sentido pragmático pueden ver en él un gran avance hacia la constitución de un eventual sistema a mediados del siglo XXI. Permite además ampliar los ámbitos de intervención del Estado en desmedro de la autonomía universitaria, seguir jugando nacional e internacionalmente con las estadísticas de cobertura y de financiación, al fusionar toda la educación terciaria y superior en la masa de las IES, y convertir la denominación universidad, que contiene una rica historia social, política e institucional, en una especie de título nobiliario postrevolucionario: inútil y con muy poca incidencia práctica.

7. ¿Tampoco hay una ampliación de la autonomía?
Como se dijo con anterioridad, la autonomía se extiende a todas las instituciones de educación superior (IES) sin ninguna diferencia. Fundamentalmente se trata de una autonomía empresarial, de gestión, para rendirle cuentas transparentes a un gobierno que en forma heterónoma define el derrotero del sector y se reserva la facultad omnímoda de reconocer o no a las instituciones que participan en él.
La exclusión de los consejos académicos, conformados en su mayoría por los miembros de las comunidades académicas, de los órganos de gobierno, para incluirlos posteriormente, mediante un eufemismo, como cabezas de una dirección académica supeditada al consejo superior, con las características de una junta directiva, no es sino el símbolo del desprecio por la autonomía universitaria que campea en todo el texto de la reforma.
La función de inspección y vigilancia, de la cual afortunadamente se suprimió la inconstitucional intervención directa en las instituciones que incluso estaba prevista como medida preventiva, centrada en los compromisos de cumplimiento, y en la tipificación abierta e imprecisa de las faltas , tiene más bien las características de una función disciplinaria y de control institucional.
En términos financieros, la reforma mantiene las restricciones presupuestales que atentan contra la autonomía universitaria y, en contra de los fallos reiterativos de la Corte Constitucional, somete los nuevos recursos financieros a condicionamientos gubernamentales.
Al igual que la ley 30, el proyecto del gobierno solo reconoce una autonomía institucional restringida en cabeza de las directivas, que a su vez, en las universidades públicas, seguirán siendo nombradas por Consejos Superiores donde la representación de la comunidad universitaria es claramente minoritaria y la influencia del gobierno nacional o departamental decisiva.
Tampoco se reconoce una autonomía sistémica. En el CESU (Consejo Nacional de Educación Superior) las universidades sólo tienen dos representaciones directas en un conjunto de diez y siete miembros, las del Rector de la Universidad Nacional de Colombia y la del Presidente del SUE, mientras el gobierno tiene seis, incluido el Director del SENA, el denominado sector productivo dos, las asociaciones profesionales uno, y las IES en su conjunto los seis restantes. El CNA, a su vez, estará integrado por miembros nombrados por el CESU, y la CONACES (Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior) por tres miembros del gobierno y uno del sector productivo. Es decir, en la regulación de la calidad de la educación superior no participan las universidades, tampoco el resto de las IES, a menos que lo hagan como invitadas especiales. Solo el SUE (el retórico Sistema de Universidades Estatales) tiene una composición mayoritaria de las universidades, pero para cumplir tareas operativas y de racionalización y optimización de los recursos. La autonomía sistémica no está ni siquiera en los bordes más lejanos del horizonte de sentido de los reformadores y, por consiguiente, las universidades no van a tener la más mínima injerencia en la formulación de las políticas públicas para el sector o en el gobierno externo de las instituciones.
8. De acuerdo con la Ministra, el último proyecto de reforma fue el resultado de una amplia participación de la comunidad académica en el debate.
Los últimos gobiernos, y también las autoridades académicas de las universidades públicas, han ido institucionalizando lo que en teoría política se denomina una simulacra: la participación de la sociedad en debates destinados a legitimar decisiones previamente adoptadas, la cuales solo sufren retoques en virtud del proceso participativo.
Leopoldo Múnera Ruiz
Profesor Asociado
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Nacional de Colombia                                                                                                                                                                              Director Observatorio Nacional de Paz
21 de octubre de 2011
 

martes, 8 de noviembre de 2011

"La difícil búsqueda de la autorealización": Leonardo Boff, en El País, de Costa Rica

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=56967



La difícil búsqueda de la autorealización

04/11/2011
por Leonardo Boff
Prevalece ampliamente hoy en día una erosión de los valores éticos que normalmente eran vividos y transmitidos por la familia y después por la escuela y la sociedad. Esa erosión ha hecho que las estrellas-guía del cielo quedasen encubiertas por las nubes de intereses dañinos para la sociedad y para el futuro de la vida y el equilibrio de la Tierra.
No obstante esta oscuridad, hay que reconocer también
la aparición de nuevos valores ligados a la solidaridad internacional, al cuidado de la naturaleza, a la transparencia en las relaciones sociales y al rechazo de formas de violencia represiva y de transgresión de los derechos humanos. Pero ni aun así ha disminuido la crisis de valores, especialmente en el campo de la economía de mercado y de las finanzas especulativas. Estas son las que definen los rumbos del mundo y el día a día de los asalariados, que viven bajo la permanente amenaza del desempleo.
Las crisis recientes han denunciado a las mafias de especuladores instalados en las bolsas y en los grandes bancos, cuyo elevado número y capacidad de rapiña del dinero ajeno casi hizo derrumbarse el sistema financiero mundial. En vez de estar en la cárcel, tales bellacos, después de pequeños reajustes, han vuelto al antiguo vicio de la especulación y al juego de la apropiación indebida de los «commons», de los bienes comunes de la humanidad (agua, semillas, suelos, energía, etc.).
Esta atmósfera de anomia y de que todo vale, que se extiende también a la política, hace que el sentido ético quede embotado y, ante la corrupción general, las personas se sientan impotentes y condenadas a la amargura ácida y a la resignación humillante.
En este contexto muchos buscan sentido en la literatura de autoayuda, hecha de trozos de psicología, sabiduría oriental, espiritualidad con recetas para la felicidad completa, todo ello una ilusión, porque no se sustenta ni se apoya en un sentido realista y contradictorio de la realidad. Otros se procuran psicólogos y psicoanalistas que dan consejos mejor fundados, pero en el fondo todo termina con las siguientes recomendaciones: dado el fracaso de las instancias creadoras de sentido, como son las religiones y las filosofías, y habida cuenta de la confusión de visiones del mundo, de la relativización de valores y del vacío del sentido existencial, busque usted mismo su camino, trabaje su Yo profundo, establezca usted mismo referencias éticas que orienten su vida y busque su autorrealización.
Autorrealización: la palabra mágica cargada de promesas.
No seré yo quien combata la autorrealización después de haber escrito El águila y la gallina, una metáfora de la condición humana (Trotta 2002), libro que estimula a las personas a encontrar en sí mismas las razones de una autorrealización sensata. Ésta resulta de la sabia combinación de la dimensión águila y de la dimensión gallina. Cuándo debo ser gallina, es decir, concreto, atento a los desafíos de lo cotidiano, y cuándo debo ser águila que busca volar alto para, en libertad, realizar potencialidades escondidas. Al articular tales dimensiones se crea la posibilidad de una autorrealización exitosa.
Pienso que esta autorrealización sólo se alcanza si incorpora seriamente otras tres dimensiones. La primera es la dimensión de sombra. Cada cual posee su lado autocentrado, arrogante, y otras limitaciones que no nos ennoblecen. Esta dimensión no es un defecto sino un signo de nuestra condición humana. Acoger tal sombra, y cuidar de que sus efectos negativos no alcancen a los demás, nos hace humildes, comprensivos con las sombras ajenas y nos permite una experiencia humana más completa e integrada.
La segunda dimensión es la relación con los otros, abierta, sincera y hecha de intercambios enriquecedores. Somos seres de relación. No hay ninguna autorrealización si se cortan los lazos con los demás.
La tercera dimensión consiste en alimentar un cierto nivel de espiritualidad. Con esto no quiero decir que la persona deba pertenecer a alguna confesión religiosa. Puede ocurrir pero no es imprescindible. Lo importante es abrirse al capital humano/espiritual que, al contrario del capital material, es ilimitado y hecho de valores como la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor.
En esta dimensión surge la pregunta inaplazable: ¿Qué sentido tiene al final mi vida y todo el universo? ¿Qué puedo esperar? ¿La vuelta al polvo cósmico o el abrigo en un Útero divino que me acoge así como soy?
Si esta última es la respuesta, la autorrealización traerá profundidad y una felicidad íntima que nadie puede quitar.

COLOMBIA, EL TERCER PAÍS MÁS DESIGUAL DEL MUNDO: ANÁLISIS EN PORTAFOLIO

http://m.eltiempo.com/economia/negocios/impuestos-son-la-clave-para-que-exista-equidad-segun-experto/10713350/1/home


Impuestos son la clave para que exista equidad según experto

Impuestos son la clave para que exista equidad según experto
Ricardo Bonilla es economista, con Maestría en comercio de la Universidad de Rennes (Francia).

Ricardo Bonilla explica por qué el país, pese a haber avanzado, es tercero con mayor desigualdad.

Que el desempleo haya llegado a un dígito, que la esperanza de vida haya crecido en 30 años en el último medio siglo y que varios índices que miden la calidad de vida digan que el país marcha muy bien, no significa que seamos un país equitativo.

Así lo explica Ricardo Bonilla, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad Nacional, CID, que habló con EL TIEMPO, a propósito del más reciente informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, que ubica a Colombia como el tercer país más desigual, entre 129 estudiados, y solo por debajo de Haití y Angola.

¿Qué explica que un país en franco ascenso económico aparezca tan mal ubicado?
Porque el indicador de desigualdad tiene sus trampas, un país muy igualitario es Cuba, pero usted ve que, aunque igualitario, allí hay muchas penurias. Una cosa no quita la otra. Colombia tiene unos ingresos más altos pero no ha hecho la tarea en el tema de la desigualdad.

¿Qué tan grande es la brecha?
El 10 por ciento más rico de los colombianos, 4,6 millones, posee el 45 por ciento de la riqueza. Si le sumamos a los segundos más ricos, en total 9 millones, ambos concentran el 61 por ciento de la riqueza. Y esto quiere decir que los 37 millones de colombianos restantes solo tienen acceso al 39 por ciento de la riqueza.

¿Y no incide que hoy haya menos desempleo?
Mire, en 1994 había 14 millones de trabajadores, 8 millones asalariados y 4 millones independientes, el resto patronos, servicio doméstico y familiares. Hoy hay 20 millones, pero 6 millones son asalariados y 9 millones independientes, en estos últimos están las cooperativas de trabajo, los emprendedores que buscan sobrevivir, y esto no es empleo de calidad.

¿Qué factores inciden más en la desigualdad?
Son cuatro principales: la mala distribución de la tierra, hay 3 millones de familias campesinas con solo 5 millones de hectáreas y al otro extremo un grupo de 3 mil propietarios que tienen 40 millones de hectáreas. La concentración del capital accionario, el país tiene 2 millones de accionistas, pero solo 2.000 de ellos tienen el 82 por ciento de las acciones. La brecha en la educación: la escolaridad no es la misma en los ricos que en los pobres. Y la política tributaria, que en Colombia no es progresiva y está erosionada por exenciones, y en eso el gobierno anterior fue un campeón.

¿Por dónde comenzar a solucionar este problema?
Por una real reforma tributaria, progresiva en el impuesto de renta, sin exenciones. Por una reforma agraria, que podría comenzar con la aprobación de la Ley de Víctimas. Y con mucha voluntad política.

domingo, 16 de octubre de 2011

"SEGUNDO PARAISO TERRENAL", ARTURO GUERRERO EN EL COLOMBIANO

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/S/segundo_paraiso_terrenal/segundo_paraiso_terrenal.asp


Segundo paraíso terrenal

Arturo Guerrero | Medellín | Publicado el 12 de octubre de 2011
Pinta, Niña y Santamaría, extenuadas, no creen en el horizonte. Esas palmeras punteadas, agua azulísima, gentes aleladas y desnudas y alegres y por entero ajenas. En la orilla el estupor es par. Inmensos árboles con telas siluetean un enigma por encima de su flotación milagrosa, ¿acaso el sol envía mensajeros de plata con alguna recomendación amable?

El tiempo se estira, los navíos superan las olas gracias a migajas de potencia restantes. Hombres de lado y lado aguardan un contacto extrañísimo, ignorantes de que están a punto de multiplicar por dos la realidad. Tamaña gracia no se había dado nunca ni para los barbados de acero ni para los fornidos expectantes cuajados de plumas.

Son prolongados minutos de revelación paulatina que generan encrespamiento en las imaginaciones. Dos universos mentales se debaten sobre las mismas agua y arena. Estos elementos, únicos e infinitos para los ojos blancos de las estrellas, son del todo antagónicos en sentido según los miren los advenedizos o los eternos habitantes tropicales.

En instantes se juega la suerte de miríadas de generaciones. O estos seres humanos se encuentran, se admiran, se interrogan, se enriquecen por parejo, se enamoran. O se huelen, se acorazan, intentan sacar provecho, se engañan, se exterminan.

Sucede que en unos comanda el miedo, apadrinado por la codicia. Y el miedo obnubila, permite ver únicamente peligro y oportunidad, ingredientes a los que están acostumbrados los hijos de un imperio expansivo. A los recién llegados no los mueve ni impulso de humanidad ni curiosidad hacia lo radicalmente otro. Vienen por algo, no por alguien.

Los de la orilla observan, montan cautela, pues son demasiado ellos mismos. La tierra es magnánima en maíz y sal, el agua proporciona alimento sin pausa, el mundo es ancho y no ajeno. Acogerían con viandas a los hambrientos engendros de la niebla, con tal de que estos no muerdan ni quemen ni abran carnes con hierros.

No hay acuerdo en el hallazgo. El milagro se malbarata. Truenan tubos, vuelan flechas, ladran fieras, sangres idénticas riegan el escenario del desembarco de todos los milenios. En esos momentos se torció el destino, lo que pudo ser no fue, siglos futuros lamentarán semejante desperdicio.

Y aquí estamos, herederos de aquel doce de octubre, expulsados unos y otros con espada flamígera, del segundo paraíso terrenal.

domingo, 2 de octubre de 2011

"SEGUNDA CARTA A LAS IZQUIERDAS": BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS EN PÁGINA 12, ARGENTINA

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-178098-2011-10-03.html



EL MUNDO › OPINION

Segunda carta a las izquierdas

 Por Boaventura de Sousa Santos *
La democracia política presupone la existencia del Estado. Los problemas que vivimos hoy en Europa muestran dramáticamente que no hay democracia europea porque no hay Estado europeo. Y porque muchas prerrogativas soberanas fueron transferidas a instituciones europeas, las democracias nacionales hoy son menos sólidas porque los Estados nacionales son post–soberanos. Los déficit de las democracias nacionales y el déficit democrático de Europa se retroalimentan y se agravan porque, mientras tanto, las instituciones europeas decidieron transferir a los mercados financieros (es decir, a media docena de grandes inversores, al frente de los que está el Deutsche Bank) parte de las prerrogativas transferidas a ellas por los Estados nacionales. Al ciudadano común hoy le será fácil concluir (lamentablemente sólo hoy) que fue una trama bien urdida para incapacitar a los Estados europeos de desempeñar tanto sus funciones de protección de la ciudadanía contra riesgos colectivos como de promoción del bienestar social. Esta trama neoliberal ha sido urdida en todo el mundo, Europa sólo tuvo el privilegio de ser “tramada” a la europea. Veamos cómo sucedió.

Está en curso un proceso global de desorganización del Estado democrático. La organización de este tipo de Estado se basa en tres funciones: la función de confianza, por medio de la cual el Estado protege a los ciudadanos contra fuerzas extranjeras, crímenes y riesgos colectivos; la función de legitimidad, a través de la cual el Estado garantiza la promoción del bienestar, y la función de acumulación, con la cual el Estado garantiza la reproducción del capital a cambio de recursos (tributación, control de sectores estratégicos) que le permitan desempeñar las otras dos funciones.

Los neoliberales pretenden desorganizar el Estado democrático a través de la inculcación en la opinión pública de la supuesta necesidad de varias transiciones.

Primera transición: de la responsabilidad colectiva a la responsabilidad individual. Según los neoliberales, las expectativas de la vida de los ciudadanos derivan de lo que ellos hacen por sí mismos y no de lo que la sociedad puede hacer por ellos. En la vida tiene éxito quien toma buenas decisiones o tiene suerte, y fracasa quien toma malas decisiones o tiene poca suerte. Las condiciones diferenciadas de nacimiento o de país no deben ser significativamente alteradas por el Estado.

Segunda transición: de la acción del Estado basada en la tributación a la acción del Estado basada en el crédito. La lógica distributiva de la tributación le permite al Estado expandirse a costa de las ganancias más altas, lo que, según los neoliberales, es injusto, mientras que la lógica distributiva del crédito obliga al Estado a restringirse y a pagar todo a sus acreedores. Esta transición garantiza la asfixia financiera del Estado, la única medida eficaz contra las políticas sociales.

Tercera transición: del reconocimiento de la existencia de bienes públicos (educación, salud) e intereses estratégicos (agua, telecomunicaciones, correos) que deben ser cuidados por el Estado a la idea de que cada intervención del Estado en un área potencialmente rentable es una limitación ilegítima de las oportunidades para el lucro privado.
Cuarta transición: del principio de la primacía del Estado al principio de la primacía de la sociedad civil y del mercado. El Estado es siempre ineficiente y autoritario. La fuerza coercitiva del Estado es hostil al consenso y a la coordinación de los intereses y limita la libertad de los empresarios, que son quienes crean riqueza (a los trabajadores no se los menciona). La lógica imperativa de gobierno debe ser sustituida en la medida de lo posible por la lógica cooperativa de gobierno entre intereses sectoriales, entre ellos el Estado.

Quinta transición: de los derechos sociales a la filantropía y a las ayudas en situaciones extremas de pobreza o incapacidad. El Estado social exageró la solidaridad entre ciudadanos y transformó la desigualdad social en un mal cuando, de hecho, es un bien. Entre quien da limosna y quien la recibe no hay igualdad posible, uno es sujeto de la caridad y el otro es objeto de ella.

Ante este perturbador recetario neoliberal, es difícil imaginar que las diferentes izquierdas no estén de acuerdo sobre el principio “mejor Estado, siempre; menos Estado, nunca”, y que de eso no saquen conclusiones.
* Doctor en Sociología del Derecho.
Traducción: Javier Lorca.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA HISTORIA DE MOGOTES, UN PUEBLO ARMADO DE CORAJE CONTRA LA VIOLENCIA

http://www.eltiempo.com/justicia/la-paz-tambien-se-premia_10444644-4

Publicado en El Tiempo:


Un municipio con su propia Constituyente / Premio Nacional de Paz

Mogotes
Imagen de la plaza central de Mogotes, municipio santandereano.
Foto: Archivo

Esta es una de las crónicas de colombianos que se armaron de coraje en contra de la violencia.

Hasta el 10 de octubre están abiertas las postulaciones al Premio Nacional de Paz 2011, otorgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, EL TIEMPO Casa Editorial, Caracol Radio, Caracol Televisión, Revista Semana, Proantioquia y Fescol.

Las bases de la convocatoria y el formulario de inscripción están disponibles en la página www.fescol.org.co. Los aspirantes deben enviar sus propuestas en la sede de Fescol (Calle 71 No. 11 - 90) en Bogotá.

El galardón se otorga desde 1999 a una o varias personas o entidades que hayan contribuido de manera destacada a concretar y realizar procesos exitosos de paz que aporten a procesos de reconciliación y apoyo a las víctimas.

Esta es la historia del Pueblo Soberano de Mogotes, el primero en recibir este premio. Fue publicada en el 2010 en el libro 'Crónicas. Premio Nacional de Paz'.

Los Soberanos
La casa soberana es ahora silencio; desde el solar vienen los gorjeos de copetones, cadilleros y palomitas y en la cocina suena bajo un vallenato. Flor Figueroa limpia los asientos que bordean el patio interior. Lo hace pese a que desde hace cuatro años nadie los ocupa. Son sillones abultados, taburetes de espaldar recto y sillas livianas donde antes pasaban las tardes de domingo los miembros del comité operativo de la Asamblea Municipal Constituyente de Mogotes (AMC). Ahora ellos, los soberanos, van de uno en uno, de tarde en tarde y prefieren charlar en la cocina o en el patio trasero repleto de flores. En estos tiempos hablan en privado de duelos, viajes, enfermedades, tierras y animales. Antes, cuando llegaban los dieciséis se sentaban en círculo y hablaban de política.

Es domingo 2 de agosto y en Mogotes celebran misa a las diez. Flor Figueroa va a la ceremonia con fervor ¿porque Dios no es responsable de los actos de los sacerdotes ¿dice, y la bacterióloga practicante que vive en una de las habitaciones de la casa se dirige a la morgue del hospital donde yace el cadáver del segundo hombre asesinado en Mogotes en este 2009. Un rayo de sol entra por el postigo entreabierto y la casa parece menos sola.

También hay mercado en Mogotes. Los campesinos abarrotan las tiendas en busca de sal, aceite, jabón, harina y algunos granos antes de escuchar el sermón y luego tomar rumbo a las veredas. Hace cuatro años no tenían tanta prisa cuando era domingo de asamblea. Doscientos de ellos aplazaban compras y regresos para cumplir la cita ciudadana en el teatro Nazaret. Al final de la tarde, Mogotes era todavía una muchedumbre capaz de oponerse a la violencia, la corrupción y la pobreza con palabras y acciones.

Yolanda Díaz espera el bus que la llevará a Chuchiquirá, vereda a la que representó en la Constituyente y donde es líder de las juntas de acción comunal, del acueducto y de los fiqueros.
Su afán es regresar a la casa antes del medio día para abrir la tienda que le completa el sustento. Como es domingo, los campesinos paran en su fonda y piden maltas, gaseosas y cervezas; en semana procesa el fique que cultiva en hectárea y media de tierra familiar.

A esos oficios se dedica desde que el proceso constituyente entró en receso. ¿Nosotros creíamos que éramos de hierro, pero las agresiones nos hicieron mella ¿confiesa, y luego reflexiona¿: Aquí ya saben que uno piensa diferente y por eso los que nos reuníamos en la casa soberana estamos señalados. Yo digo que simplemente tenemos identidad.

El bautizo
Las campanas llamaron a misa el 20 de diciembre de 1997. Los mogotanos, sobrevivientes de los nueve días de pánico que siguieron al ataque guerrillero del 11 de ese mes, tomaron las empedradas calles rumbo a la catedral.

Los pasos los llevaron sobre las huellas de la metralla disparada por 150 guerrilleros del frente Efraín Pabón del Eln; trajeron el recuerdo de Ana Duarte, Ofelia Rojas, Álvaro Bautista, Luis Leal y Luis Alfonso Torres, las dos civiles y los tres policías asesinados durante el enfrentamiento; e inspiraron rezos por la vida de Doryam Giovanny Rodríguez Avellaneda, el alcalde de apenas 23 años secuestrado por los subversivos para juzgarlo por continuar las prácticas de su padre Luis Alberto Rodríguez, a quien los guerrilleros señalaron de esquilmar las arcas municipales en cuatro periodos de gobierno.

En la iglesia, durante el colofón de la toma pacífica del poblado en la que participaron unas 3.000 personas, el miedo cedió ante las palabras de los sacerdotes que infundieron dignidad y valor frente a la primera toma guerrillera a un municipio de la provincia de Guanentá, Santander.

Ese día en Mogotes circuló un comunicado recio en el que Leonardo Gómez Serna, Obispo de Socorro y San Gil, y Ernesto Serrano Rueda, Vicario General, denunciaron y rechazaron la violencia ejercida por el Eln, la corrupción de los dirigentes políticos en el poder, la complacencia de algunos líderes que frente a malos manejos sacaron provecho y la negligencia de las autoridades que debían investigar y no lo hicieron.

En consecuencia con lo expuesto, los sacerdotes solicitaron a los insurgentes respetar la vida de todos y dejar en libertad al Alcalde; sugirieron a los funcionarios de la alcaldía renunciar; pidieron a los grupos políticos enfrentados con el Alcalde abandonar el debate, abstenerse de participar en las siguientes elecciones y permitir que las organizaciones cívicas y comunitarias lideraran una elección libre y soberana de representantes y gobernantes.

¿Sugerimos ¿agregaron los religiosos en el mensaje público¿ a todos los ciudadanos y ciudadanas mogotanos, que en un acto de conciencia y de responsabilidad se declaren en desobediencia civil con la presente administración y con todos los grupos políticos que han manejado los intereses, las instituciones y los recursos del municipio, e instalen una asamblea local que conduzca a Mogotes en este momento, hasta que todo finalice en unas elecciones libres, transparentes y verdaderamente democráticas.

Las palabras del Obispo avivaron el fuego de la tradición comunera de Mogotes. Él, ordenado en el auge de las ideas revolucionarias del cura Camilo Torres y tocado por el llamamiento de Golconda-Buenaventura firmado en 1968 por cincuenta sacerdotes comprometidos con la defensa de los pobres, expuso que un pueblo sólo puede gobernarse con justicia si se hace soberano. Ese fue el mensaje que envió, el camino que señaló.

¿Nosotros conocimos el planteamiento de la Iglesia antes de la marcha del 20 ¿relata José Antonio Díaz, líder soberano¿. Unas 50 personas nos reunimos con los sacerdotes al otro día de la toma pensando en qué hacer. Se lanzó la idea de una marcha pero nosotros no podíamos solos. La Iglesia era la única que podía hacerle un llamado la subversión. Entonces los que estábamos ahí dijimos que la Iglesia era la única que podía ayudar y los religiosos nos escucharon.

Un sacerdote misionero, formado en el seminario de Yarumal bajo la consigna de San Lucas "A evangelizar a los pobres me envió el Señor", fue designado para acompañar a Mogotes. Joaquín Mayorga, curtido en resolución de conflictos, algunos de ellos con actores armados en Buenaventura y Santander, propuso las primeras preguntas: ¿por qué se dio la toma guerrillera?, ¿cuáles son las consecuencias de esa acción?, ¿qué es necesario hacer? Un grupo de líderes salió por calles y veredas a construir las respuestas con las voces de los ciudadanos.
Mientras los laicos avanzaban en la pesquisa social a través de asambleas vecinales, los curas se acercaron a los grupos armados. Joaquín Mayorga, hoy en el exilio, cuenta que buscó acercamientos con la guerrilla: ¿Usando la figura de los diálogos pastorales buscamos la liberación del Alcalde. El ELN estaba radicalizado, al retener al muchacho quería obligar a su padre a presentarse para ajusticiarlo por corrupción.

Después de tres meses de conversaciones con el frente Efraín Pabón, mediante los líderes del frente Domingo Laín, el Alcalde recobró la libertad el 3 de abril de 1998 y se comprometió a renunciar al cargo, a no participar más en política, a desistir de apoyar grupos paramilitares y a abandonar Mogotes con sus padres.

A la liberación del Alcalde, considerada el primer logro del trabajo en comunidad, se sumó el diagnóstico. Según las indagaciones y tal como lo cuenta hoy Joaquín Mayorga, tres ejes soportaban el conflicto. Frente a la violencia ejercida por la guerrilla, los paramilitares y el Ejército, las familias abandonaban las tierras, guardaban silencio o se unían con uno de ellos. La corrupción la encaraban lamentándose, aliándose con el poderoso o denunciándolo pese a no creer en la justicia. Y la pobreza los llevaba a emprender proyectos productivos que casi siempre fracasaban, tras lo cual sólo les quedaba emigrar para no caer en la indigencia.

Una Asamblea Municipal Constituyente fue la figura creada para institucionalizar un proceso que ya se conocía en la cabecera municipal y en las 29 veredas de Mogotes. La Constituyente fue creada para "trabajar por el desarrollo integral, la construcción de la paz y el ejercicio libre de la soberanía popular". Los 240 delegados, organizados en doce comisiones, coordinados por quince representantes y presididos por tres personas, se reunieron para instalar la asamblea el 6 de abril de 1998, y esta emitió su primer mandato soberano. Solicitó, mediante una consulta popular, que el Alcalde recién liberado renunciara. El 27 de abril, 4.474 ciudadanos, de un total de 4.880 votantes, apoyaron la propuesta de la AMC. Este resultado y la renuncia del Alcalde el 9 de mayo siguiente le dieron al pueblo una fortaleza política desconocida hasta entonces en Colombia.

La comunión
José Antonio Galán yacía en la mesa de comer de la casa del cura de Mogotes. No había muerto por el arcabuz de la corona española, ni descuartizado por los verdugos, ni exhibidos su cabeza, sus manos y sus pies en Guaduas, El Socorro, San Gil, Charalá y Mogotes. Yacía con su carne hecha pan: harina, huevos, mantequilla, sal y levadura al fuego. El líder comunero era un extraño cuerpo diseñado y horneado por partes según los imaginarios de cada soberano y a diferentes temperaturas.

El cura no dijo cuerpo de Cristo para inducir a los soberanos a la comunión. Simplemente la ofreció y ellos, dieciséis, tomaron trozos y los llevaron a sus bocas. Los masticaron, supongo, como jamás lo habrían hecho con la hostia fabricada apenas con harina y agua. Entraron en unión mística con el líder que perdió la vida 217 años atrás, como agitador de la Revolución Comunera. Invocaron el coraje con que él defendió los derechos de indígenas, negros y mestizos y le pidieron al Espíritu Santo los bañara con sabiduría para guiar a su pueblo.

Los que comulgaron no eran criollos asfixiados por el control a los cultivos de tabaco y la producción de aguardiente o inmovilizados por la prohibición del trueque como lo fueron los primeros comuneros. Eran ciudadanos colombianos agobiados por guerrilleros y paramilitares que secuestraban, extorsionaban, masacraban y destruían; birlados por administradores locales corruptos, hegemónicos y autoritarios; empobrecidos por los bajos precios del fique, fibra natural reemplazada por hilos sintéticos duraderos y baratos. Eran los líderes de la AMC de Mogotes, los que fueron elegidos por más de dos centenares de conciudadanos para que los representaran en la máxima instancia de gobierno, los que se disponían una tarde de 1998 en unión política y religiosa a cumplir una misión escrita en decenas de cartulinas: "Con la Biblia y la Constitución, haremos la revolución".

Un poder simbólico ungió a los soberanos, quienes recuerdan la convicción y el valor con el que, como miembros del comité operativo, encararon la misión de hacer de Mogotes un pueblo soberano.

José Antonio Díaz, aún convaleciente después de un infarto, revive el momento: ¿Estábamos tan convencidos que no creíamos que pudieran detenernos. Queríamos hacer todo bien y rápido. Yo me entregué al proceso. Álvaro Abril, maestro desde hace 33 años y experto en los dramas de los más pobres, reconoce cuál fue su inspiración: ¿Me animó el valor del campesino que viajaba horas en bestia para llegar a la reunión. Y si ellos, la mayoría pobre y sin educación, trabajaban por su pueblo, ¿por qué yo no iba a hacerlo si tenía mejores condiciones en muchos sentidos?
Carmenza Rojas, quien perdió a su hermana menor en la toma guerrillera, se declara convencida de la necesidad del cambio social en Colombia y dice: ¿Yo me dediqué a la Asamblea de día y de noche, en semana y los domingos. Leonardo Padilla recuerda por qué se unió al proceso mientras repasa las actas de la Asamblea en su computador portátil: ¿Yo fui soldado y uno del Ejército sale con el cerebro lavado, a uno le construyen pensamientos para la guerra. Yo escuché a los líderes en 1998 y me quedé con ellos convencido de que era posible cambiar nuestro destino.

Héctor Zanguña maniobra la cabrilla de su autobús rumbo a San Gil y rememora su niñez huyendo de los conservadores en los brazos de su padre. ¿Porque he sufrido la persecución política estaba seguro de que un proceso democrático era sano para todos ¿confiesa. Yolanda Díaz, ya en el bus que la llevará a su casita azul reflexiona: ¿Yo estaba convencida de que teníamos responsabilidades en todo lo que pasaba y que como ciudadanos debíamos actuar. A mí, por ejemplo, me tocaba enfrentar a mi papá; en cosas de política éramos agua y aceite.

Las palabras de Joaquín Mayorga, pronunciadas con la energía de los expertos en el púlpito, son útiles para sintetizar las vocaciones de cientos de mogotanos: ¿Teníamos la fuerza para emprender un proceso subversivo en el sentido de que en Colombia nunca el pueblo se había gobernado realmente y la oportunidad de hacerlo en Mogotes estaba dada. Así que emprendimos un proceso que sin ser ilegal no estaba enmarcado totalmente por las leyes. De eso nos dimos cuenta después. Nos acogimos al artículo 3 de la Constitución y ejercimos la soberanía.

En la voluntad del pueblo se cimentaron los mandatos soberanos, algunos de ellos inéditos en la historia de la democracia colombiana: las papeletas para la revocatoria del mandato del alcalde llevaban los nombres y las firmas de los sufragantes, que podían ser todos los mayores de quince años. Los servidores públicos debían ser honestos, conciliadores, capacitados para manejar lo público, políticamente imparciales, sencillos, serviciales, alegres, de buen genio y acogedores de la palabra de Dios.

Los candidatos a cargos de elección pública debían inscribirse ante la AMC. El candidato que resultara elegido estaba obligado a desarrollar el plan de gobierno elaborado por la Asamblea que, además, oficiaba como primera dama. Tomando como espejo el movimiento cooperativo, en torno al cual se organiza la vida de muchos pueblos en Santander, las jerarquías municipales cambiaron: el alcalde era considerado el gerente del municipio y los ciudadanos, asociados. Por lo anterior, el mandato del alcalde se reconocía sólo por un año, al cabo del cual era sometido a evaluación.

Además, la AMC participó en la elaboración del Esquema de Ordenamiento Territorial, organizó veedurías para el gasto público, nombró comisiones para elaborar proyectos económicos dirigidos a las comunidades más pobres y eligió voceros para reunirse con procuradores, gobernadores, obispos, grupos alzados en armas y agentes de organizaciones internacionales.

El 26 de julio de 1998, después de una campaña regida por principios éticos emanados de la Asamblea, José Ángel Gualdrón se convirtió en el primer alcalde de la nueva era de Mogotes.
Surgido del seno del proceso constituyente, el primer gerente del municipio ejecutó el plan de gobierno elaborado por el pueblo en las asambleas locales, trabajó en conciliación con el Consejo Municipal, rindió informes permanentes a las veedurías, alentó el trabajo social liderado por la Iglesia y tuvo el honor de recibir a decenas de visitantes colombianos y extranjeros que viajaron hasta Mogotes para conocer al pueblo ganador del Primer Premio Nacional de Paz en 1999 y, luego, sede de la presentación del programa Cien municipios por la paz.

La crucifixión
¿Quiénes fueron los autores?, ¿a qué horas lo hicieron?, ¿cuál fue el orden de la ejecución? Son algunas de las preguntas para las que no hay respuestas. Sólo se sabe que apenas abrió la mañana luminosa y fría de Mogotes, 16 patevacas del parque principal ya estaban decapitados.
La noticia entró a cafés y panaderías; se filtró por postigos, pasó de largo por los corredores y llegó a las cocinas; pegó en el hospital, en los colegios y en el cementerio; llegó al teatro, a la emisora y a los billares; pasó por el asilo de ancianos y llegó al albergue de las niñas; gritó en peluquerías, sacudió los expendios de carne, silenció la cooperativa; hizo eco en la capilla de la vieja normal, subió por carreteras, atravesó los sembrados de pencas y se conoció en las veredas. Los 13.000 mogotanos se turbaron con el mensaje y los soberanos entraron en pánico.
El mensaje se dirigía a los 16 miembros del comité operativo de la Asamblea (quince laicos y el padre Mayorga), los mismos que completaban cinco años representando al poder soberano. La imagen de los árboles descopados se convirtió en el símbolo de la
clausura del proceso constituyente de Mogotes, en el fin de una serie de amenazas, intimidaciones y ataques de los enemigos de la soberanía del pueblo, en el comienzo de los relatos fragmentados que los soberanos reconstruyen hoy como recuerdos y que todavía les producen taquicardias e insomnios.

Cinco días después de la toma, la madre del Alcalde secuestrado acusó al cura de Mogotes de incitar al Eln a perseguir a su familia.

Con sus declaraciones al periódico 'Vanguardia Liberal', Ligia Avellaneda marcó el tono de un señalamiento que aún pesa sobre quienes por esos días seguían a los sacerdotes en la búsqueda de un camino para que Mogotes alcanzara la paz. Todos, campesinos o curas, maestros o artesanos, transportadores o empleados, cargan todavía con la acusación de ser guerrilleros.
Las coincidencias entre algunos apartes del comunicado del Obispo conocido el 20 de diciembre de 1997 y los planteamientos expuestos por el Eln en un panfleto que distribuyó en enero de 1998 en Mogotes, reafirmaron a quienes habían levantado el dedo acusador.

Curas y guerrilleros escribieron en contra de la corrupción en el manejo de los dineros públicos y pidieron la renuncia de todos los funcionarios de la Alcaldía. La guerrilla agregó el reconocimiento de tener en su poder al Alcalde y la prohibición a los ciudadanos de unirse a las Convivir.

Apenas nació la AMC, que se gestó con él ánimo de la Iglesia católica en torno al análisis y solución de la corrupción, la violencia y la pobreza, ya estaba marcada por sus enemigos con el sello del Eln. A esa impronta acudieron los opositores del proceso: militares, políticos locales convertidos en gamonales, paramilitares, ciudadanos incómodos con mandatos soberanos, delincuentes comunes que pescaron en río revuelto y, paradójicamente, la misma Iglesia que le dio vida.

El mayor general Fernando Roa Cuervo y el general Tobías Durán Quintillana señalaron a la Asamblea de tener nexos con la guerrilla para quitarle fuerza al movimiento social. El primero dijo que el segundo se apuró a declarar que la consulta para pedir la renuncia del Alcalde había sido manipulada por el ELN, y el segundo que el ELN sacaba provecho del movimiento de Mogotes pues obedecía a intereses similares a su lucha.

No valieron las declaraciones del Obispo en contra de tales afirmaciones ni sus denuncias por los abusos de la fuerza pública en la población. Los uniformados protagonizaron escaramuzas y recorridos por las veredas haciéndose pasar por guerrilleros, allanaron casas campesinas, detuvieron sin orden judicial a un campesino, hermano de una delegada a la Asamblea, y lo presentaron como auxiliador de la guerrilla, poseedor de una granada y de un camuflado del Ejército.

Para mayo de 1998, a sólo un mes de instalada la Asamblea, cada soberano ya cargaba con su lápida, dice el padre Joaquín Mayorga para ilustrar hasta dónde llegaban los señalamientos. El mismo Obispo Gómez Serna denunció, el 20 de mayo, haber recibido un sufragio. Ese mensaje anónimo acrecentó los miedos, pues una amenaza para el máximo jerarca de la fe católica de la región era un mensaje para todos. Detrás del sufragio llegaron chismes, boletas, insultos, exclusiones y hasta un panfleto en el que acusaban a algunos soberanos de atracar buses, ganar dinero con el mercado del sexo, rezar de día y pasar la noche en los campamentos de la guerrilla, robar dinero de los cafeteros y vaciar las arcas del hospital.

En medio de estas aguas agitadas, la AMC de Mogotes recibió el Premio Nacional de Paz el 21 de octubre de 1999. Acontecimiento que sin duda le dio aliento, fortaleza y valentía para llegar a octubre de 2000, cuando sucedieron dos hechos transcendentales. El 11 de ese mes, los soberanos durmieron tranquilos. Lograron, durante tres días, ser espléndidos anfitriones de la presentación nacional e internacional del proyecto Cien municipios por la paz.

Pero al día siguiente volvió la zozobra cuando el ELN asesinó a Luis Alberto Rodríguez Vargas, el gamonal del pueblo, el padre del Alcalde vencido en la consulta, el mismo a quien los soberanos ubicaron en la otra orilla de la política7.

El asesinato del hombre que por casi dos décadas dominó a Mogotes también condenó a muerte a la Asamblea. Los no pocos seguidores del viejo dirigente conservador señalaron a los soberanos de estimular y auspiciar el crimen. Y ellos, abatidos por el miedo, se encerraron en sus casas a masticar su pánico y a esperar.

Unas horas antes del sepelio, el padre Mayorga, después de interrumpir un viaje al exterior y pese a los deseos de la familia en duelo de no verlo en la ceremonia y a la prohibición del Obispo de ir al pueblo, llegó a la casa cural y se encerró. Desde allí le anunció al país que comenzaba un ayuno hasta que el ELN, las Farc, los paramilitares y el Ejército manifestaran públicamente su respeto por la Asamblea, los constituyentes renovaran su compromiso político y la familia Rodríguez Avellaneda anunciara que no tomaría venganza.

Ocho días después y con las declaraciones escritas de todos los actores -incluida una petición de perdón del Eln por dañar el proceso- abandonó su huelga de hambre y se dispuso a la defensa de Pedro Neira, presidente colegiado de la Asamblea, encarcelado por su presunta participación en el crimen. Ocho meses tardó el juicio que exoneró al campesino de responsabilidades, quien, con su boleta de libertad en la mano, fue a Mogotes, vio sus calles por última vez y salió con su familia y sin un peso a buscar otro pueblo donde plantar su vida.

En las siguientes elecciones para alcalde, el 29 de julio de 2001, ganó el conservador Norberto Tijo quien, al cerrar su discurso de posesión ante la Asamblea, dijo: ¿A mí sí me toca trabajar con los partidos políticos. Si no trabajo con los partidos, Mogotes sigue atrasado. Pues, ¿cómo vamos a conseguir los recursos para el desarrollo de Mogotes? Ustedes saben que los presupuestos nacionales los dirigen los partidos liberal y conservador, principalmente. Los congresistas son de esos partidos y si uno no cuenta con ellos es muy difícil conseguir recursos. El gerente que estamos posesionando hoy, tiene que ser un gerente que haga gestión, que consiga recursos para Mogotes. Muchas gracias.

Con esas palabras, Tijo anunció el regreso de la vieja forma de hacer política. Lo demás fue como agua que corre por su cauce: el Alcalde aprobó el presupuesto por decreto; se encargó de dividir al Concejo para sacar ventaja; sometió a los constituyentes campesinos al rigor del hambre para que cambiaran de bando y estos sucumbieron, pues la AMC no pudo concretar proyectos para disminuir la pobreza; desconoció el llamado de la Asamblea a rendir cuentas, acusó a los soberanos de usar métodos violentos para ejercer veedurías y logró que el pueblo se fraccionara nuevamente. Si antes los mogotanos estaban divididos entre conservadores y liberales o entre seguidores de los Blanco y de los Rodríguez, ahora lo estaban entre los soberanos y los seguidores de Tijo.

Así, la Asamblea, en lugar de aglutinar a todos los ciudadanos, fue un motivo para la reaparición del sectarismo.

A los ojos de las altas jerarquías de la Iglesia debía ser intolerable que un pequeño grupo de sacerdotes estuviera en el centro de un violento torbellino político, en lo que se había convertido Mogotes. No de otra manera se entiende el traslado del Obispo Gómez Serna a la diócesis de Magangué el 18 de diciembre de 2001, y el relevo de todos los sacerdotes que intervinieron en la AMC. Unos fueron enviados a Bogotá; algunos, a otras provincias de Santander; y Joaquín Mayorga, a hacerle compañía a Gómez Serna en la conflictiva región del sur de Bolívar de donde salió hacia el exilio. Monseñor José de Jesús Pimiento -ya retirado, conocido por sus posiciones ultraconservadoras y nombrado administrador apostólico de Socorro y San Gil- fue el encargado de firmar con su puño y letra la salida de Mayorga de su diócesis de origen.

Los soberanos quedaron en la orfandad. Sin los sacerdotes que fueron guías espirituales y políticos se sentían desprotegidos. ¿Algo pasa en el seno de la Iglesia ¿decían apenas. Así, en la impotencia los tomó otra tragedia.

El 14 de julio de 2002, a eso de las seis y treinta de tarde, llegó al parque la noticia. En el asilo de la Hermanas de los Pobres había sido asesinada la hermana Marta Inés Vélez Serna, líder soberana, capaz de manejar un tractor, abrir un potrero, ordeñar animales y dar su vida por los ancianos y las niñas de su hogar. Caía la tarde cuando dos encapuchados forzaron los candados, ingresaron preguntando por la hermana y al verla le dispararon en varias oportunidades. Recibió dos impactos de bala calibre 7.65. El que entró por el cuello, la mató.

El pueblo cayó en la tristeza. Entonces se supo que desde meses atrás un grupo armado la hostigaba: robó los peces de su estanque, se acercaba a sus ventanas a media noche y paseaba por los jardines amparado en la oscuridad. Algunos ciudadanos de Mogotes organizaron brigadas para pasar en vela cuidando el sueño de ancianos, niñas y monjas. Aunque en el pueblo circulan varias versiones sobre el crimen y algunas de ellas lo asocian con una venganza de una de sus protegidas que fue acusada de hurto, el Observatorio de los Derechos Humanos de Colombia relaciona este crimen con el conflicto armado.

Así como un sacerdote dio vida a la Asamblea Municipal de Mogotes, otro fue el encargado de pronunciar el discurso de su defunción. El padre Jorge Velandia Rodríguez, crítico del proceso de Mogotes desde su gestación, fue el encargado de marcar el punto final, de anunciar que la Iglesia abandonaba el proceso, de asestar el golpe mortal, de romper los ya delgados hilos de confianza. Ocurrió el Viernes Santo de 2003 cuando, ante miles de personas, el sacerdote les dedicó a los soberanos la reflexión inspirada: ¿Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen ¿primera palabra de Jesús en agonía. Después de mandarlos a callar, sentenció¿: A partir de este momento la Asamblea queda muerta y enterrada. Los soberanos recuerdan que agacharon la cabeza pues se sintieron humillados, traicionados, abofeteados.

La soledad
Al caer la tarde del domingo, Mogotes se entristece. Una luz rojiza bordea las montañas, algunos niños juegan en el parque y Flor Figueroa observa, ahí mismo, el lugar donde está enterrado el pie izquierdo de José Antonio Galán. Regresa del hogar del anciano, de rendirle un homenaje a la monja asesinada, y recuerda los círculos que alrededor de los restos de Galán marcaban los soberanos al caminar. Ella dice que no se arrepiente de haberle abierto su corazón y su casa a la AMC y que agradecería que alguien quisiera retomar el camino. Quiere descansar, cuidar sus flores, caminar en las madrugadas y, como dice, esperar a que Dios disponga de su destino.

José Antonio Díaz se acerca lento, no quiere forzar su cuerpo pues lo necesita para ver crecer a su familia y a sus alumnos del liceo. Le sonríe a Flor con la complicidad de viejos aliados. ¿Nosotros arriesgamos la vida en esto. No sabíamos la dimensión de lo que estábamos haciendo y terminamos hablando con la gente del monte, con los de las cárceles de máxima seguridad, tratando de proteger al pueblo y apenas lo logramos por momentos. Yo no quiero trabajar más porque todavía siento el temor que me produjeron los allanamientos, las citaciones de la Fiscalía y el dolor de ver que podía perder a mi familia.

Leonardo Padilla pasa veloz. Desde anoche ha cantado en cinco fiestas y se le ve exhausto. Trae y lleva fotocopias. A dicho que gracias a la Asamblea terminó la primaria, el bachillerato y está estudiando administración pública; que por ella se hizo concejal y que será alcalde de Mogotes para cumplir la meta de ver a su pueblo saliendo de la pobreza y en paz. Quiere retomar la tradición de la AMC para crear un nuevo proceso pero aún no sabe hacia dónde y tampoco cómo hacerlo.

En bicicleta llega Álvaro Abril, maestro rural y padre de dos muchachos universitarios. Recuerda que sobrevivió a las épocas tétricas repitiendo: ¿Si Dios está conmigo, nadie puede contra mí. ¿Rememora con nostalgia, lo delata la sonrisa, los domingos de asamblea, las mañanas que pasaba explicando en su vereda los derechos ciudadanos. Pero ya no tiene la misma energía, quiere jubilarse, dejar la escuelita y dedicarse, como lo hace las tardes de domingo, a vender oxígeno líquido, la maravilla farmacéutica que promete curar todos los males y hacer realidad el sueño de la eterna juventud.

A Carmenza Díaz no le pasa el dolor por la muerte de su hermana. ¿Para qué sirvió tanto sacrificio?, se pregunta al regreso de su escuela donde hoy, día de descanso, hubo ágape. Y narra las noches en vela porque recibía llamadas amenazantes o amedrentaban a sus hijos en Bucaramanga, o atemorizaban a su esposo cuando iba al campo a darle vuelta a sus abejas, o ideando fórmulas para sostener económicamente la Asamblea. ¿Cada encuentro costaba un millón de pesos y nosotros sin un centavo ¿se queja¿. Una vez ya debíamos tres millones, entonces un señor aportó una novillona para rifar y así nos recuperamos. Y ahora no duermo pensando qué hacer con los 50 millones del Premio Nacional de Paz que todavía están en la cooperativa.

Héctor Zanguña sigue convencido de que la AMC no debió excluir a los partidos políticos tradicionales. Él, liberal de nacimiento, insiste en que no quiere volver a ver cómo con un machete traspasan el cuerpo de un bebé del enemigo e izan el cadáver. Por eso apoyaría la reactivación de un proceso más abierto. Yolanda Díaz, a punto de llegar a la ventanita donde despacha cervezas y refrescos, declara que está en vela para seguir: ¿Yo tuve muchas pesadillas, pero estoy viva y debemos responderle a los 1.200 votos de opinión que, creo yo, tenemos todavía.

Al padre Joaquín Mayorga le daría gusto escuchar las palabras de su pupila porque él, pese a las persecuciones y castigos, cree que a Colombia hay que fundarlo desde abajo, como intentó hacerlo Mogotes.

¿Desde la distancia en tiempo y geografía ¿dice Joaquín Mayorga¿ fue desacertado ayudar a la gente a embalarse en un proceso de alto contenido político. No medimos las consecuencias de lo que pasaría cuando llegaran otros sacerdotes. Es de pensar que a los sacerdotes de relevo los mandaron a acabar el proceso, pero la gente no merecía eso. Merecía modificaciones, ajustes, cambios, rectificaciones pero no ese tratamiento tan cruel. La actitud de la Iglesia generó rabia, tristeza y ganas de odiar. Cuando pueda volver a Mogotes, les explicaré el trasfondo de esta historia y les recordaré que después del Viernes Santo siempre llega el Domingo de Resurrección.

Por Patricia Nieto
Comunicadora social, periodista y magíster en Ciencia política de la Universidad de Antioquia, Colombia. Estudiante del doctorado en Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata. Profesora de la carrera de Periodismo de la Universidad de Antioquia en el área de Narrativa periodística. El último proyecto dirigido por ella dio como resultado los libros Jamás olvidaré tu nombre y El cielo no me abandona, escritos por víctimas del conflicto armado colombiano.

domingo, 21 de agosto de 2011

"Gobernados por ciegos e irresponsables", Leonardo Boff, en El País, de Costa Rica

Gobernados por ciegos e irresponsables

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 20/08/2011
Afinando los muchos análisis hechos acerca del conjunto de crisis que nos asolan, llegamos a algo que nos parece central y sobre lo que toca reflexionar seriamente. Las sociedades, la globalización, el proceso productivo, el sistema económico-financiero, los sueños predominantes y el objeto explícito del deseo de las grandes mayorías es consumir y consumir sin límites. Se ha creado una cultura del consumismo propalada por todos los medios. Hay que consumir el último modelo de celular, de zapatillas deportivas, de ordenador. El 66% del PIB norteamericano no viene de la producción sino del consumo generalizado. Las autoridades inglesas se sorprendieron al constatar que, entre quienes promovían los disturbios en varias ciudades, no solamente estaban los habituales extranjeros en conflicto entre sí, sino muchos universitarios, ingleses desempleados, profesores y hasta reclutas. Era gente enfurecida porque no tenía acceso al tan propalado consumo. No cuestionaban el paradigma de consumo sino las formas de exclusión del mismo.

En el Reino Unido, después de M. Thatcher, y en USA después de R. Reagan, así como en el mundo en general, va creciendo una gran desigualdad social. En aquel país, los ingresos de los más ricos se incrementaron en los últimos años 273 veces más que las de los pobres, según informa Carta Maior el 12/08/2011. Por eso, no es de extrañar la decepción de los frustrados ante un «software social» que les niega el acceso al consumo y ante los recortes en el presupuesto social, del orden del 70%, que los castiga duramente. El 70% de los centros recreativos para jóvenes fueron simplemente cerrados.

Lo alarmante es que ni el primer ministro David Cameron ni los miembros de la Cámara de los Comunes se tomaron el trabajo de preguntar el por qué de los saqueos en las distintas ciudades. Respondieron con el peor remedio: más violencia institucional. El conservador Cameron dijo con todas las letras: «vamos a detener a los sospechosos y publicaremos sus caras en los medios de comunicación sin importarnos las preocupaciones ficticias con respecto a los derechos humanos». He aquí una solución del despiadado capitalismo neo-liberal: si la orden que es desigual e injusta lo exige, se anula la democracia y se pasa por encima de los derechos humanos. Y esto sucede en el país donde nacieron las primeras declaraciones de los derechos de los ciudadanos.

Si miramos bien, estamos enredados en un círculo vicioso que puede destruirnos: necesitamos producir para permitir el tal consumo. Sin consumo las empresas van a la quiebra. Para producir, necesitan los recursos de la naturaleza. Estos son cada vez más escasos y ya hemos dilapidado un 30% más de lo que la tierra puede reponer. Si paramos de extraer, producir, vender y consumir no hay crecimiento económico. Sin crecimiento anual los países entran en recesión, generando altos índices de desempleo. Con el desempleo, irrumpen el caos social explosivo, depredaciones y todo tipo de conflictos. ¿Cómo salir de esta trampa que nos hemos preparado a nosotros mismos?

Lo contrario del consumo no es el no consumo, sino un nuevo «software social» en la feliz expresión del politólogo Luiz Gonzaga de Souza Lima. Es decir, urge un nuevo acuerdo entre un consumo solidario y frugal, accesible a todos, y los límites intraspasables de la naturaleza. ¿Cómo hacer? Existen varias sugerencias: el «modo sostenible de vida» de la Carta de la Tierra, el «vivir bien» de las culturas andinas, fundado en el equilibrio hombre/Tierra, la economía solidaria, la bio-socio-economía, el «capitalismo natural» (expresión desafortunada) que intenta integrar los ciclos biológicos en la vida económica y social, y otras.

Pero cuando los jefes de los Estados opulentos se reúnen no hablan de estas cosas. Ahí se trata de salvar el sistema que está haciendo agua por todas partes. Saben que la naturaleza ya no puede pagar el alto precio que el modelo consumista cobra. Ya está a punto de poner en peligro la supervivencia de la vida y el futuro de las próximas generaciones. Estamos gobernados por ciegos e irresponsables, incapaces de darse cuenta de las consecuencias del sistema económico-político-cultural que defienden.

Es imperativo un nuevo rumbo global, si queremos garantizar nuestra vida y la de los demás seres vivos. La civilización científico-técnica que nos ha permitido niveles exagerados de consumo puede poner fin a si misma, destruir la vida y degradar la Tierra. Seguramente no es para esto para lo que hemos llegado a este punto en el proceso evolutivo. Urge tener valor, osadía para cambios radicales, si es que todavía nos tenemos un poco de amor a nosotros mismos.

(*) Teólogo

miércoles, 17 de agosto de 2011

Reflexiones de un joven sobre la elección de profesión

Reflexiones de un joven sobre la elección de profesión
Karl Marx
 
Karl Heinrich Marx
Escrito entre el 10 y el 16 de agosto de 1835
Publicado por primera vez en el Archiv für Geschichte
des Sozialismus und der Arbeiterbewegung,
1925
Fuente: MECW volumen I
Traducción del inglés: Isabel Blanco

 
Retrato de Karl MarxLa naturaleza ha determinado la esfera de actividad en la que debe moverse todo animal, y éste se mueve apaciblemente en ella, sin intentar sobrepasar sus límites, sin intentar siquiera echar un rápido vistazo más allá. También al hombre en general la Divinidad le ha dado un fin, el de ennoblecer a la humanidad y a sí mismo, pero le permite buscar por sí solo los medios mediante los cuales realizar este fin; le deja elegir la posición en la sociedad más adecuada para él, desde la cual podrá más fácilmente elevarse a sí mismo y a la sociedad.
Esta capacidad de elección es un gran privilegio para el hombre sobre el resto de la creación, pero al mismo tiempo es una decisión que pude destruir toda su vida, frustrar sus planes y hacerle infeliz. Recapacitar seriamente sobre esta elección es, por tanto, el primer deber de un joven que comienza su carrera y no quiere dejar sus asuntos más importantes al arbitrio de la suerte.
Todo el mundo tiene un objetivo en perspectiva que, al menos para él, parece sumamente importante, y así es de hecho si la más profunda de las convicciones, la voz más íntima del propio corazón así lo declara, porque la Divinidad jamás deja a un hombre mortal por completo solo y sin guía; él habla en voz baja, pero certera.
Pero esta voz puede fácilmente ahogarse, y lo que tomamos por inspiración puede ser el producto de un instante que otro instante puede quizá destruir. Nuestra imaginación, quizá, echa a volar, nuestras emociones nos alteran, vemos fantasmas ante nuestros ojos, y nos lanzamos de cabeza hacia lo que el impetuoso instinto nos sugiere, imaginando que la Deidad misma nos lo señala. Y lo que ardientemente abrazamos pronto nos repele y vemos toda nuestra existencia en ruinas.
Por eso debemos examinar seriamente si estuvimos realmente inspirados en nuestra elección de profesión, si nuestra voz interior lo aprueba, o si esta inspiración es una ilusión, y lo que creemos la llamada de la Deidad no era más que autoengaño. Pero, ¿cómo podemos reconocer algo sino rastreando la fuente de la inspiración misma?
Aquello que es grande brilla, su brillo incita a la ambición, y la ambición puede fácilmente producir la inspiración o lo que creemos inspiración; la razón es incapaz de reprimir al hombre tentado por el demonio de la ambición, que se lanzará de cabeza sobre aquello que el impetuoso instinto le sugiere: ya no es él quien elige su posición en la vida, en lugar de ello se ve determinado por la suerte y la ilusión.
Tampoco estamos llamados a adoptar la posición que nos ofrece las más brillantes oportunidades; no es ésa la que, durante la larga serie de años en que quizá tengamos que mantenerla, jamás nos canse, jamás nos desaliente, jamás nos haga perder el entusiasmo, viendo pronto nuestros deseos insatisfechos, nuestras ideas sin realizar, clamando contra la Deidad y maldiciendo a la humanidad.
Pero no sólo la ambición puede despertar un entusiasmo repentino por una profesión determinada; quizá nuestra imaginación pueda embellecerla, y embellecerla de tal manera que nos parezca lo mejor que la vida puede ofrecernos. No la hemos analizado en detalle, no hemos considerado toda la carga que implica, la gran responsabilidad que nos impone; la hemos visto sólo desde la distancia, y la distancia engaña.
Nuestra propia razón no puede ser buena consejera aquí; porque no está sustentada ni por la experiencia ni por una profunda observación, sino que se ve engañada por la emoción y cegada por la fantasía. ¿Hacia quién volver entonces nuestros ojos? ¿Quién nos apoyará allí donde nuestra razón nos abandona?
Nuestros padres, que ya han recorrido el camino de la vida y han experimentado la severidad del destino –nos lo dice nuestro corazón.
Pero si aún así nuestro entusiasmo persiste, si continuamos amando una profesión y creyéndonos llamados a ella después de examinarlo a sangre fría, después de conocer sus cargas y tomar conciencia de sus dificultades, entonces debemos adoptarla, entonces ni nuestro entusiasmo nos engaña ni nuestra precipitación nos desvía.
No siempre, sin embargo, podemos alcanzar la posición a la que nos creemos llamados; nuestras relaciones en la sociedad están ya fijadas hasta cierto punto antes de que podamos influir en ellas.
Nuestra constitución física misma es a menudo un obstáculo amenazador, y no motivo de burla.
Es cierto que podemos sobreponernos a ella, pero entonces nuestra caída será tanto más rápida, porque estamos arriesgándonos a construir sobre ruinas, y toda nuestra vida será una desgraciada lucha entre el cuerpo y la mente. Porque aquél que es incapaz de reconciliarse con las advertencias que reconoce en sí mismo, ¿cómo puede resistir el tempestuoso estrés de la vida, cómo puede actuar con calma? Y sólo desde la calma pueden las acciones fructificar; es la única tierra en la que los frutos se desarrollan correctamente.
Aunque no podamos trabajar felizmente durante mucho tiempo con una constitución física inadecuada para nuestra profesión, sin embargo surgirá continuamente la idea de sacrificar nuestro bienestar al deber, de actuar vigorosamente aunque nos destrocemos. Pero si hemos elegido una profesión para la que no tenemos talento jamás podremos ejercerla bien, y pronto nos daremos cuenta con vergüenza de nuestra incapacidad y nos diremos que somos unos inútiles, que somos incapaces de satisfacer nuestra vocación. Entonces, la consecuencia más natural es el auto-desprecio, ¿y qué sentimiento es más doloroso y más difícil de compensar a pesar de todo lo que el mundo exterior pueda ofrecernos? El auto-desprecio es como una serpiente que mordisquea nuestro pecho, absorbiéndonos la sangre del corazón y mezclándola con el veneno de la misantropía y la desesperación.
La ilusión acerca de nuestros propios talentos para una profesión que hemos examinado de cerca es un error que se vengará sobre nosotros mismos, y aunque no conozcamos la censura del mundo exterior, nos producirá un dolor en nuestro corazón más terrible que el que podría inflingirnos esta censura.
Si hemos considerado todo esto, y si nuestras condiciones de vida nos permiten elegir cualquier profesión que queramos, podemos adoptar aquélla que nos asegure el mayor bien, un bien basado en ideas de cuya verdad estemos por completo convencidos, que nos ofrezca el abanico más amplio desde el que trabajar para la humanidad, y que nos permita acercarnos verdaderamente al propósito general para el que toda profesión no es más que un medio –la perfección.
Bien es aquello que más eleva a un hombre, aquello que imprime la más alta nobleza a sus acciones y a sus empresas, aquello que lo hace invulnerable, admirado por la multitud y elevado por encima de ella.
Pero el bien sólo puede garantizarlo una profesión en la cual no seamos herramientas serviles, una profesión en la que actuemos independientemente dentro de nuestra esfera. Sólo puede garantizarlo una profesión que no exija actos reprensibles, incluso aunque sean reprensibles sólo en apariencia, una profesión que los mejores puedan ejercer con noble orgullo. Una profesión que garantice esto en su más alto nivel no siempre es la más elevada, pero sí es siempre preferible.
Pero igual que una profesión que no nos garantiza el bien nos degrada, una profesión basada en ideas que más tarde reconocemos como falsas nos hará sucumbir bajo su carga.
Y en ese caso no nos queda otro recurso que el auto-desprecio, ¡y qué desesperada salvación la del autoengaño!
Aquellas profesiones no implicadas de lleno en la vida, sino relacionadas con ideas abstractas, son las más peligrosas para los jóvenes cuyos principios y convicciones no son aún firmes, fuertes e indestructibles. Al mismo tiempo, esas profesiones pueden parecer las más exaltadas si sus raíces se hunden profundamente en nuestros corazones y si somos capaces de sacrificar nuestras vidas y empresas por las ideas que prevalecen en ellas.
Pueden proporcionar la felicidad al hombre que tenga vocación para ellas, pero también pueden destruir a quien las adopta apresuradamente, sin reflexionar, cediendo al impulso del momento.
Por otra parte, la alta consideración de las ideas sobre las cuales se apoya nuestra profesión nos proporciona una posición elevada en la sociedad, enalteciendo nuestro propio valor e imprimiendo seguridad a nuestras acciones.
Aquél que elige una profesión que valora altamente temerá la idea de no servir para ella; actuará noblemente aunque sólo sea porque su posición en la sociedad es una posición noble.
Pero la principal guía que debe dirigirnos en la elección de profesión es el bienestar de la sociedad y nuestra propia perfección. No debe pensarse que estos dos intereses puedan entrar en conflicto, que uno pueda destruir al otro; por el contrario, la naturaleza humana está constituida de tal modo, que sólo podemos atender a nuestra propia perfección trabajando por la perfección y el bien de los demás.
Si se trabaja sólo para uno mismo, es posible convertirse en un hombre de fama, en un gran sabio, un excelente poeta, pero jamás en un verdadero gran hombre.
La historia llama grandes hombres a aquellos que se ennoblecen a sí mismos trabajando por el bien común; la experiencia aclama como a los hombres más felices a aquéllos que hacen felices a un mayor número de personas; la religión misma nos enseña que el ser ideal al que todos luchan por imitar se sacrificó a sí mismo por el bien de la humanidad, ¿y quién se atrevería a despreciar tales juicios?
Si hemos elegido la posición en la vida en la que ante todo podemos ayudar a la humanidad, ninguna carga podrá aplastarnos, porque los sacrificios serán en beneficio de todos; no experimentaremos una felicidad egoísta, limitada y estrecha, sino que nuestra felicidad pertenecerá a millones de personas, nuestros actos permanecerán sosegada y perpetuamente vivos, y sobre nuestras cenizas caerán las cálidas lágrimas de las personas nobles.

jueves, 4 de agosto de 2011

La nueva gramática del poder: Javier Solana, en El Tiempo de Bogotá


La nueva gramática del poder

Javier Solana y Daniel Innerarity*

Debemos aprender una nueva gramática del poder en un mundo que está más conformado por el bien común que por el interés personal o nacional.
MADRID. Las principales preocupaciones de la humanidad hoy no son tanto males concretos como amenazas indeterminadas. No estamos preocupados por peligros visibles, sino por peligros vagos que podrían golpear en el momento menos esperado -y contra los cuales no estamos suficientemente protegidos.
    Por supuesto, existen peligros identificables específicos, pero lo que más nos preocupa sobre el terrorismo, por ejemplo, es su naturaleza impredecible. Lo que nos resulta más perturbador sobre la economía estos días es su volatilidad -en otras palabras, la incapacidad de nuestras instituciones para protegernos de la incertidumbre financiera extrema.
    En general, gran parte de nuestra intranquilidad refleja nuestra exposición a amenazas que sólo podemos controlar en parte. Nuestros ancestros vivían en un entorno más peligroso pero menos riesgoso. Soportaban un grado de pobreza que sería intolerable para quienes hoy viven en países avanzados, mientras que nosotros estamos expuestos a riesgos cuya naturaleza, aunque a nosotros nos resulte difícil de entender, para ellos sería literalmente inconcebible.
    Dado que la interdependencia expone a todos, en todo el mundo, de una manera sin precedentes, gobernar los riesgos globales es el gran desafío de la humanidad. Pensemos en el cambio climático; los riesgos de la energía y la proliferación nuclear; las amenazas terroristas (cualitativamente diferentes de los peligros de la guerra convencional); los efectos colaterales de la inestabilidad política; las repercusiones económicas de las crisis financieras; las epidemias (cuyos riesgos aumentan con la mayor movilidad y el libre comercio); y el pánico repentino alimentado por los medios, como la reciente crisis de los pepinos en Europa. 
    Todos estos fenómenos conforman una parte del lado oscuro del mundo globalizado: contaminación, contagio, inestabilidad, interconexión, turbulencia, fragilidad compartida, efectos universales y sobreexposición. En este sentido, se podría hablar del "carácter epidémico" de nuestro mundo contemporáneo.
    La interdependencia, de hecho, es una dependencia mutua -una exposición compartida a los peligros-. Nada está completamente aislado y los "asuntos externos" ya no existen: todo se ha vuelto nacional, hasta personal. Los problemas de otra gente ahora son nuestros problemas, y ya no podemos verlos con indiferencia, o con la esperanza de obtener algún rédito personal de ellos.
    Este es el contexto de nuestra peculiar vulnerabilidad actual. Lo que solía protegernos (la distancia, la intervención gubernamental, la previsión, los métodos de defensa clásicos) se ha debilitado, y ahora nos ofrece escasa protección o directamente ninguna.
    Tal vez no hayamos tenido en cuenta todas las consecuencias geopolíticas que derivan de esta nueva lógica de dependencia mutua. En un mundo tan complejo, ni siquiera el más fuerte está suficientemente protegido. De hecho, la lógica de la hegemonía choca con los fenómenos actuales de fragmentación y automatización -pensemos en Pakistán, por ejemplo, o en Italia- que crean desequilibrios y asimetrías que no siempre son favorables a los poderosos.
    Los débiles, cuando están seguros de que no pueden ganar, pueden lastimar a los más fuertes -y hasta hacerlos perder-. A diferencia del orden westfaliano centenario de los estados naciones, en el que el peso específico de cada Estado era el factor determinante, en un mundo de interdependencia, la seguridad, la estabilidad económica, la salud y el medio ambiente de los más fuertes son continuamente rehenes de los más débiles. Todos están expuestos a los efectos del desorden y la turbulencia en la periferia.
    Estas condiciones de sobreexposición, en su mayor parte, no tienen precedentes y plantean numerosos interrogantes para los cuales todavía no tenemos las respuestas correctas. ¿Qué tipo de protección sería apropiada en un mundo de estas características?
    Como es lógico, una globalización contagiosa que aumenta la vulnerabilidad inevitablemente desata estrategias preventivas y defensivas que no siempre son proporcionadas o razonables. La xenofobia y el chauvinismo que algunas de las estrategias defensivas pueden despertar tal vez terminan causando más daño que las amenazas de las cuales supuestamente nos protegen.
    De modo que, en esta era de calentamiento global, bombas inteligentes, guerra cibernética y epidemias mundiales, nuestras sociedades deben estar protegidas con estrategias más complejas y sutiles. No podemos seguir persiguiendo estrategias que ignoran nuestra exposición común a riesgos globales, y el resultante contexto de dependencia mutua.
    Debemos aprender una nueva gramática del poder en un mundo que está más conformado por el bien común -o el mal común- que por el interés personal o el interés nacional. Estos no desaparecieron, por supuesto, pero están demostrando ser insostenibles fuera de un marco capaz de abordar las amenazas y oportunidades comunes.
    Mientras que el antiguo juego de poder buscaba la protección de los intereses propios sin preocuparse por los de los demás, la sobreexposición obliga a la reciprocidad de los riesgos, el desarrollo de métodos cooperativos y el reparto de información y estrategias. Una gobernancia global verdaderamente efectiva es el horizonte estratégico que la humanidad debe perseguir hoy con toda su energía.
    Suena difícil, y lo será. Pero no tiene nada que ver con el pesimismo. El desafío de gobernar los riesgos globales no es nada menos que el desafío de impedir el "fin de la historia" -no como la apoteosis plácida de la victoria global de la democracia liberal, sino como el peor fracaso colectivo que podamos imaginar.
* Javier Solana, ex alto representante para Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea y ex secretario general de la OTAN, es presidente del Centro Económico y Geopolítico Global ESADE y miembro sénior distinguido en Política Exterior de la Brookings Institution. Daniel Innerarity es director del Instituto de Gobernancia Democrática de la Universidad del País Vasco. Ambos son coautores de La humanidad amenazada: el gobierno de los riesgos globales.
Copyright: Project Syndicate, 2011.
www.project-syndicate.org

lunes, 1 de agosto de 2011

"TODAVÍA EL FUNDAMENTALISMO": LEONARDO BOFF EN EL PAÍS DE COSTA RICA

http://elpais.cr/articulos.php?id=50323

Todavía el fundamentalismo

Leonardo Boff (*)

Fuente: elpais.cr  | 30/07/2011
El acto terrorista perpetrado en Noruega de forma calculada por un extremista noruego de 32 años ha puesto de nuevo sobre el tapete la cuestión del fundamentalismo. Los gobiernos occidentales y los medios de comunicación han inducido a la opinión pública mundial a asociar el fundamentalismo y el terrorismo casi exclusivamente con sectores radicales del islamismo. Barack Obama de Estados Unidos y David Cameron del Reino Unido se apresuraron a solidarizarse con el gobierno de Noruega y reforzaron la idea de dar batalla mortal al terrorismo, presuponiendo que sería un acto de Al Qaeda. Prejuicio. Esta vez era un nativo, blanco, de ojos azules, con nivel superior y cristiano, aunque The New York Times lo presente como «sin cualidades y fácil de olvidar».

Además de rechazar decididamente el terrorismo y el fundamentalismo debemos tratar de entender el por qué de este fenómeno. Ya he abordado algunas veces en esta columna el tema, que resultó en un libro Fundamentalismo, Terrorismo, Religión y Paz: desafío del siglo XXI (Vozes 2009). Ahí refiero, entre otras causas, el tipo de globalización que ha predominado desde el principio, una globalización fundamentalmente de la economía, de los mercados y de las finanzas. Edgar Morin llama a la actual «la edad de hierro de la globalización». No fue seguida, como pedía la realidad, por una globalización política (un gobierno global de los pueblos), una globalización ética y educacional. Me explico: con la globalización inauguramos una fase nueva de la historia del Planeta vivo y de la humanidad misma. Estamos dejando atrás los estrechos límites de las culturas regionales con sus identidades y la figura del estado-nación para adentrarnos cada vez más en el proceso de una historia colectiva de la especie humana, con un destino común, ligado al destino de la vida y, en cierta forma, al de la propia Tierra. Los pueblos se pusieron en movimiento, las comunicaciones pusieron en contacto a todos con todos y, por distintos motivos, empezaron a circular multitudes por el mundo.

Esta transición no fue preparada, puesto que prevalecía una confrontación entre dos formas de organizar la sociedad: el socialismo estatal de la Unión Soviética y el capitalismo liberal de Occidente. Todos debían alinearse con una de estas alternativas. Al desmontarse la Unión Soviética no surgió un mundo multipolar sino el predominio de Estados Unidos como la mayor potencia económico-militar del mundo, que comenzó a ejercer un poder imperial, haciendo a todos alinearse con sus intereses globales. Más que globalización en sentido amplio, se dio una especie de occidentalización del mundo. Funcionó como un rodillo compresor, que pasó por encima de respetables tradiciones culturales. Esto se vio agravado por la arrogancia típica de Occidente de sentirse portador de la mejor cultura, de la mejor ciencia, de la mejor religión, de la mejor forma de producir y de gobernar.

Esta uniformización global generó fuerte resistencia, amargura y rabia en muchos pueblos, que veían erosionarse su identidad y sus costumbres. En situaciones así surgen normalmente fuerzas identitarias que se alían con sectores conservadores de las religiones, guardianes naturales de las tradiciones. De aquí se origina el fundamentalismo que se caracteriza por dar valor absoluto a su punto de vista. Quien afirma de manera absoluta su identidad está condenado a ser intolerante con los diferentes, a despreciarlos y, en el límite, a eliminarlos.

Este fenómeno es recurrente en todo el mundo. En Occidente, grupos significativos de corte conservador se sienten amenazados en su identidad por la penetración de culturas no-europeas, especialmente el islamismo. Rechazan el multiculturalismo y cultivan la xenofobia. El terrorista noruego estaba convencido de que la lucha democrática contra la amenaza de los extranjeros en Europa estaba perdida. Tomó entonces una solución desesperada: realizar un gesto simbólico de eliminación de los «traidores» multiculturales.

La respuesta del gobierno y del pueblo noruego ha sido sabia: respondieron con flores y con la afirmación de más democracia, es decir, de más convivencia con las diferencias, más tolerancia, más hospitalidad y más solidaridad. Este es el camino que garantiza una globalización humana, en la cual será más difícil que semejantes tragedias vuelvan a repetirse.

(*) Teólogo