miércoles, 29 de febrero de 2012

TERCERA CARTA A LAS IZQUIERDAS: BOAVENTURA DOS SANTOS

"Tercera carta a las izquierdas

Carta Maior

Traducido por Antoni Jesús Aguiló y revisado por Àlex Tarradellas

Cuando están en el poder, las izquierdas no tienen tiempo para reflexionar sobre las transformaciones que ocurren en la sociedad y, cuando lo hacen, siempre es como reacción a cualquier acontecimiento que perturbe el ejercicio del poder. La respuesta siempre es defensiva. Cuando no están en el poder, se dividen internamente para definir quién será el líder en las próximas elecciones, de modo que las reflexiones y los análisis están relacionadas con este objetivo.

Esta indisponibilidad para la reflexión, que siempre ha sido perniciosa, hoy es suicida. Por dos razones. La derecha tiene a su disposición a todos los intelectuales orgánicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presión, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino. Por el contrario, las izquierdas no disponen de instrumentos de reflexión abiertos a los no militantes e, internamente, la reflexión sigue la línea estéril de las facciones.

Hoy en día, circula por el mundo una ola de informaciones y análisis que podrían tener una importancia decisiva para repensar y refundar las izquierdas tras el doble el colapso de la socialdemocracia y el socialismo real. El desequilibrio entre las izquierdas y la derecha en relación con el conocimiento estratégico del mundo es hoy mayor que nunca.

La segunda razón es que las nuevas movilizaciones y militancias políticas por causas históricamente pertenecientes a las izquierdas se están realizando sin ninguna referencia a ellas (con excepción, tal vez, de la tradición anarquista) e incluso, muchas veces, en oposición a ellas. Esto no puede dejar de suscitar una profunda reflexión. ¿Se está haciendo esta reflexión? Tengo razones para creer que no y la prueba de ello está en los intentos de captar, educar, minimizar o ignorar a la nueva militancia.

Propongo algunas líneas de reflexión. La primera se refiere a la polarización social que está emergiendo de las enormes desigualdades sociales. Vivimos en una época que tiene algunas semejanzas con la de las revoluciones democráticas que convulsionaron Europa en 1848. Entonces la polarización social era enorme porque el proletariado (en ese momento una clase joven) dependía del trabajo para sobrevivir, pero (a diferencia de lo que ocurría con los padres y abuelos) el trabajo no dependía de él, dependía de quien lo daba o quitaba a su arbitrio, es decir, el patrón; si uno trabajaba, los salarios eran tan bajos y la jornada tan larga que la salud peligraba y la familia vivía al borde del hambre; si era despedido, no tenía ningún tipo de apoyo, salvo el de alguna economía solidaria o el recurso a la delincuencia. No resulta extraño que en estas revoluciones las dos grandes banderas de lucha fueran el derecho al trabajo y el derecho a una jornada laboral más corta. Ciento cincuenta años después, la situación no es exactamente la misma, pero las banderas siguen siendo actuales.

Y probablemente hoy lo sean más de lo que lo eran hace treinta años. Las revoluciones fueron sangrientas y fracasaron, pero los gobiernos conservadores que siguieron tuvieron que hacer concesiones para que la cuestión social no desembocara en una catástrofe. ¿A qué distancia estamos nosotros de la catástrofe? Hasta ahora, la movilización contra la escandalosa desigualdad social (similar a la de 1848) es pacífica y tiene una fuerte tendencia moralista de denuncia.

No asusta al sistema financiero-democrático. ¿Quién puede garantizar que siga así? La derecha está preparada para responder represivamente a cualquier alteración potencialmente amenazadora. ¿Qué planes tienen las izquierdas? ¿Volverán a dividirse como en el pasado, unas tomando la postura represora y otras la de la lucha contra la represión?

La segunda línea de reflexión también tiene mucho que ver con las revoluciones de 1848 y consiste en cómo volver a conectar la democracia con las aspiraciones y decisiones de los ciudadanos. Entre las consignas de 1848, sobresalían liberalismo y democracia. Liberalismo significaba gobierno republicano, separación entre Estado y religión, libertad de prensa; democracia, por su parte, significaba sufragio “universal” para los hombres. Se ha avanzado mucho en este aspecto en los últimos ciento cincuenta años. Sin embargo, en los últimos treinta años las conquistas logradas han sido cuestionadas y la democracia, últimamente, parece más bien una casa cerrada y ocupada por un grupo de extraterrestres que decide democráticamente sus propios intereses y dictatorialmente los de las grandes mayorías. Un régimen mixto, una democradura.

El movimiento de los indignados y el movimiento Occupy [1] rechazan la expropiación de la democracia y optan por tomar decisiones por consenso en sus asambleas. ¿Están locos o son un indicio de los retos que vienen por delante? ¿Ya han pensado las izquierdas que, si no se sienten cómodas con formas de democracia de alta intensidad (dentro de los partidos y en la república), deberían retirarse o refundarse?".


Notas
[1] Se refiere al movimiento Occupy Wall Street (Ocupa Wall Street o Toma Wall Street, en español). (N. T.)


Boventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal).
Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=5356

jueves, 16 de febrero de 2012

ENTREVISTA CON EL CIENTÍFICO SOCIAL PORTUGUÉS BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS: FERNANDO ARELLANO EN CRONICON.NET

 http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones68/nota001.htm

ENTREVISTA CON EL CIENTÍFICO SOCIAL PORTUGUÉS BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
"EL NEOLIBERALISMO FACILITÓ SECUESTRO DEL DERECHO POR LAS TRANSNACIONALES, HASTA EL PUNTO QUE LA LEGALIDAD VA A LA PAR CON LA ILEGALIDAD"


 
El director del Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net,
Fernando Arellano Ortiz, durante la entrevista con el científico social
portugués Boaventura de Sousa Santos en Bogotá. (Fotos de Agustín Fagua).

POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ
Si bien el sistema imperante en el mundo no tiene respuestas a los requerimientos sociales, como consecuencia de la crueldad del neoliberalismo, las luchas y las protestas de movimientos como los Indignados y los Ocupa, llaman al "optimismo trágico", afirma el científico social portugués Boaventura de Sousa Santos, quien explica que en medio de las múltiples dificultades están surgiendo alternativas sustentadas en lo que denomina sicología de las emergencias y en los nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos que recoge en su teoría de la Epistemología del Sur.

Los presupuestos de la Epistemología del Sur son la ecología de los saberes y la traducción intercultural que proyectan un pensamiento alternativo basándose en experiencias prácticas, en luchas sociales y en trabajos de campo en diversos rincones del mundo.

La ecología de los saberes lo explica De Sousa Santos tanto en sus textos como en sus conferencias es "el diálogo horizontal entre conocimientos diversos, incluyendo el científico, pero también el campesino, el artístico, el indígena, el popular y otros tantos que son descartados por la cuadrícula académica tradicional". En tanto que la traducción intercultural es el procedimiento que posibilita crear entendimiento recíproco entre las diversas experiencias del mundo.

De esta manera, señala, se pueden asimilar otras concepciones de vida productiva distintas a las del capitalismo reproducidas por la ciencia económica convencional, como por ejemplo el "swadeshi", estrategia formulada por el mahatma Gandhi que plantea la autosuficiencia económica y el autogobierno; o el "sumak kawsay", el concepto indígena del buen vivir incorporado en las constituciones de Ecuador y Bolivia y que significa reconocer y aprender de las sabidurías de los pueblos originarios que en América Latina han estado ligadas a la naturaleza y su buen aprovechamiento. Estas experiencias productivas se asientan en la sustentabilidad, solidaridad y reciprocidad.

Al mismo tiempo, este sociólogo andariego e intelectual militante como se define, considera que buena parte del mundo, sobre todo Occidente, está entrando en un proceso postinstitucional por cuanto la política olvidó a los ciudadanos y ello se evidencia en su activa presencia en las calles y plazas que "aún no han sido colonizadas por las transnacionales".

Plantea por ello la refundación del Estado, pero también de los partidos políticos, sobre todo de los de izquierda, para cambiar no solamente el modelo económico criminal que está acabando con el planeta, sino para organizar de una manera más humana la vida, elevando los niveles de participación democrática y respondiendo de manera satisfactoria los requerimientos y necesidades sociales. Es que, agrega, "los conceptos jurídicos y sociológicos tradicionales o eurocéntricos son ahora muy débiles para enfrenta la realidad social actual".



Caso patético es la consecuencia funesta generada por el neoliberalismo y su afán de ganancia desaforada al haber superado el ámbito jurídico hasta el punto que hoy no es claro definir lo legal de lo ilegal. "Según los criterios de poder se determina la ilegalidad o legalidad", sostiene.

Para ahondar sobre estos y otros temas de la conflictividad social del mundo, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano www.cronicon.net entrevistó a Boaventura de Sousa Santos durante su última visita a Bogotá, invitado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes que le hizo entrega de la distinción Sócrates por su aporte a la sociología jurídica, los derechos humanos y la transformación social.
En desarrollo de este acto académico el profesor portugués dictó la conferencia "Para una teoría jurídica de los indignados".


De Sousa Santos, doctor en Sociología del Derecho de la Universidad de Yale y catedrático de la Universidad de Coímbra, es además director del Centro de Estudios Sociales de esta institución, así como profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes en el área de la sociología jurídica y cumple un papel de activista desde el Foro Social Mundial. Sus múltiples libros, ensayos y artículos periodísticos son referentes del pensamiento alternativo por cuanto analiza con visión aguda y hasta autocrítica temas como la globalización, la sociología del derecho y del Estado, los movimientos sociales, la epistemología y la geopolítica.

LA IRRUPCIÓN DE LOS INDIGNADOS, PUNTO DE PARTIDA DEL CAMBIO SOCIAL
- No obstante que como bien usted ha señalado los movimientos espontáneos de los Indignados y de los Ocupa no tienen una articulación política, ¿en ellos se estaría gestando un sujeto político que presione los cambios socioeconómicos que requiere el mundo?
- Yo estoy seguro que sí, considero que esto es un comienzo, un punto de partida, y por eso varios de los análisis que miran a los Indignados como algo que ya está consolidado están equivocados, porque por el contrario, me parece que este es un síntoma de las cosas malas que están ocurriendo en nuestras democracias y es un inicio de algo que no sabemos cómo va a continuar. Estos movimientos que son de jóvenes no tienen vinculación con los partidos políticos porque muchos de los partidos progresistas perdieron a la juventud, no de ahora sino de mucho tiempo atrás. Ahora mismo vengo de Brasil y una de las discusiones que tuve con los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT) fue cómo renovar el partido con la participación de los jóvenes. También tuve un encuentro de hip hop, con los jóvenes de las periferias que me acogieron y con quienes trabajé y escribí cosas que después musicalizaron. La revuelta y la rabia de la juventud se expresa en la cultura hip hop de los suburbios de las ciudades y el PT no sabe quiénes son ellos, no conocen que es hip hop, no saben qué es la cultura urbana de nuestros tiempos, entonces hay aquí una distancia entre los partidos políticos y sobre todo de izquierda, con los jóvenes. El segundo elemento que me parece muy importante es que nosotros en la política de izquierda y en la teoría crítica siempre nos preocupó la sociedad civil organizada, nos centramos mucho en la relación partidos-movimientos porque la izquierda eurocéntrica nace como un movimiento que luego se transforma en partido. Después los partidos se desconectaron, asumieron que tenían el monopolio de la representación de los intereses de clase o de grupos sociales y no atendieron los intereses de los movimientos, pero todo ha cambiado en los últimos treinta años sobre todo cuando los nuevos movimientos sociales que defienden los derechos humanos y ciudadanos, de las mujeres, los indígenas, de los campesinos, el derecho a la vivienda, etc., empezaron a tener una presencia muy fuerte frente a los viejos, como el movimiento obrero y los sindicatos. Pero además, los movimientos terminaron compitiendo con los partidos, y ese es el camino que hemos recorrido hasta ahora. El Foro Social Mundial de alguna manera es un síntoma de que los partidos ya no tenían el monopolio de la representación, y al contrario, se daba una gran prioridad a los movimientos sociales y así hemos pasado la década pasada.

EL FRACASO DE LA SOCIALDEMOCRACIA
- Y por eso la irrupción tan fuerte de los Ocupa y los Indignados…
- Los movimientos de los Indignados y de los Ocupa lo que representan es algo nuevo, en el sentido de que nosotros en la teoría crítica y en la política de izquierda nos olvidamos mucho tiempo de que la gran mayoría de las personas no es militante de ningún partido ni se moviliza en movimientos sociales, consideramos que esta gente no es un actor político porque no se organiza para eso. Estos jóvenes han mostrado que hay momentos de definición y entonces surgen y se movilizan por cosas y causas que les merecen respeto, saliendo a la calle, arriesgando empleo, amigos y comodidades. En la izquierda no habíamos conocido cómo es esta dinámica y por esos estamos desarmados. La izquierda está totalmente desarmada porque estos movimientos, en su gran mayoría, están en contra de la política institucional y en rechazo a los partidos sin hacer distinción entre los de izquierda y derecha. Y esto es muy peligroso sobre todo para la izquierda, porque cuando no se hace la distinción sale favorecida la derecha que es la que domina nuestras sociedades, la política, la economía, los medios de comunicación, etc. Y esta crítica de no reconocer la distinción viene realmente de muchos errores institucionales de la izquierda en las últimas dos décadas, específicamente de la socialdemócrata que en Europa y en otros países adoptó lo que en Inglaterra se llamó la Tercera Vía impulsada por el Partido Laborista inglés que luego se propagó por otros continentes y que no fue otra cosa que aceptar el dogma del neoliberalismo. Con esto la izquierda socialdemócrata intentó que el neoliberalismo tuviera una fase humana mediante la aplicación de algunas políticas sociales, pero sustentada en el mercado y en la economía más que en el Estado.

- Un modus vivendi dentro del capitalismo que permitiera minimizar los costos sociales, como lo ha denominado usted en uno de sus libros...
- Exactamente. Lo que pasó es que esta izquierda socialdemócrata que pensaba que había una alternativa dentro del marco neoliberal fracasó. Porque de hecho como lo hemos visto claramente en Europa, no hay alternativa alguna dentro del neoliberalismo, y la izquierda que aceptó las recetas y las condicionalidades del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de las agencias que comandan este modelo financiero, terminó desarmada y lo hemos visto en Portugal, en España, en Grecia, con la caída de los partidos socialistas y en Inglaterra con el Partido Laborista del exprimer ministro Gordon Brown. O sea, hubo un colapso de la izquierda socialdemócrata en Europa que nos hace pensar. En contraste, los partidos progresistas que están gobernando algunos países latinoamericanos como Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Venezuela no han aceptada las recetas neoliberales y están haciendo lo que podríamos denominar capitalismo de Estado. O sea, un control mucho más grande por parte del Estado de los recursos económicos.

EL ENFOQUE ECONÓMICO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS DE AMÉRICA LATINA
- Usted lo ha definido como una socialdemocracia de nuevo tipo…
- Sí, porque se pensaba que podían seguir con el estilo de la socialdemocracia europea que fue un proceso de compatibilizar democracia con capitalismo a través de grandes redistribuciones de riqueza universales, lo que se denominó derechos económicos y sociales, o Estado de bienestar, que se desarrolló en Europa más que en otro continente. Los países latinoamericanos sabían que quizá no sería posible impulsar este tipo de derechos sociales y económicos universales y por eso fueron por otro tipo de políticas sociales que se han concretado en la política de los bonos que no son muy distantes de lo que proponía el Banco Mundial, pero que están dirigidos y enfocados a sectores vulnerables de la población que en los diversos países se distribuyen con diferentes nombres. En Brasil: bolsa familia; en Bolivia; Juancito Pinto; en Argentina: asignación universal por hijo, etc. Son políticas selectivas que no se presentan como derecho social. Pueden ser eliminados si no hay condiciones pero sobre todo no cambian el modelo económico, no hacen una regulación del capitalismo y no permiten, por ejemplo, que las personas vulnerables salgan por sí mismas de la pobreza, ni cuentan con una política, excepto Brasil, para desarrollar formas de economía solidaria ni cooperativa que puedan organizar a esta gente de manera que tenga capacidad de generar ingresos, hacer microempresas y de esta manera deje de necesitar los bonos. Este, entonces, es el modelo de socialdemocracia latinoamericana que hasta ahora ha dado resultado porque coincidió con un periodo de valorización de las materias primas de este continente debido al gran avance de China, lo cual ha permitido que países que tenían déficits comerciales ahora tengan superávit como son los casos de Brasil y Argentina.

- La socialdemocracia europea al poner en marcha políticas neoliberales traicionó su identidad ideológica y como dice el sociólogo argentino Atilio Borón, es mejor el original que la copia, por eso es dable que hayan retornado los gobiernos de derecha en el viejo continente que saben ejecutar de manera más drástica y sin ningún pudor el recetario del libre mercado, ¿no le parece?
- Sí, sí, esa es nuestra lectura desde hace algún tiempo, nosotros criticamos este desvío de la socialdemocracia hace más de veinte años cuando todo esto empezó.

- ¿Y la Tercera Vía formulada por el sociólogo inglés Anthony Giddens es una concepción de derecha?
- Sí claro, la Tercera Vía fue iniciada en Australia, y Giddens como asesor de Tony Blair después la teorizó para desarrollarla en Inglaterra, aunque fue aplicada en otros países por partidos laboristas y socialdemócratas. Propugna porque hay que aceptar todos los criterios de competencia que el mercado determina para las agencias públicas. Plantea, por ejemplo, un mercado interno para los servicios de salud y educación, fomentado la competencia so pretexto de reducir los costos de esos servicios, abriendo el espacio para que el sector público no se distinga del sector privado. Su objetivo es la ganancia mediante el sistema contributivo de las personas y por eso se inventaron las tasas moderadoras y los copagos que los ciudadanos deben hacer para poder acceder a una cirugía o a una consulta médica. De esa manera, legitimó la entrada del capital privado en los servicios públicos, sobre todo en la salud, en la seguridad social, en la educación y en el sistema de pensiones. Esto a mi juicio fue lo que destruyó toda la socialdemocracia en Europa y es por eso que yo pienso que tiene que refundarse. Vamos a ver lo que va a pasar con el candidato presidencial socialista François Hollande en Francia. Pueda ser que la gente que está descontenta con la políticas de austeridad de Sarkozy le dé la victoria a Hollande, pero éste no tiene ningún programa alternativo que vaya más allá de las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional y de la ortodoxia de los capitales financieros no regulados.

EL NEOLIBERALISMO QUE PRODUJO LA CRISIS ESTÁ INTENTANDO "RESOLVERLA"
- Si bien es evidente que el sistema capitalismo está en una grave crisis, sin embargo el hecho del retorno de gobiernos de derecha en los países europeos y la ortodoxia económica aplicada en Estados Unidos y en no pocos países de América Latina demuestran que hay un robustecimiento del neoliberalismo que sigue favoreciendo a los capitales financieros y a las trasnacionales. ¿No le ve así?
- Yo pienso que la crisis del capitalismo es de otro tipo. En términos de corto plazo no hay ninguna señal de crisis, al contrario, podríamos decir, lo que es sorprendente, que el neoliberalismo que produjo la crisis, la está intentando "resolver" entre comillas. Son los mismos banqueros culpables de esta crisis económica los que buscan resolverla. Miremos el caso del portugués Antonio Borges, director del Fondo Monetario Internacional para Europa y vicepresidente de la Goldman Sachs, fue el que organizó la trampa que esta banca de inversión le tendió a Grecia. Este mismo señor está ahora dictando las recetas del Fondo a Europa. Imagínese la promiscuidad entre el capital financiero y la democracia europea que a mi juicio está en suspenso porque el primer ministro griego Lucas Papademos; Mario Monti en Italia; Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, al igual que el propio Borges, vienen de Goldman Sachs. No solo representan al capital financiero sino son de la misma firma, lo cual es algo trágico y pienso que la socialdemocracia ha contribuido por su omisión a un colapso de la Unión Europea que lo veo muy próximo si no hay realmente un acto de desobediencia que tiene que ser muy fuerte para lograr su relanzamiento.

- ¿Y eso ha dado paso a lo que usted llama "democradura" en Europa?
- Sí, es eso lo que tenemos. Unas constituciones muy progresistas pero sus prácticas muy reaccionarias y oligárquicas. Constituciones como la portuguesa y la española garantizan todos los derechos pero todos los días esos derechos son eliminados, suspendidos y la Corte Constitucional no interviene, o sea hay una suspensión de democracia que la podemos llamar "democradura" o "dictablanda". Estos procesos no tienen futuro para la democracia europea y los partidos políticos tiene que ver muy bien lo que está pasando para no caer en los mismos errores.

El neoliberalismo ha llevado a que la legalidad vaya a la par con la ilegalidad.
- Esta crisis del capitalismo ha dado lugar a lo que usted hacía referencia en su conferencia en la Universidad de los Andes de Bogotá a una confusión de la categorías de ilegalidad, legalidad y los sin ley en buena medida por el fenómeno de la acumulación por desposesión. ¿Cómo explicar esta situación generada por la voracidad capitalista?

- Lo que hay es muy complejo porque la democracia en el siglo XX engañó al imaginario popular. Al inicio la democracia liberal no era muy democrática como sabemos porque en su origen solamente los propietarios podían votar, entonces la gran mayoría de la población no sabía que era la democracia. La democracia ganó credibilidad y captó el imaginario popular, como ahora vemos a los Indignados que piden democracia verdadera y real, debido en buena medida a que se institucionalizaron los conflictos sociales, se aceptó que hay divergencias en la sociedad entre capital y trabajo por ejemplo, y que las mismas se deben solucionar de manera pacífica cuya resolución se traduce en la ley y por eso se creó una legalidad, pues antes las clases populares solo conocían la legalidad represiva, no conocían ningún derecho. Se creó entonces un derecho facilitador, protector de los derechos sociales, económicos, auxilio al desempleo, y empezaron a ver que la legalidad era algo más amplio y beneficiosa para las clases populares, eso ha sido el gran engaño de la democracia representativa y liberal porque en las constituciones tanto de Europa y de América Latina se consagra una serie de luchas sociales como derechos, por ejemplo los derechos indígenas que antes eran desconocidos inclusive por la misma izquierda que los consideraba invisibles, lo cual cambió en los últimos veinte años precisamente debido al neoliberalismo, a la represión a los movimientos sociales y la criminalización de la protesta. Lo que ocurrió es que las transnacionales aprendieron la lección según la cual es posible presionar a los gobiernos, influenciar los congresos legislativos para producir leyes a su favor, y por eso ellas mismas produjeron una legislación que es tan legal como la otra, la que protege a las clases populares, pero ahora es una legalidad que les permite hacer cosas que antes no podían hacer. Y por eso se puede decir que lo hacen legalmente, no lo es totalmente legal porque si se observa muchas de esas leyes que se crearon para concesiones de minería y recursos naturales y todo lo referente al extractivismo, tienen una serie de condiciones que se olvidan después, como por ejemplo la protección ambiental, o las violaciones masivas a las consultas indígenas dispuestas en el Convenio 169 de la OIT. Es decir, la legalidad va a la par con la ilegalidad, esto es un gran engaño y lo vamos a ver próximamente en Río+20 en junio de 2011 con toda esta discusión sobre el capitalismo verde, la economía verde, de desarrollo sostenible que es el gran concepto de los últimos treinta años. Todo lo que vamos a observar en esta cumbre de Río no es más que el resultado de un secuestro del derecho por las transnacionales y por eso hablan del capitalismo verde. Para mí el capitalismo solo es verde en los billetes de dólar, no es verde en ningún otro sentido. De esta manera, la legalidad es poco apropiada, pero también porque aumenta la desigualdad social, se inventan amenazas de lucha social en que la seguridad en términos de seguridad militar y policial tiene una fuerza tan grande que se crean formas de estados de emergencia no declarados en muchos países, no es el caso de Colombia, porque este país ha tenido un pasado muy fuerte de estados de sitio o estados de excepción. Cuando estaba aquí realizando mis estudios los estados de excepción eran normales por eso es que Colombia no tuvo dictaduras como otros países de América Latina, eso lo analizábamos en ese entonces, pero ahora hay formas que van más allá de la legalidad, por ejemplo cuando los Estados Unidos matan a dos ciudadanos norteamericanos en Yemen a través de los drones, esto es legalidad, o ilegalidad, esto ya no tiene normas. Porque la ilegalidad exige una norma, digámoslo así, y esto es una cosa completamente nueva.

EXTRANJERIZACIÓN DE TIERRAS, NUEVO COLONIALISMO
- ¿Como el caso del centro de concentración de Guantánamo?
- Guantánamo es lo mismo, es una ausencia total de criterios de legalidad, es más que ilegal, es sin ley. Para entender esto hay que regresar a los siglos XVI y XVII cuando en este continente americano se produjo el exterminio de los indígenas que no era es propiamente ilegal, era sin ley. O sea, como existía la idea de que los indígenas no eran humanos, entonces los conquistadores no aplicaban los criterios de legalidad o de ilegalidad, eran cosas, esclavos. Hoy en el mundo hay rasgos en los que ya no podemos hablar de intervención política social porque a veces son tan crueles y agresivos en contra de ciertas poblaciones que por ser consideradas inferiores no se les aplican los criterios de legalidad, y por eso se presenta la arbitrariedad. Se pueden ver casos por ejemplo en África en este momento donde se viene dando con mucho énfasis la acumulación por despojo, también se da en India y en América Latina con la minería y el extractivismo. En el caso africano se presenta con mucha fuerza a través del acaparamiento y compra de tierras por parte de países como Brasil, China, Corea del Sur que están buscando tener una reserva de tierra fuera de sus respectivos Estados, este es un nuevo colonialismo que no hemos teorizado. La concesión es legal pero luego qué pasa con los campesinos desplazados de sus tierras y de un día a otro se convierten en ocupantes o invasores. ¿Esto es legalidad? Es una acumulación primitiva violenta que actúa de una manera en que no hay ninguna forma de rescate políticamente. Esto no es ilegalidad, es algo más grave, es sin ley, que ocurre dentro de Estados de derecho y de democracias, y este es otro gran reto para las izquierdas, sobre todo de raíz socialdemócrata, que creen en la institucionalidad.

- En medio de este oscuro panorama de la crisis civilizatoria originada por el capitalismo, usted que se confiesa un optimista trágico ha formulado una teoría jurídica de emancipación social así como un nuevo concepto de ciudadanía y de derechos humanos que paulatinamente no solo obtienen apoyo popular sino que se van abriendo paso. ¿Ese no es un motivo para ser moderadamente optimistas?
- Sí, lo que ocurre es que el pesimismo es siempre conservador, porque yo puedo ser pesimista si tengo mi salario, tengo mi casa, mi habitación, yo puedo ser nihilista, hasta cínico, porque mi cotidianidad está garantizada. Pero qué pasa con la gente que tiene comida hoy para su familia pero no sabe si tiene para mañana; qué pasa con la gente que está viva hoy pero puede ser víctima de una violencia en la que no esté directamente involucrada; la mayor parte de la población del mundo está en condiciones en las que su supervivencia no está mínimamente garantizada; esta gente no puede ser pesimista. Esta gente tiene que salir a la calle a luchar, a encontrar formas de garantizar su sobrevivencia y la de su familia, no puede paralizarse, son activistas. El problema es que no son activistas políticos en nuestro sentido, son activistas de la vida. Entonces, lo que necesitamos es transformar ese activismo de la vida en activismo político, por eso trabajo mucho con los movimientos sociales y con gente que está en situaciones difíciles y gracias a mi actividad académica y a mi trayectoria los conozco bien por cuanto he compartido con ellos múltiples luchas. Por ello puedo decir que me anima el hecho de que estos sectores sociales no pueden ser pasivos, ellos tienen que tener esperanza. Tenemos que construir día a día la posibilidad de una nueva sociedad, y eso es lo que me da la idea de este optimismo trágico; es decir, la idea de que hay una alternativa pero también muchas dificultades. La tragedia es esa, que hay muchas dificultades que no podemos minimizarlas pero tenemos que saber que no todo está perdido, como decía la gran cantante argentina Mercedes Sosa. Cuando la gente piensa que estamos en el fin de la política, que no hay activismo, y que el neoliberalismo lo ha dominado todo, vienen los Indignados, vienen los Ocupa, la primavera árabe que derrumba a los dictadores, entonces hay siempre en la sociedad las emergencias, lo que llamo la sociología de las emergencias. El nuevo proyecto de investigación que estoy iniciando ahora busca analizar las emergencias para darlas a conocer, porque el problema es que muchas de las luchas maravillosas no son conocidas, de gente que resolvió el problema del agua, de la propiedad, de la ciudadanía, en comunidades de India, de Sudáfrica, y de otros países. La gente en el mundo sigue con esperanza buscando soluciones porque no tiene alternativa, vive una situación demasiado cruel y vergonzosa, por eso no puede cruzar los brazos. Un intelectual militante como me considero, no un teórico de vanguardia porque no lo soy ni quiero serlo, pero sí de retaguardia en el sentido de apoyar a estos movimientos, tiene que teorizar la esperanza en condiciones difíciles, por supuesto, generando un respeto por la gente. Nosotros tenemos una cultura en los partidos de izquierda según la cual la masa de la gente que no está organizada es una masa de maniobra, por lo tanto pensamos por ella y por eso vamos con consignas, con eslóganes para comandarla. No, eso no es así, hoy la gente que se moviliza es porque tiene razones que son suyas, hoy está más preparada. Eso se puede ver en países muy controversiales como Venezuela, donde la gente ha adquirido una cultura política muy interesante, que puede estar con Chávez o contra Chávez, pero está mucho más consciente de las condiciones, de lo que debería ser y lo que es, es mucho más exigente, no puede ser manipulada por ideas abstractas que no le dice nada sobre su cotidianidad. Ese es el respeto por la gente que la izquierda tiene que tener en el inmediato futuro.

Bogotá, febrero de 2012.

“El liberalismo se plasma como un nuevo totalitarismo”: Entrevista a Dufour en Página 12

http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-187471-2012-02-13.html


DIALOGOS › DANY-ROBERT DUFOUR, FILOSOFO FRANCES, INVESTIGADOR DEL LIBERALISMO Y SUS CONSECUENCIAS

“El liberalismo se plasma como un nuevo totalitarismo”

Para Dufour, la fase última de los procesos “neo” o “ultra” liberales es totalitaria porque pretende gestionar al conjunto de las relaciones sociales. Es “la dictadura de los mercados” de la que nadie puede escapar.
 Por Eduardo Febbro
Desde París
Algunos ya lo ven terminado, otros a punto de caer en el abismo, o en pleno ocaso, o en vías de extinción. Otros analistas estiman al contrario, que si bien el liberalismo atraviesa por una seria crisis, su modelo está lejos, muy lejos de abdicar. A pesar de las crisis y sus hondas consecuencias, el liberalismo sigue en pie, produciendo su lote insensato de beneficios y desigualdades, sus políticas de ajuste, su irrenunciable impunidad. Sin embargo, aunque siga aún vivo, la crisis ha desnudado como nunca sus mecanismos perversos y, sobre todo, puso en el centro de la escena no ya el sistema económico en el que se articula sino el tipo de individuo que el neoliberalismo terminó por crear: hedonista, egoísta, consumista, frívolo, obsesionado por los objetos y por la imagen fashion que emana de él. La trilogía de la modernidad liberal es muy simple: producir, consumir, enriquecerse. En su último libro, El individuo que viene después del neoliberalismo, el filósofo francés Dany-Robert Dufour plantea una pregunta que pocos se hacen: ¿Cómo será el individuo que surgirá tras los cataclismos y las intervenciones globales del liberalismo?

–El liberalismo, que se presentó como el salvador de la humanidad, terminó llevando al ser humano a un camino sin salida. Usted plantea su fin y se pregunta qué tipo de ser humano surgirá después del ultraliberalismo. –En el siglo pasado conocimos dos grandes caminos sin salida históricos: el nazismo y el stalinismo. De alguna manera y entre comillas, después de la Segunda Guerra Mundial fuimos liberados de esos dos caminos sin salida por el liberalismo. Pero esa liberación terminó siendo una nueva alienación. En sus formas actuales, es decir, ultra y neoliberal, el liberalismo se plasma como un nuevo totalitarismo porque pretende gestionar el conjunto de las relaciones sociales. Nada debe escapar a la dictadura de los mercados y ello convierte al liberalismo en un nuevo totalitarismo que sigue a los dos anteriores. Es entonces un nuevo camino sin salida histórico. El liberalismo hizo explotar al ser humano. El historiador húngaro Karl Polanyi, en un libro publicado después de la Segunda Guerra Mundial, demostró cómo, antes, la economía estaba incluida en una serie de relaciones: las sociales, las políticas, las culturales, etc. Pero con la irrupción del liberalismo la economía salió de ese círculo de relaciones para convertirse en el ente que buscó dominar a todos los demás. De esta forma, todas las economías humanas caen bajo la ley liberal, es decir, la ley del provecho donde todo debe ser rentable, incluidas las actividades que antes no estaban bajo el mandato de lo rentable. Por ejemplo, en este momento usted y yo estamos hablando pero no apuntamos hacia la rentabilidad, sino a producir sentido. En este momento estamos en una economía discursiva. Pero hoy, hasta la economía discursiva está sujeta al “quién gana más”. Cada una de las economías humanas están bajo la misma lógica: la economía psíquica, la economía simbólica, la economía política, de allí el hundimiento de la política. Lo político sólo existe hoy para seguir lo económico. La crisis que atraviesa Europa muestra que cuanto más se profundiza la crisis, más la política deja la gestión en manos de la economía. La política abdicó ante la economía y ésta tomó el poder. Los circuitos económicos y financieros se apoderaron de la política. La crisis es, por consiguiente, general.

–El título de su libro, El individuo que viene después del liberalismo, implica la doble idea de una fase triunfal y de un fin del liberalismo. –Paradójicamente, en el momento de su triunfo absoluto el liberalismo da signos de cansancio. Nos damos cuenta de que nada funciona y le gente va tomando conciencia de esta fallo y tiene una reacción de incredulidad. Los mercados se propusieron como una suerte de remedio a todos los males. ¿Tiene usted un problema? Pues entonces acuda al Mercado y éste le aportará la riqueza absoluta y la solución de los problemas. Pero ahora nos damos cuenta de que el Mercado acarrea devastaciones. Así vemos cómo ese remedio que debía aportarnos la riqueza infinita no trae sino miseria, pobreza, devastación. Desde luego, el capitalismo produce riqueza global pero pésimamente repartida. Sabemos que desde hace 20, 30 años las desigualdades han aumentado a través del planeta. La riqueza global del capitalismo despoja de sus derechos a millones de individuos: los derechos sociales, el derecho a la educación, a la salud, en suma, todos esos derechos conquistados con las luchas sociales están siendo tragados por el liberalismo. El liberalismo fue como una religión llena de promesas. Nos prometió la riqueza infinita gracia a su operador, el Divino Mercado. Pero no cumplió.

–En su crítica filosófica al liberalismo usted pone de relieve uno de los estragos principales que causó el pensamiento liberal: los individuos están sumidos a los objetos, no a los semejantes, al otro. La relación en si, la sensualidad, fue reemplazada por el objeto. –Las relaciones entre los individuos pasan al segundo plano. El primero lo ocupa la relación con el objeto. Esa es la lógica del mercado: el mercado puede a cada momento agitar ante nosotros el objeto capaz de satisfacer todos nuestros apetitos. Puede ser un objeto manufacturado, un servicio y hasta un fantasma a medida construido por las industrias culturales. Estamos en un sistema de relaciones que privilegia el objeto antes que el sujeto. Esto crea una nueva alienación, una suerte de modalidad adictiva con los objetos. Este nuevo totalitarismo que es el liberalismo pone en manos de los individuos los elementos para que se opriman a sí mismos a través de los objetos. El liberalismo nos deja la libertad de alienarnos nosotros mismos.

–Usted sitúa el principio de la crisis en los años ’80 a través de la restauración de lo que usted llama el relato de Adam Smith. Usted cita una de sus frases más espantosas: para esclavizar a un hombre hay que dirigirse a su egoísmo y no a su humanidad. –Adam Smith remonta al siglo XVIII y su moral egoísta se expandió un siglo y medio después con la globalización del mercado en el mundo. De hecho, Smith tardó tanto porque hubo otro mensaje paralelo, otro Siglo de las Luces, que fue el del trascendentalismo alemán. Al contrario de las Luces de Smith, las alemanas proponían la regulación moral, la regulación trascendental. Esta regulación podía manifestarse en la vida práctica a través de la construcción de formas como las del Estado a fin de regular los intereses privados. A partir del Siglo de las Luces hay dos fuerzas que se manifiestan: Adam Smith y Kant. Estos dos campos filosóficos coexistieron de manera conflictiva a lo largo de la modernidad, es decir, a través de dos siglos. Pero en un momento el trascendentalismo alemán se hundió y le dejó el lugar al liberalismo inglés, el cual adquirió una forma ultraliberal. Se puede fechar ese fenómeno a partir del principio de los años ‘80. Hay incluso una marca histórica que remonta al momento en que Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña llegan al poder e instalan la libertad económica sin regulación. Esa ausencia de regulación destruyó inmediatamente las convenciones sociales, es decir, los pactos entre individuos.

–De allí proviene la trilogía “producir, consumir, enriquecerse”. Usted llama a esa trilogía la pleonexía. –El término de pleonexía lo encontré en la República de Platón y quiere decir “siempre tener más”. La República griega, la Polis, se construyó sobre la prohibición de la pleonexía. Puede decirse entonces que, hasta el siglo XVIII, toda una parte de Occidente funcionó en base a esa prohibición y se liberó de ella en los años ’80. A partir de allí se liberó la avidez mundial, la avidez de los mercados, la avidez de los banqueros. Recuerde el discurso que pronunció Alan Greenspan (ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos) ante la Comisión norteamericana después de la crisis de 2008. Greenspan dijo: “Pensaba que la avidez de los banqueros era la mejor regulación posible. Me doy cuenta de que eso no funciona más y no sé por qué”. Greenspan confesó de esa manera que lo que guía las cosas es la liberación de la pleonexía. Y ya vemos ahora adónde conduce.

–Llegamos ahora al después, al hipotético ser humano del después del liberalismo. Usted lo ve bajo los rasgos de un individuo simpático. ¿Qué sentido tiene el término simpático en este contexto? –Nadie es bueno al nacer como lo pensaba Rousseau, ni tampoco malo como lo pensaba Hobs. Lo que podemos hacer es ayudar a la gente a ser simpática, es decir, a no pensar sólo en sí misma y a pensar que para vivir con el prójimo hay que contar con él. El otro está en mí, las imágenes de los otros están en mí y me constituyen como sujeto. La idea misma de un individuo egoísta es un sinsentido porque esto obliga a que nos olvidemos de que el individuo está constituido por partes del otro. Y cuando hablo de un individuo simpático no empleo el término en su acepción más común, digamos alguien simplemente simpático. No. Se trata del sentido que tenía la palabra en el siglo XVIII, donde la simpatía era la presencia del otro en mí. Necesito entonces la presencia del otro en mí y el otro necesita mi presencia en él para que podamos constituir un espacio donde cada uno sea un individuo abierto al otro. Yo cuido del otro como el otro cuida de mí. Eso es un individuo simpático.

–Vamos con la simpatía, pero sobre qué bases se construye el individuo que viene después del liberalismo. ¿La razón, la religión, el deporte, el ocio, la solidaridad, otra idea del marcado? –En este libro hice un inventario sobre los relatos antiguos: el relato del logos, de la evasión del alma de los griegos, el relato sobre la consideración del otro en los monoteísmos. Me di cuenta de que en ambos relatos había cosas interesantes y también aterradoras. Por ejemplo, la opresión de las mujeres en el patriarcado monoteísta equivale a la opresión de la mitad de la humanidad. ¿Acaso queremos repetir esa experiencia? No, por supuesto. Otro ejemplo: en el logos, para que haya una clase de hombres libres en la sociedad es preciso que haya una clase oprimida y esclavizada. ¿Queremos repetir eso? No. Refundar nuestra civilización luego de los tres caminos sin salida que fueron el nazismo, el stalinismo y el liberalismo requiere una refundación sobre bases sólidas. Por eso llevé a cabo el inventario, para ver qué podíamos recuperar y qué no, cuánto del pasado podía servirnos y cuánto no. La segunda consideración atañe a aquello que podría ayudar al individuo a ser simpático antes que egoísta. Para ello es preciso reconstruir un medio donde se pueda ser simpático y no egoísta. En este contexto, la idea de la reconstrucción de lo político, de una nueva forma del Estado que no esté dedicado a conservar los intereses económicos, sino a preservar los intereses colectivos, es central.

–¿Cuál es entonces el gran Relato que podría salvarnos? –Hemos dejado en el camino los grandes relatos de antes y creemos cada vez menos en el gran relato del mercado. Estamos a la espera de algo que una al individuo, es decir, un gran relato. Yo propongo el relato de un individuo que ha dejado de ser egoísta, que no sea tampoco el individuo colectivo del stalinismo, ni tampoco el individuo ahogado en la raza que se cree superior como en el nazismo y el fascismo. Se trata de un relato alternativo a todo esto, de un relato que persiste en el fondo de la civilización. Creo que el valor de civilización occidental radica en que puso el acento en la individuación, es decir, la idea de la creación de un individuo capaz de pensar y actuar por sí mismo. No hay que olvidar la noción de individuo, sino reconstruirla. Contrariamente a lo que se dice, no creo que nuestras sociedades sean individualistas, no, nuestras sociedades son lamentablemente egoístas. Esto me hace pensar que al individuo como tal le queda mucho margen de existencia, que hay muchas cosas de él que no conocemos. Tenemos que hacer existir al individuo fuera de los valores del mercado. El individuo del stalinismo fue disuelto en la masa del colectivismo, el individuo del nazismo y del fascismo fue disuelto en la raza, el individuo del liberalismo fue disuelto en el egoísmo. El individuo liberal es un esclavo de sus pasiones y sus pulsiones. Debemos elevarnos de este camino sin salida liberal para recrear un individuo abierto al otro, capaz de realizarse totalmente. Hay textos filosóficos de Karl Marx que no soy muy conocidos y en los cuales Marx quería la realización total del individuo fuera de los circuitos mercantiles: en el amor, en la relación con los otros, en la amistad, en el arte. Poder crear lo máximo a partir de las disposiciones de cada uno. Tal vez habría que recuperar ese relato del Marx filósofo y olvidar el del Marx marxista.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Se cumplen 100 años de la primera publicación de Fernando González: Boletín Nº 105

http://www.otraparte.org/corporacion/boletin/20111222-bol-105.html
 
Boletín N° 105 - Diciembre 22 de 2011

Se cumplen 100 años de la primera
publicación de Fernando González

Fernando González
“Jugando ajedrez. Fernando debe estar cansadísimo
de jalarse el labio”. (Nota manuscrita en la fotografía).
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El 22 de diciembre de 1911, con tan sólo 16 años de edad y con el título “Notas I”, Fernando González publicó su primer artículo en “La Organización”, periódico liberal de Medellín. Según Faber Cuervo, cuyo artículo “La prehistoria de Fernando González” reproducimos en este boletín para celebrar el aniversario, “desde esta precoz publicación, González preanuncia, en una suerte de fatalismo intuitivo, su vida de ‘lucha hasta morir en el aislamiento’; su propio y arduo camino de batallas filosóficas incomprendidas; su existencia de lobo estepario; su inclinación al dolor, ya que ‘las inteligencias mediocres se encuentran mejor en el mundo, pues para ellas la vida es más liviana’”. Tres meses antes, el 20 de agosto, había sido expulsado por los jesuitas del colegio San Ignacio porque sus lecturas de autores prohibidos “han apagado en su entendimiento la luz de la fe y han secado en su corazón todo temor saludable”, según explicó el padre Rector a don Daniel González, padre del joven, y, entre otras razones, porque negó ante el padre Quirós, profesor de filosofía, el primer principio filosófico: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.
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Yo, señores, fui el niño más suramericano. Crecí con los jesuitas; fui encarnación de inhibiciones y embolias; no fui nadie; vivía de lo ajeno: vivía con los Reverendos Padres... De ahí que la protesta naciera en mí y que llegara a ser el predicador de la personalidad. Mi vida ha estado dedicada a devolverles a los Reverendos Padres lo que me echaron encima; he vivido desnudándome. Soy el predicador de la personalidad; por eso, necesario a Suramérica. Dios me salvó, pues lo primero que hice fue negarlo, donde los Reverendos Padres. Tan bueno es Dios, que me salvó, inspirándome que lo negara. Luego le negué todo al Padre Quirós. ¡El primer principio! Negué el primer principio filosófico, y el Padre me dijo: “Niegue a Dios; pero el primer principio tiene que aceptarlo, o lo echamos del Colegio...”. Yo negué a Dios y el primer principio, y desde ese día siento a Dios y me estoy librando de lo que han vivido los hombres. Desde entonces me encontré a mí mismo, el método emotivo, la teoría de la personalidad: cada uno viva su experiencia y consuma sus instintos. La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en auto-expresarnos.
Fernando González
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"El maestro de escuela" de Fernando González
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Notas

I
Lo perfecto, “en sí”, no existe, sólo existe con relación al hombre; así uno puede calificar de perfecta una obra, mientras que para otro, de superior inteligencia, no tendrá sino muy escaso mérito. No hay nada que choque tanto como ese empeño de algunos en hacer admirar ciertos libros porque a ellos les parecen sublimes. Existe una gradación inmensa en las inteligencias, y por consiguiente deben existir escritores que respondan a todas las necesidades. Los escritores malos son necesarios para hombres atrasados, de cultura rudimentaria. Sucede que cuando un pensador o artista se eleva demasiado, no es comprendido más que por algunas inteligencias excepcionales y privilegiadas que alcanzan más o menos la inteligencia del pensador o artista. Estos hombres nacieron en época anterior a la que les correspondía y vivieron en un medio que no era el suyo, y lucharon hasta morir en el aislamiento. Talvez por eso dijo Hegel: “No hay más que un hombre que me haya comprendido”; y creyendo eso exagerado corrigió: “y ni aun éste me ha comprendido”. El genio que es sabio como lo fue Spinoza aprende a esperar y guarda su dolor... Y si consideramos el artista cómico, que es superior a su público, y no es comprendido, ¿no resulta trágico y risible? Las inteligencias mediocres se encuentran mejor en el mundo, pues para ellas la vida es más liviana.
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La prehistoria de Fernando González

Por Faber Cuervo
Un jesuita suelto, orillas de La Ayurá
Un adolescente flaco, peludo, de mirada incisiva, recorría, de arriba abajo, las cuatro calles empedradas que tenía Envigado en el año 1912. Con frecuencia se le veía, solo, bajo la ceiba diagonal a la iglesia o en las mangas que circundaban el pequeño poblado. Pero, a partir de un día cualquiera del siguiente año, no se le volvió a ver en sus andanzas.
Aquel muchacho taciturno se había rapado la mitad de la cabeza para obligarse a permanecer dentro de su casa, y así poder armar su primer libro, paradójicamente llamado Pensamientos de un viejo. Cuando no escribía, se refugiaba en un rincón de su nido familiar y allí leía durante largas horas a Píndaro, Safo, Nietzsche y Spinoza.
Era un ser precozmente introspectivo. Cargaba, en sus haberes no tangibles, con ocho años de disciplina jesuítica: madrugones, estudio permanente, templanza y reflexión. Sin embargo, era, ya, un estudiante expulsado del colegio San Ignacio de Medellín, por haber negado el primer principio al padre Quiroz, su profesor de filosofía. Era, pues, un jesuita suelto en busca de un Dios interior. Para lograrlo, agregaba vivencias diferentes al estilo estoico de la orden, contraviniendo así, la debida fidelidad a las “cautelas” que proponía el padre Ladrón de Guevara.
A orillas de La Ayurá, lo volverían a ver, al poco tiempo —solitario siempre—, con la única compañía de los mangos y los guayabos que cerraban filas en torno a una corriente musical que surgía de las encrespadas aguas de la quebrada. Un halo misterioso rodeaba sus jornadas de meditación. Entre ese joven y la exuberante geografía se cuajaba una respetuosa armonía; eran como dos fluidos de entidades distintas que se cruzaban en sus límites y se amalgamaban en una sustancia común. Testigos de ello fueron la bella Sabina y sus 100 niños, quienes, desde la espesura, intuyeron esa alianza secreta. En esas correrías preliminares, se fue gestando su original mirada, despojada de filtros y prejuicios; tal vez fue allí donde empezó a labrarse esa mística advertencia que publicaría, veinte años después, en su revista Antioquia:
“No quedará otra voz que la nuestra, lejana y solitaria, orillas de La Ayurá”.
Ese rebelde del espíritu no tendría otro destino que el de ser incomprendido por una mayoría de paisanos que no se atrevían a traspasar más allá de sus ruanas y de sus sombreros, en el cultivo de su individualidad. A la postre, la búsqueda de sí mismo ha sido manjar, sólo para escogidos ermitaños; todos queremos reír o llorar, y sabido es que “el filósofo que entiende, ni ríe ni llora”.
Ese pensador suelto, a orillas de La Ayurá, tuvo que elaborar —él solo— su revista para poder crear filosofía viva, “ese arte sencillo de observar cautelosamente, agrupando hechos que luego se enuncian como proposiciones madres”. Debió encariñarse obstinadamente de los embates contra el gregarismo, para llegar a ser beato, es decir, aquel ser que disfruta intensamente de lo bello sin apropiarse de él, sin corromperse. Entonces, se desencantó del especial vaivén de los santos de palo y devino en religioso cósmico, para poder manifestar su propio estilo, para expresar, con amor profundo al prójimo, el inmenso dolor que le produjeron los sentidos y el presente.
Para no ser opinante
Los pensadores, no solamente, se labran en la soledad beata de sus retiros espirituales. Es verdad que ellos han necesitado conversar con los siglos, a través de la lectura esteparia de los testimonios impresos, pero, también han tenido que salir a husmear la realidad y a confrontar sus ideas con las de otros meditabundos, quienes abrigan, de modo similar, inquietudes vitales. Sus primeros aprendizajes han estado dirigidos, tanto por autores universales y perennes, como por otros, contemporáneos y, apenas, en la búsqueda de un sistema de pensamiento que los distancie de “Los Opinantes”, denominación que el filósofo Alberto Restrepo González hace de aquellos que hablan sólo por figurar. Sus primeros balbuceos han encontrado, muchas veces, un oído generoso que les hace eco, ya sea mediante el consejo sabio o el ofrecimiento de un pequeño espacio de expresión, para que empiecen a ensayar el vuelo abstracto.
Este es el caso de nuestro pensador de la autenticidad suramericana, Fernando González Ochoa, un envigadeño autoexpresivo, quien tuvo en su hermano mayor, Alfonso, a un atento oyente, a un comentarista y a un enlace con los editores. Valga recordar que Don Alfonso González Ochoa fue el padre del periodismo envigadeño, pues fundó Vox Populi, el primer periódico que conoció esta ciudad en el año 1912. Don Alfonso prologó y ayudó a su hermano en la publicación de algunas de sus obras filosófico-literarias.
A sus escasos 17 años de edad, y recién expulsado del Colegio de los Jesuitas en Medellín, González caminaba despacio las cuatro cuadras que tenía su pueblo natal. Se detenía en cualquier esquina, observaba y reflexionaba acerca de los rutinarios hechos domésticos, apoyado, no sólo, en la lectura de las obras de los más importantes poetas y filósofos griegos y latinos, en la visión escéptica de Federico Nietzsche y Arturo Schopenhauer, y en rudimentos de la Crítica de la Razón Práctica de Inmanuel Kant, sino en sus propias intuiciones dignas de un inconforme suramericano que anhelaba construir su propia cosmovisión. Es decir, ese muchacho menudo, de mirada penetrante, ya poseía un incipiente arsenal de conceptos que empezaban a fraguar su particular crítica al hombre suramericano, que gusta imitar al europeo en todo y que se avergüenza de su ascendencia indígena y negra. En su mente empezaba a agitarse una palabra nueva para el Nuevo Mundo que la requería para empezar su liberación mental, su ascenso lento y tortuoso hacia la autodeterminación y concienciación. Dicha palabra nueva no daba tregua en el discurso negativo que daba vueltas en la cabeza del joven pensador; la sentía como un mensaje represado que debía compartir con sus paisanos, quienes asistían metidos entre ruanas y sombreros a la majestuosa Iglesia de Santa Gertrudis para escuchar los dogmas, bien intencionados, del párroco Jesús María Mejía.
Bajo este primer impulso creador, y gracias al apoyo que le brindó su hermano mayor, empezó a publicar algunos ensayos en el periódico local Vox Populi. Estos ensayos serían la prolongación y profundización de otros que había publicado un año antes (desde el 22 de diciembre de 1911) en el periódico La Organización de Medellín, con el título Notas. Eran, estos, unos ensayos breves, acerca de la meditación filosófica, el escepticismo, la alegría, la verdad, la perfección y las inteligencias mediocres, en los cuales aparece claramente, una admiración hacia las obras de Nietzsche y de Spinoza.
Aparición pública
En honor al rigor histórico, la primera oportunidad para publicar que tuvo el maestro Fernando González, se la ofrecieron don Libardo López y don Roberto Botero, directores de La Organización, un periódico liberal de Medellín, el cual publicaba artículos de los ensayistas Baldomero Sanín Cano y Luis López de Mesa, del botánico Joaquín Antonio Uribe, del cuentista Alfonso Castro y del poeta Luis Carlos López. En este periódico apareció el primer escrito público de nuestro pensador de la americanidad, fechado el día viernes 22 de diciembre de 1911 con el título Notas I (González contaba 16 años de edad), donde discurre sobre la gradación de las inteligencias. Desde esta precoz publicación, González preanuncia, en una suerte de fatalismo intuitivo, su vida de “lucha hasta morir en el aislamiento”; su propio y arduo camino de batallas filosóficas incomprendidas; su existencia de lobo estepario; su inclinación al dolor, ya que “las inteligencias mediocres se encuentran mejor en el mundo, pues para ellas la vida es más liviana”.
Se perfiló desde esa adolescencia rebelde y solitaria, su vocación inclaudicable: pensar (“lo único que me gusta hacer es pensar, por ahí debajo de los árboles”, dijo varias veces). La coherencia, unidad y claridad de ese primer texto, revela la solidez de un proyecto de personalidad que tuvo González desde muy temprana edad. Para tener una mejor valoración de esta primera incursión pública de nuestro pensador, leamos directamente su ensayo y saquemos nuestras conclusiones.
Notas I. Lo perfecto, “en sí”, no existe, sólo existe con relación al hombre; así uno puede calificar de perfecta una obra, mientras que para otro, de superior inteligencia, no tendrá sino muy escaso mérito. No hay nada que choque tanto como ese empeño de algunos en hacer admirar ciertos libros porque a ellos les parecen sublimes. Existe una gradación inmensa en las inteligencias, y por consiguiente deben existir escritores que respondan a todas las necesidades. Los escritores malos son necesarios para hombres atrasados, de cultura rudimentaria. Sucede que cuando un pensador o artista se eleva demasiado, no es comprendido más que por algunas inteligencias excepcionales y privilegiadas que alcanzan más o menos la inteligencia del pensador o artista. Estos hombres nacieron en época anterior a la que les correspondía y vivieron en un medio que no era el suyo, y lucharon hasta morir en el aislamiento. Talvez por eso dijo Hegel: “No hay más que un hombre que me haya comprendido”; y creyendo eso exagerado corrigió: “y ni aun éste me ha comprendido”. El genio que es sabio como lo fue Spinoza aprende a esperar y guarda su dolor... Y si consideramos el artista cómico, que es superior a su público, y no es comprendido, ¿no resulta trágico y risible? Las inteligencias mediocres se encuentran mejor en el mundo, pues para ellas la vida es más liviana. (Fernando González. En: La Organización, N° 743, Medellín, diciembre 22 de 1911).
Se puede discrepar de la “elevada” estimación que el adolescente González tenía del encumbrado Hegel. Es innegable el inmenso aporte que el teutón hizo al desarrollo del pensamiento occidental y su posición prominente en la filosofía clásica alemana; sin embargo, fue, también, según William Ospina (“Los nuevos centros de la esfera”), el “trompetero mayor de la ideología purificadora —antimestizaje— y discriminatoria de la raza blanca eurocentrista”, negador de la capacidad y valía cultural de las etnias negra e india.
González, también, intuyó una existencia plena de vicisitudes espirituales; de esto dará testimonio el poeta nadaísta Gonzalo Arango, en su bello poema “Medellín a solas contigo”, cuando dice: “Medellín, te debo gratitud, porque esa tu manera de parir ‘monstruos’ me regaló un santo que fue mi maestro Fernando González. Te vuelvo a bendecir por él, a quien tanto hiciste sufrir, y tanto te amó”. Dando por sentado que González no se incluía en esa pléyade de hombres de inteligencias privilegiadas, a los cuales se refiere en su texto, no es lejana ni ajena a su expectativa existencial el que haya escrito: “Estos hombres nacieron en época anterior a la que les correspondía y vivieron en un medio que no era el suyo”.
Sus primeras intuiciones o ideas madre
¿Qué diría Fernando González acerca de tanta simulación de pensamiento, o mejor, acerca de la trivialización de las actuales filosofías de moda, expresión del tedio europeo y norteamericano? No hay necesidad de especular para contestar ese interrogante. Basta con remitirse a otro de sus primeros escritos, que bajo el título Notas publicó en 1912, en “La Organización” de Medellín:
El escepticismo es muchas veces, resultado de detenido examen y meditación; por eso es menester no mirar con mucha atención a las personas y cosas que amamos. “El alma necesita vivir de alguna cosa”, y para eso hay que engullir algunas supuestas verdades sin paladearlas mucho. Pero, entonces, objetará alguno, el examen nos va arrebatando las ilusiones de la vida. Sí, y muchas otras cosas... El sabio no tiene esa alegría vulgar que es la fórmula de la superficialidad; quizá por eso las mujeres y los niños son tan alegres. La mirada del hombre que ha examinado detenidamente esa mirada que no se admira, nos revela que a él, después de tocar con el martillo a los ídolos, le sonaron a hueco, como le aconteció al psicólogo alemán (...) (La Organización, N° 882, Medellín, noviembre 22 de 1912).
Que González “vivía a la enemiga”, no hay duda. Esa sería su digna constante, pues “nuestros copartidarios no están en los papeles que hoy se publican en Colombia, ni entre los gobernantes, sino en vientres vírgenes aún. (...) Solitarios, jamás copartidarios”. (Revista Antioquia, p.p.: 40-41). Prácticamente, toda la obra adulta del envigadeño es una extensión y profundización de las primeras intuiciones e Ideas Madre que tuvo durante su niñez y adolescencia: “Yo negué a Dios y el primer principio, y desde ese día siento a Dios y me estoy librando de lo que han vivido los hombres. (...) Desde entonces me encontré a mí mismo, el método emotivo, la teoría de la personalidad: cada uno viva su experiencia y consuma sus instintos. La verdadera obra está en vivir nuestra vida, en manifestarnos, en autoexpresarnos” (Los negroides).
El filósofo Alberto Restrepo González argumenta que “en este período de su mocedad, tiene lugar el hecho más decisivo de su juventud y de toda su vida, que orientará toda su tarea, toda su búsqueda por la plena realización viva de la cultura y de la fe: la crisis de la verdad del primer principio”. (Testigos de mi pueblo. Colección autores antioqueños, 1995). Devela, además, aquél: “Al contacto con el pensamiento europeo, no se produjo en Fernando González el fenómeno propio del Opinante americano: transculturar, imitar, memorizar; al contrario, vio en esa realidad europea la confirmación de su vocación nativa de anunciador de la posibilidad de la autenticidad cultural latinoamericana” (Alberto Restrepo. Obra citada, p. 404).
González fue, indudablemente, precursor de una altiva actitud americana: la de pararse frente al mundo real que le tocó vivir. No le dio la espalda a las breñas y selvas de este trópico exuberante; al contrario, se sumergió en éste, y vivió su propio proyecto de vida, de mestizo que libra una lucha de desenredo personal. Contrasta este ejemplo de existencia individual, con la realidad que aún vivimos en América Latina, donde no hemos podido —ni deseado con pasión— vivir nuestras propias vidas y proyecto histórico continental. Seguimos siendo esclavos del pensamiento prestado, y peor, depositarios de la instrumentación positivista y utilitarista anglosajona; sobreviviendo en un contexto de economías marginales, especulativas, pordioseras, rústica despensa complementaria de las economías de los países desarrollados; todo esto exacerbado gracias a los efectos de una generosa globalización, planeada y dirigida, precisamente desde “invisibles” centros de poder.
La búsqueda de modelos
El 9 de noviembre de 1912, González empezó a publicar en Vox Populi (el primer periódico que tuvo Envigado), una columna titulada “De otros siglos”, en la cual describía y comentaba el perfil biográfico de algunos poetas y filósofos. En su primer artículo escribe sobre Safo, la poetisa griega (620–565 a.d.C.). Afirma que muy poco se sabe de ella, debido a la cantidad de fábulas y leyendas que los poetas cómicos griegos acumularon, en razón de su fama. Dice González que, probablemente, le aplicaron historias ocurridas a otras personas, como la que le ocurrió a Calycé, una joven anterior a Safo, quien se arrojó por el promontorio de Léucades, al no poder conquistar el amor de Phaon, joven barquero de Lesbos. El envigadeño cita fragmentos de la Oda a Afrodita y Oda a una mujer amada, y argumenta que el sentido de estos versos ha servido de fundamento para acusar, destructivamente, a Safo por sus “costumbres depravadas”. Podemos encontrar aquí, ya, ese afán que siempre caracterizó a González, por esculcar la verdad, por “no tragar entero”, por rumiar las premisas y configurar su propia interpretación.
Safo fue la primera representante significativa de la poesía lírica griega. Su cultura, inteligencia y ambición, hicieron que ella presagiara su inmortalidad. Nóside, otra importante poetisa griega, le escribió versos emotivos; Horacio le dedicó vibrantes odas; Baudelaire tuvo que presenciar la mutilación de su obra Las flores del mal y la reprobación de su poema “Lesbos”, porque en él Safo se eternizaba, venciendo la muerte. Safo fue una mujer muy sensible; escribió epigramas, epitalamios y odas, donde el tema predominante es el amor a los hombres y en especial a las mujeres. Una tradición conservadora —esa misma que criticó González— ha pretendido demeritar la obra de la poetisa, apoyándose en su homosexualidad y en su suicidio. Para Safo, el amor consiste en la fruición de un placer trascendental que deleita el espíritu y los sentidos, un frenesí erótico que la hace gozar y sufrir, producido por la belleza de sus amigas y por el encanto de la naturaleza. El amor como lo más bello y preciado en la concepción de Safo, es elevado a la categoría de sentimiento universal e irresistible que puede llevar a una mujer prudente como Helena a abandonarlo todo, y a la misma Safo a lanzarse al mar Egeo por el rechazo que sufrió, supuestamente, de un joven pescador.
En un segundo artículo publicado el 23 de noviembre de 1912, González aporta los datos biográficos esenciales de Píndaro, el máximo poeta griego (518–438 a.d.C.); destaca las bruscas transiciones (dulzura y aspereza) de su estilo, y coincide con el crítico Macaulay en que en Horacio eran imitaciones, mientras que en Píndaro eran una necesidad. El filósofo termina su ensayo biográfico así:
Los griegos refieren que un día estaba dormido Píndaro en un jardín lleno de flores, y un enjambre de abejas vino a hacer la miel en sus labios. Esto se puede traducir del siguiente modo. Obra de amor es la obra del poeta. El poeta debe tener la dulzura que prestan los besos de una boca amada: debe servir de panacea en los días de tristuras.
Podemos advertir aquí, que González, antes de ser filósofo fue un admirador de la belleza del lenguaje, quien valoraba con juicio las invenciones de los grandes poetas de la antigüedad. González... ¿filósofo de la estética? El ensayo sobre Píndaro: ¿Germen de la construcción de El Hermafrodita dormido? Píndaro se consagró a la glorificación de los dioses de Hesíodo y Homero, cantó a los cultos tradicionales y a las Olímpicas, a través de himnos, peanes, ditirambos, prosodias, escolias y Threnos. Antes de ser célebre, fue derrotado en cinco sucesivos concursos de poesía, en Tebas, por Corina, otra excelente poetisa griega, su maestra. Los dioses concedieron a Píndaro lo que él les había pedido: la mayor felicidad posible, la muerte “vencido por el sueño”.
Encuentro con un Maestro
Un tercer ensayo, esta vez sobre Sócrates (470-399 a.d.C.), aparece publicado el 10 de diciembre de 1912. González exalta allí el método de enseñanza predilecto del ateniense: la mayéutica o conversación dirigida. Pero, veamos, antes, cómo lo presenta:
La filosofía, es decir, el examen de la razón y valor de las cosas, nos despoja de las ilusiones de la vida. (...) Kant inventó con seriedad verdaderamente alemana, la razón práctica que debía evitarle el escepticismo. Pero la razón práctica no pudo tampoco evitarle el infierno del no creer en nada. Nietzsche, menos compasivo, o mejor dicho, más fuerte, bebió e hizo apurar a los demás un veneno que lleva a la desesperación y a un pesimismo más horrible que el hosco de Schopenhauer. Cuando una sociedad viene, mediante el examen, a este punto, necesariamente aparece un hombre menos resistente al dolor. Pues bien, Grecia estaba ya en tiempo de la guerra del Peloponeso, al borde de este abismo, y entonces, apareció Sócrates, el hombre compasivo, el hombre que tenía todas las malas pasiones, pero que había logrado dominarlas.
Explica González, a continuación, que a Sócrates se le encontraba donde hubiese reunión disputando con los sofistas, a quienes aniquilaba con su dialéctica. Argumenta que estos últimos y los demócratas lo odiaban, pues lo consideraban un conspirador. Recordemos que Sócrates hacía preguntas que resultaban incómodas para el sistema político griego (esclavismo democrático); conducía a la gente a que pensara por sí misma, para que fuera sana de la mente, pues la filosofía era ya para ese tiempo la medicina del alma; la filosofía como parenética (que orienta) y protréptica (que exhorta), hacía preguntarse siempre: ¿y esto (lo que hago o aprendo), qué sentido tiene para mi vida? No es que la filosofía sea algo parecido a la salud, sino que es la salud misma. Pero, sucedió que, en Occidente, la filosofía dejó de ser medicina; la terapia dialógica que produce el filosofar se fue diluyendo con la expansión del positivismo y la racionalidad científico-instrumental. La filosofía se volvió, entonces, “actividad de ociosos o improductivos”, y ¡ah decepción!, para un padre, cuando recibía la noticia de que su hijo o hija quería estudiar esa disciplina. Con el triunfo del totalitarismo del lucro, se convirtió en idealismo inútil el testamento del estoico Séneca (4 a.d.C.-65 d.C.):
Lo primero que promete la filosofía es el sentido común, la humanidad, la sociabilidad; y de esta profesión nos alejará todo radicalismo... Es de saber que nuestro propósito es vivir según la naturaleza; y va contra la naturaleza violentar el cuerpo, odiar el sencillo aseo..., la filosofía exige frugalidad, no penalidad...
Complementemos, interpretando a Nietzsche: lo importante de la filosofía no es enseñar a discutir sino enseñar a vivir, a torear los mensajes tecnocráticos y deshumanizantes de la modernidad occidental. La filosofía que repite platonismos, juegos de palabras y discursos al servicio de tal o cual, es retórica o filosofía mercenaria. Los imperativos categóricos van contra la condición humana, pues cada circunstancia requiere una moral y cada persona elige autónomamente su virtud; a nadie le gusta que le digan cómo debe proceder.
En el ensayo que, sobre Sócrates, escribió González, tal vez esté el estímulo que hizo madurar su inclinación a hacerse acompañar de un interlocutor-caminante, como una forma de afilar sus pensamientos; también, los orígenes de su obra Viaje a pie, unas reflexiones a través de una correría por varios pueblos. La mayéutica, las preguntas sucesivas o el “arte de la comadrona” están presentes en la obra de González. También, la ironía socrática y los alegatos contra las afirmaciones dogmáticas. Tan significativa fue la influencia de Sócrates en el pensamiento de González, que éste revelaría posteriormente en el “Ensayo acerca de la supervivencia del yo”: “Sócrates y Jesús son la fuente de mi religiosidad; me aferro a ellos para conservar la esperanza de no ser borrado como individuo del libro de la vida” (Revista Antioquia, N° 6, 1936).
Una Tesis
Una tesis fue el trabajo con el cual el filósofo de Envigado se graduó, en 1919, como doctor en Derecho y Ciencias Políticas en la Escuela de Derecho de la Universidad de Antioquia. Esta obra, también de temprana juventud, es una muestra de atrevimiento en el ejercicio de pensar desde nuestro mediodía americano, sin filtros gnoseológicos impuestos por “autoridades académicas” o por juegos de verdad y poder, extensiones estos de ideologías dominantes coyunturales.
Desde el título, su trabajo de grado está provocando al lector: Una tesis o El derecho a no obedecer. González no hace de su tesis una “casa de citas”, como dice el profesor Gonzalo Soto, es decir, una lista enorme de pies de página con nombres de autores y de libros que terminan quitándole identidad a un escrito y, más bien, hablan de lo que otros pensaron, no de lo que el autor de la tesis piensa. Esta sola característica de Una tesis ya es un aporte al medio intelectual criollo, que en su época hacía gala de un fastidioso afrancesamiento y sajonamiento. Los trabajos de grado valían según la cantidad de citas que se hicieran de autores famosos, o según el estilo retórico y ampuloso grecolatino. La falta de carácter que ha predominado en la academia colombiana, ratificada por cortes de opinantes aculturados, es objeto en Una tesis, de una tácita y demoledora crítica. González las emprende contra los que aceptan sin rigor alguno y sin digestión cerebral, teorías de moda introducidas por “élites intelectuales”.
El joven graduando despliega en esa época de “calma chicha” un discurso personal que despierta recelo en las gramáticas jurídico políticas de la Escuela de Derecho. Los académicos vetan el nombre original del trabajo (El derecho a no obedecer), y González, quien no se iba por las ramas, decide titularla simplemente Una tesis. Se manifiesta como un pensador independiente que se atreve, con criterio propio, a lanzar su teoría de que “En Colombia no ha regido la ley de la proporcionalidad de las actividades”, con el argumento principal de que “en Colombia hay muchos doctores, muchos poetas, muchas escuelas y poca agricultura y pocos caminos” (Una tesis. Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, tercera edición, 1995). Una tesis no descubre el agua tibia ni propagandiza ideas oficiales; propone un análisis nuevo partiendo de la realidad. Allí se puede ver, en miniatura, lo que sería su permanente contacto con los hechos cotidianos, con las esencias fenoménicas, pues las formas se las dejaba a los opinantes. Mejor que como lo dijo el pensador Alberto Aguirre es difícil expresarlo:
González fue siempre alguien que no se dejó encasillar por el concepto. Al tiempo que buscaba el mundo, se buscaba en el mundo. Buscaba el ser. (...) Como vivió atisbando el mundo, con la curiosidad de un animal o de un niño, sus conceptos están preñados de realidad. Como untados del barro vital. (...) El pensamiento de Fernando González va adherido a la realidad. El concepto deriva de la realidad, no de otro concepto. (...) Aplicando el oído a la realidad, sin pedantería —sin la pedantería de los conceptos—, logró hacer una sociología de Colombia. Que la visión crítica de una realidad ha de surgir de ésta y no de las teorías. (...) La filosofía brota de la vida y no de los infolios casposos (Revista Antioquia. Introducción. Medellín, Editorial universidad de Antioquia, 1997).
El atrevimiento, la independencia, el carácter, el apartarse de los “juegos de poder y de verdad”, la ironía, su comunión con la esencia histórica, son características de la obra adulta y madura de Fernando González, las cuales ya están presentes en sus escritos de adolescencia y temprana juventud, es decir, en su prehistoria de escritor y pensador. Desde allí, se puede columbrar al filósofo de la inconformidad, al retratista con escalpelo de una fingida sociedad; pero, en especial, al admirador de la belleza y del poder develador —no encubridor— de la palabra. No en vano, llegaría a convertirse en un hondo narrador y ensayista, cuyo pensamiento influiría y sigue influyendo en importantes figuras de la literatura y de la intelectualidad colombiana.
Fuente:
Cuervo, Faber. La frágil tolerancia de Occidente. Grafiformas Ltda., Itagüí, primera edición, abril de 2003, p.p. 77 - 85.

"La renuncia de un profesor": Iván Garzón V., en El Mundo de Medellín

http://www.elmundo.com/portal/opinion/columnistas/la_renuncia_de_un_profesor.php
"La renuncia de un Profesor

Autor: Iván Garzón Vallejo
22 de Diciembre de 2011



Un sano debate público ha suscitado la carta del profesor Camilo Jiménez renunciando a su cátedra de Comunicación Social en la Universidad Javeriana.

Un sano debate público ha suscitado la carta del profesor Camilo Jiménez renunciando a su cátedra de Comunicación Social en la Universidad Javeriana. Si lo he entendido bien, creo que pretende llamar la atención sobre el bajo nivel académico promedio que exhiben personas privilegiadas socialmente y que no se toman en serio la vida universitaria, entretenidos como están con artefactos tecnológicos. Sé que muchos profesores del país y del exterior suscribirían un reclamo semejante. Yo sólo añadiría que, quienes decimos profesar un saber –eso significa ser profesor– no echamos de menos capacidades o talentos en los estudiantes, sino curiosidad intelectual, ganas de saber, compromiso con el conocimiento, y no sólo obsesión con una nota que, a fin de cuentas, es tan sólo un eslabón en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Esta ausencia de curiosidad intelectual y de ganas de saber explica que muchas universidades parezcan clubes sociales, en las que imperan lógicas extra-académicas como el amiguismo, la conveniencia y la mutua complacencia.

Los estudiantes no son los únicos responsables de esta situación: los profesores también lo somos. Y si el reclamo de Jiménez se centra en que muchos estudiantes no saben escribir y no les gusta leer, este mismo diagnóstico se podría hacer de muchos profesores que parecerían haber encontrado en la vida universitaria un lugar donde esquivar el competitivo mundo profesional. No obstante, no parece productivo asumir esta discusión en forma gremial (estudiantes versus profesores) y repartiendo culpas (mal desempeño versus esnobismo), pues la calidad de la vida universitaria es una responsabilidad de unos y otros.

La universidad es una institución que tiene una enorme responsabilidad social: formar los cuadros dirigentes de una sociedad. Si esto es así, si asumimos que la universidad no es un mero peldaño en la escalera de la movilidad social –para los estudiantes– o un oficio más o menos sosegado –para los profesores–, esta sólo podrá cumplir su función a cabalidad en la medida que unos y otros se comprometan seriamente con la excelencia. Afirmar esto en un país plagado de chambonería, corrupción y rezagado en los estándares educativos internacionales parece un lugar común. Pero aún no lo es.

La educación universitaria de excelencia tiene varios enemigos. Uno es cultural, el arribismo: las universidades, sobre todo las privadas, están llenas de estudiantes (y profesores, ya lo dije) que están en el lugar equivocado. Por falta de vocación para una carrera, por falta de capacidades, o por simple desinterés. Muchas familias de clase media y alta consideran un deshonor que sus hijos no cursen una carrera universitaria. Es un asunto de estatus, que genera una inercia social en la que el estudiante quizás no se pregunta con honestidad si está dispuesto a invertir todo lo que aquella requiere.

Otro es el pacto tácito de mediocridad entre profesores y estudiantes que un colega definía como “yo te exijo poco, luego, tú me exiges poco también”. “El profe” popular es el que dice (o piensa) el primer día de clase “por la nota no se preocupen”. Como estudiante, siempre vi en ello una auto-confesión de mediocridad, una especie de proclama de “tome lo que quiera”: a mí me da igual. Pero también, los estudiantes asumen lo que Wiesenfeld define como la actitud del “consumidor descontento”. Por eso, “si no les gusta la nota que reciben, se dirigen hacia el mostrador de ‘devoluciones’ para intentar cambiarla por otra mejor”. Allí se renueva el pacto tácito de mediocridad. Y todos contentos. Pues en eso sí estamos en los primeros lugares del mundo".

"¿Policías y ladrones en el aula?": Jorge Alberto Velásezquez, en El Mundo de Medellín

http://www.elmundo.com/portal/opinion/columnistas/policias_y_ladrones_en_el_aula.php


"¿Policías y ladrones en el aula?


Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
22 de Diciembre de 2011



Antes se decía que el alumno era para el profesor lo mismo que la arcilla para el orfebre y el artista: un dócil material para dar forma, pulir y entregar a la sociedad como una obra de arte.

Antes se decía que el alumno era para el profesor lo mismo que la arcilla para el orfebre y el artista: un dócil material para dar forma, pulir y entregar a la sociedad como una obra de arte. Hoy esa afirmación queda fuera de contexto, porque desconoce la identidad del sujeto que aprende, su autonomía y su propia capacidad de expresión. Pero así como no puede decirse que el alumno que llega a la institución educativa sea un pedazo de barro para moldear, la relación educativa tampoco puede reducirse a un asunto de buenos y malos, según la visión de quien juzgue.

Sorprende que el tema preferido de muchos profesores sea el de hablar mal de sus estudiantes y, al hacerlo, el de trasladar las responsabilidades por las carencias y vacíos al nivel inferior de la escala educativa: la universidad critica los vacíos del bachillerato, la secundaria se queja de la primaria y la primaria, seguramente, se queja de la familia, porque parece haber abdicado de su misión formadora y educativa por la de simple proveedora de bienes materiales.

No se trata de forzar la cadena para esperar que se rompa por su punto más débil, sino de analizar el sistema educativo en su conjunto, para replantear su papel en la sociedad y redefinir sus responsabilidades. No se trata solo de dar preferencia a la cantidad (todos los gobiernos hablan de cobertura) sino de reforzar los estándares de calidad a la luz de la realidad y de las necesidades colombianas en relación con la época y con las demandas sociales. Y esta revisión debe partir de un punto preciso: que todos los actores del proceso educativo tengan un alto sentido de autocrítica.   

Antes de seguir alimentando el juego de policías y ladrones en el aula de clase, el sector educativo debe recuperar su capacidad de autocrítica y ponerse cada quien en su sitio: los estudiantes deben reconocer que no van al colegio o a la universidad por un título, sino a aprender; los profesores también deben comprender que no se las saben todas, que su responsabilidad es la formación de los alumnos que les entrega la sociedad, vengan bien o mal preparados del ciclo anterior, y que la autoridad emana del conocimiento. A su vez, la sociedad y las instituciones educativas deben valorar más a los profesores, entender que la competitividad no está en las horas de clase a cargo sino en la calidad del proceso pedagógico, que requiere de mucha investigación, teniendo en cuenta que cada hora que se comparte en el salón de clase tiene el sustento de muchas horas de preparación y de otras tantas de evaluación.

Hoy el proceso de formación y aprendizaje se mira más como una relación dialéctica en la que estudiante y profesor aportan y ambos ganan. No es una simple transmisión de conocimientos acumulados, sino una recreación del conocimiento, articulado por la deliberación y la sana crítica.

Esta precisión es necesaria para situar el debate sobre el proceso de formación de los nuevos profesionales colombianos en sus justas dimensiones, que se aparta mucho de ser un simple juego de buenos y malos, como se ha querido presentar durante estos días.

Fenómenos como la globalización y los cambios sociales, económicos, culturales y tecnológicos que vive el mundo de hoy, hacen mayores las exigencias en la formación de los profesionales de todas las áreas del conocimiento. La mayor responsabilidad en el cumplimiento de esta exigencia recae sobre el sistema educativo formal o institucional, que tiene la misión de formar a los estudiantes en competencias básicas, ciudadanas y laborales, tanto generales como específicas, para que puedan alcanzar los niveles esperados de desarrollo personal y social, sean ciudadanos activos, críticos y responsables y se desempeñen con éxito en el sector productivo o de servicios".